Caso Maduro, la muestra de la doble moral en la guerra antidrogas

"Recuerden: los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses"

Por: Leandro Felipe Solarte Nates
abril 09, 2020
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Caso Maduro, la muestra de la doble moral en la guerra antidrogas

Sin pretender justificar la pésima gestión y el régimen dictatorial de Nicolás Maduro y la camarilla que lo acompaña al arruinar su país y desencadenar el éxodo de millones de ciudadanos, y conociendo la manipulación con intereses geopolíticos y económicos que históricamente han hecho varios presidentes norteamericanos, la CIA y la DEA, de la lucha interna y externa contra las drogas iniciada por Nixon, la formulación de cargos por narcotráfico y las millonarias recompensas ofrecidas por Maduro y sus inmediatos colaboradores es una reafirmación de esta política por parte de Donald Trump, esgrimida cuando le conviene y en el momento más inesperado: con el planeta confinado por la amenaza del coronavirus, los Estados Unidos registran el mayor número de contagiados y víctimas y la reelección presidencial está en juego.

La ofensiva contra Maduro y el régimen venezolano presenta coincidencias con la emprendida en 1989 contra el general y dictador panameño Noriega, por el gobierno de Bush padre, cuando lanzó la invasión de Panamá, con un saldo de más de 3.000 muertos, la mayoría civiles, el mismo año que los Estados Unidos debían entregar a los panameños la administración del canal y con el pretexto de capturar a ‘Care Piña’, por cargos de narcotráfico, a quien años antes había reclutado como su agente, cuando Bush dirigió la CIA y misteriosamente murió en ‘accidente’ aéreo, el incómodo general nacionalista y presidente Torrijos.

Años antes, a comienzos de los 80, en el gobierno de Reagan, el doble juego y moral del establecimiento norteamericano se había manifestado en el llamado caso Irán-Contras, develado por la prensa, cuando el coronel norteamericano Oliver North se encargó de supervisar el envío de un cargamento de cocaína para con su venta financiar la compra de armas en Irán para armar a los Contras de Nicaragua que luchaban contra los sandinistas que acababan de derrocar al dictador Anastasio Somoza, cuya dinastía patrocinada por los Estados Unidos gobernó durante más de 40 años.

Pero en tiempos de la guerra fría, los norteamericanos también se beneficiaron del tráfico de heroína, al permitir que con su venta se financiaran las nacientes guerrillas de musulmanes cuando la Unión Soviética invadió a Afganistán y entre los muhaydines reclutados por la CIA estaba nada menos que el joven Osama Bin Laden, el mismo que años después, cuando los norteamericanos lo traicionaron, organizó el grupo Al Qadea, y el atentado a las torres gemelas, que a Bush hijo le dio pretexto para inaugurar la “guerra internacional contra el terrorismo”, la cual le cayó como anillo al dedo al gobierno Uribe para incluir a las Farc y al ELN como “narco-terroristas” y negar la existencia del conflicto armado, como excusa para boicotear un proceso de paz que se atrevió a desarrollarlo Santos con las Farc, cuando dejó de ser subpresidente en su segundo período.

Gracias a la enorme capacidad técnica y logística de las agencias de seguridad y de espionaje del gobierno norteamericano, le conocen el prontuario a muchos e importantes políticos del continente y a sus familiares, también involucrados en el envío de toneladas de cocaína a Estados Unidos y otros países. Colombia no es la excepción y aliados del gobierno actual, además del recién ‘renunciado’ embajador en Uruguay, hay importantes dirigentes políticos a los que les tienen guardado su expediente (¿será el 82?) para removérselos cuando las circunstancias de la economía y la geopolítica requieran llamarlos a juicio en la “Guerra contra el narcoterrorismo”.

Por ahora, con Bolsonaro y otros por el estilo son los socios de conveniencia y adalides de la ultraderecha neoliberal que en varios países busca perpetuarse en el poder. Recuerden: los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses.

Colombia, asediada por el coronavirus, con su agenda de sometimiento a la política exterior norteamericana, pone en gran riesgo de muerte y ruina, a miles de compatriotas, sí es usada como base para invadir a Venezuela, en cuyo subsuelo yacen 300.000 millones de barriles de petróleo que también son disputados por Rusia y China.

Por ahora la excusa para la superpotencia prepotente invadir a Venezuela es la guerra contra el narcoterrorismo, en momentos en que en el planeta nos cuestionamos la justeza de gobiernos y estilos de vida que por la ambición desmedida de una minoría, además de poner en peligro la supervivencia de la vida en el planeta, a los humanos convertidos en plaga consumista, nos llevan como reses vendadas hacia el apocalipsis.

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