Popayán carga sobre sus calles blancas una historia escrita por los terremotos. Desde 1566, cuando se documentó el primer movimiento telúrico que sacudió la capital caucana, la tierra no ha dejado de recordarle a esta ciudad que fue levantada sobre una de las zonas de mayor amenaza sísmica del continente.

 - Cinco siglos de terremotos pesan sobre PopayánFoto: Proclama del Pacífico

Según registros del Servicio Geológico Colombiano y estudios académicos de la Universidad del Cauca, al menos 25 sismos significativos han golpeado a Popayán en los últimos cuatro siglos y medio, todos con epicentros a menos de 400 kilómetros de distancia. La causa principal es la cercanía al sistema de fallas de Romeral, una fractura geológica activa que atraviesa el suroccidente colombiano y que ha sido responsable de los episodios más destructivos.

Los terremotos que marcaron a la Ciudad Blanca

El registro más antiguo data de 1566, con un sismo estimado en magnitud 5 que dejó constancia de la vulnerabilidad del asentamiento colonial apenas tres décadas después de su fundación por Sebastián de Belalcázar.

En 1736, otro evento de intensidad aproximada 6 causó estragos en las construcciones de la época, aunque las crónicas de entonces ofrecen apenas fragmentos de lo ocurrido.

El 16 de noviembre de 1827, un terremoto de grandes proporciones destruyó la mayor parte de la ciudad. El viajero francés Jean Baptiste Boussingault, testigo directo, dejó un relato estremecedor en el que describió cómo su casa se despedazó mientras escribía y la tierra continuó temblando durante tres minutos más. Al día siguiente, una réplica casi igual de violenta terminó de derribar las pocas estructuras que permanecían en pie. Según el sacerdote jesuita Jesús Emilio Ramírez González, autor de La Historia de los Terremotos en Colombia (1975), este fue uno de los sismos más importantes en la historia del país, con efectos percibidos desde Pasto hasta Tunja.

El 31 de enero de 1906, el gran terremoto de subducción frente a las costas de Tumaco —catalogado entre los diez más potentes jamás registrados en el mundo, con magnitud 8,8— también dejó sentir sus efectos en Popayán, aunque la devastación mayor se concentró en el litoral Pacífico.

El 9 de febrero de 1967, sesenta y un años después, un nuevo sismo destruyó parcialmente edificaciones del sector histórico, con daños severos en la iglesia de Belén, que debió ser restaurada por completo.

1983, el terremoto que lo cambió todo

Pero ningún evento sísmico marcó a Popayán como el del 31 de marzo de 1983. Eran las 8:12 de la mañana de un Jueves Santo. Cientos de feligreses se preparaban para las procesiones de Semana Santa —las más ceremoniosas de Colombia y entre las de mayor tradición en América Latina— cuando la tierra se sacudió con furia durante 18 segundos.

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El sismo alcanzó magnitud 5,6 con una profundidad de apenas 15 kilómetros, lo que multiplicó su poder destructivo pese a no ser un terremoto de gran magnitud en términos absolutos. Su epicentro se ubicó a 19,7 kilómetros de la ciudad, asociado al sistema de fallas de Romeral.

Las cifras fueron devastadoras: 250 personas perdieron la vida en el departamento del Cauca, 200 de ellas en el casco urbano de Popayán. Cincuenta murieron bajo los escombros de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción. Los heridos sumaron 1.500. En total, 4.964 construcciones quedaron destruidas y 13.796 viviendas sufrieron daños graves. Las tuberías de agua potable se rompieron, lo que dejó a la población sin suministro durante días y desató una emergencia sanitaria.

El terremoto de Popayán tuvo una consecuencia que trascendió la tragedia: obligó a Colombia a replantear la forma en que construía. En junio de 1984, el Gobierno expidió el primer Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes, una normativa que cambió para siempre la ingeniería civil del país.

La tierra siguió temblando

Once años después, el 6 de junio de 1994, un terremoto de magnitud 6,4 con epicentro en el municipio de Páez, al oriente del departamento del Cauca, provocó avalanchas sobre el río Páez que sepultaron comunidades enteras. Las cifras de muertos oscilaron entre 800 y 1.100 personas, la mayoría habitantes indígenas de los asentamientos ribereños.

Una ciudad que no puede olvidar

Los datos actuales confirman que la amenaza no ha disminuido. Según el portal especializado Volcano Discovery, en las cercanías de Popayán se registran en promedio 264 sismos al año de todas las magnitudes. Un terremoto de magnitud 5 o superior ocurre estadísticamente cada 6,4 años, y uno de magnitud 6 o más se presenta cada 62,5 años en promedio.

La historia sísmica de Popayán es, en buena medida, la historia de su resistencia. Cada terremoto destruyó parte de lo construido, pero también dejó lecciones que el país tardó en aprender. Hoy, cuando la tierra vuelve a moverse bajo los pies de los colombianos, la memoria de la Ciudad Blanca permanece como un recordatorio urgente: en el suroccidente colombiano, prepararse no es una opción, es una necesidad.

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Por Proclama del Pacífico

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