Caliwood narrado por uno de sus protagonistas que no había querido hablar

Gerardo Otero, quien vive en Paris cuenta el detrás de cámara de las 13 películas documentales de Luis Ospina quien inaugura el VIII Festival de cine de Cali

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noviembre 13, 2016
Caliwood narrado por uno de sus protagonistas que no había querido hablar

" Yo creo que la autoproducción por así llamarla, comenzó con "Oiga Vea", que fue una película que  hice con Mayolo, cuando yo todavía estaba en la universidad. La hice como parte de un proyecto de la universidad y comenzamos prácticamente con cero pesos. Éramos un equipo de tres personas : Mayolo, su novia Ute Broll y yo. Filmamos con una cámara Bolex que  Mayolo trajo de la agencia de publicidad donde él trabajaba en Bogotá y Fernell Franco nos prestó una grabadora.

Incluso nosotros no alcanzamos a filmar desde el principio los Juegos Panamericanos. Por eso hay una escena en la película filmada en Bogotá, donde se vé a la gente viendo la transmisión de la inauguración de los Juegos. Por el vestuario uno se dá cuenta que eso no es en Cali, sino en Bogotá.

Cuando llegamos, los Juegos ya habían comenzado y no nos dieron permiso para filmar en los escenarios deportivos porque había una película de largometraje en 35 mm que estaba dirigiendo Diego León Giraldo, comisionado por las fuerzas vivas de la ciudad de Cali. Era una película que tenía varias unidades, un poco al estilo de esas películas que se hacían de los Juegos Olímpicos, como el de Ichikawa.

Al no poder filmar los escenarios deportivos, decidimos filmar desde el punto de vista de la gente que no podía entrar. Hay un plano emblemático en donde se vé una clavadista en un trampolín y cuando clava, se abre el zoom y estamos afuera mirando con la gente. Hay un muro que no deja ver donde cae la clavadista. Esa es entonces, la "forma elocuente," como le gustaba decir a Mayolo.

Decidimos irnos a los barrios marginales, en este caso, fue el barrio El Guabal, porque por ahí pasaba el tren Panamericano, que era un tren provisional que iba hasta los escenarios deportivos y se regresaba. La mayoría de la gente que usaba ese tren era gente pobre que iba a ver los escenarios por fuera o a ver los deportistas y pedirles autógrafos.

Esa fue la primera película que financiamos de nuestro bolsillo.  Recuerdo que esa película costó 36.000 pesos de la época, era el año 71.

Después de filmar me llevé la película a la  UCLA, la escuela de cine de los Ángeles y allá la monté gratis, porque me daban una moviola vertical compartida  con dos o tres personas más.

Diez años después hicimos "Agarrando pueblo", que es una película autogestionada. No solo Mayolo y yo aportamos dinero, sino que incluimos a nuestros amigos. Un artista nos dió un cuadro que vendimos, un publicista hizo un comercial y metió todo el material nuestro a revelar como si fuera de ese comercial, se hizo lo que se llama una vaca o una minga.

En esa época no había ningún apoyo para el cine y los cineastas que había en Colombia, se podían contar con los dedos de la mano.

Después de "Agarrando pueblo", el Estado apoya el cine con la Ley de sobreprecio, que fomentaba la producción de cortometrajes y la exhibición obligatoria en las salas antes de la proyección de los largometrajes extranjeros. Aquí participamos con "Asunción", con tan mala suerte que el corto lo vetó una junta de calidad que clasificaba los cortos, alegando que había problemas técnicos de laboratorio .

En los años 80, con la creación de los Canales Regionales tuve la oportunidad de hacer documentales con la Universidad del Valle en un programa que se llama "Rostros y Rastros".

Ahí aprendimos a trabajar rápido y muy barato. Eran documentales que se filmaban en tres días y se montaban en dos. Era un trabajo muy valioso en el sentido que en el Valle del Cauca no había una tradición audiovisual, ni una identidad realmente.

Estos programas de Telepacífico comenzaron a darle una identidad a la ciudad y al Valle, porque nos interesamos sobretodo en la cultura popular y en el documental urbano. Anteriormente el documental era antropológico o de sitios exóticos y no trataban los problemas de la ciudad y Cali era una ciudad que estaba en mutación después de los Juegos Panamericanos.

"Nuestra película" marcó  un punto de giro en mi trabajo porque fue un encargo de Lorenzo Jaramillo quien me pidió hacer una película sobre sus últimos días. Él ya no podía trabajar, ni pintar, pero quería decir cosas. Yo le propuse hacerla en codirección, porque sabíamos que él no iba a ver el producto final y nos basamos en conversaciones.

Después que él murió, yo seguí ciertas instrucciones, como por ejemplo, él me dijo a quién entrevistar.

Pero ahí yo descubrí los materiales más livianos de grabación. Esto me permitió replantiarme el video, y comencé a verlo como una redención.

El video llegó a salvar mi vida creativa, y de ahí dí el paso a hacer proyectos autogestionados, proyectos unipersonales.

Para la "Desazón suprema" me gané una convocatoria del Ministerio de la Cultura porque en esa época no existia el Fondo de Desarrollo Cinematográfico y cuando hice " un Tigre de papel", apliqué a una convocatoria y con ese dinero se hizo.

Yo tengo una cosa y es que yo hago las películas con el dinero que hay. Eso se ha vuelto como una política mía.

Con "Todo comenzó por el fin", me pasé un poco, entonces tengo que recuperar algo, porque terminé metiendo plata. Yo comenzé haciendo una película que pensaba que iba a durar dos horas y terminó durando tres horas y media. Fue un rodaje muy accidentado porque tuve problemas de salud y además tuve que tener una productora ejecutiva porque no estaba en capacidad de autoproducirme.

Y como cada vez el Fondo de Desarrollo pide más papeles, uno tiene que volverse una especie de abogado para resolver esos problemas. Estas dos películas se hicieron con dinero del Estado.

Cuando hay dineros de diferentes fuentes, todo el mundo quiere pasear al perro y cambiarle a uno algo. Afortunadamente siendo mi propio productor  no tengo que rendirle cuentas a nadie, ni hacer concesiones, ni que filme esto o lo otro, o que corte una escena.

En " Todo comenzó por el fin", la hice sin oír comentario de nadie, no le paré bolas a nadie. Tenía un editor pero yo estaba todo el tiempo con él. Yo no dejo nunca solos a los editores. Es una película que hice realmente haciendo lo que me daba la gana.

Además en un momento pensé que era la última película que hacía  y yo dije si uno no hace lo que se le da la gana, ya cuando se va a morir, entonces qué ?...

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