Opinión

Un avión, un helicóptero

Las Farc, o uno de sus asociados criminales, acaban de derribarlos. Porque tienen con qué

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agosto 10, 2015
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A este Gobierno le pasa lo que al pastorcito mentiroso de la fábula, porque nadie le cree. Y le cree menos que en todo cuando habla de lo que llama Proceso de Paz.

Y es que ha mentido tanto, tan tenaz y desvergonzadamente, que no tiene marcha atrás. Como se dice en aeronáutica, pasó de largo el punto de no retorno. Tiene que sacar el avión y mantenerlo arriba, si puede y como sea.

Cuando se cayó el avión Casa, todavía con los restos humeantes del aparato y de sus heroicos ocupantes, salió a decir que el mal tiempo era el causante del desastre. Para su mala fortuna, un morador de la zona tomó las imágenes dramáticas del avión en barrena y al fondo todo estaba claro. Cielo azul y visibilidad plena.

Como el asunto es mentir, y pronto, surgió el cuento de la falla de un motor, reportada a la torre de control. Pues otra estrellada contra la dura, la obtusa, la insobornable realidad. Ese avión vuela con un solo motor y llega sin problemas a cualquiera de los muchos aeropuertos alternos de la zona. Y quedaba el problemita de la emergencia reportada por el piloto. Las grabaciones no mienten, ni dejan mentir. Ni emergencia reportada, ni motor en falla. Nada era verdad.

Pues a suplir la versión. El nuevo experto en desastres aéreos, Luis Carlos Villegas, sale a “ripostar” como dicen en boxeo, con una teoría todavía más peregrina que la de una tormenta y un motor en falla. Y acude a la tesis del congelamiento inmanejable, cuya probabilidad en un motor de ese avión es una entre miles. Pero como quedaba el otro, ni un paso atrás. Se congelaron los dos motores al tiempo. Sin que el piloto lo notara y sin que intentara que el avión no cayera en barrena, o picada, sino en un intento de planeo. Posibilidad: una entre centenares de miles. Algo así como ganarse diez balotos en serie.

No han contado que el avión estaba en vuelo de inteligencia sobre tierras enemigas, que estaba equipado y reacondicionado por una empresa israelí, universalmente reconocida, de alta tecnología en inteligencia aeronáutica, con una inversión superior a los veinte millones de dólares. Ni hubo viaje de ida y vuelta a la costa, ni tormentas, ni motores fallando, ni congelamiento múltiple, virtualmente imposible. Lo elemental y simple, como siempre, se esconde. Un misil tierra aire, de los que las Farc han comprado últimamente en gran escala y que impacta el avión cuando hacía aquello para lo que estaba diseñado y para lo que operaba en ese vuelo, a saber, inteligencia técnica.

Y se cae enseguida el Black Hawk de la Policía. Pues falla mecánica, también, para empezar. Ya  quedó descartada. De modo que acudir a la  visibilidad de cero, cuando era plena, según videos indiscretos. Y enseguida, estrellón contra una ladera, que nadie ha visto, en un aparato fabricado para elevarse a grandes alturas en cuestión de pocos minutos, por encima de cualquier ondulación del terreno en la zona. Porque para colmo de desgracias del ministro, no hay cordillera en el lugar. Es una zona relativamente plana, sin “laderas” a la vista.

El propio ministro dijo que dos helicópteros de escolta disparaban en el momento. Como no estaban de tiro al blanco, disparaban porque estaban siendo atacados desde tierra. Si el helicóptero impactado disparaba o no, nada prueba contra el hecho de la balacera que se libraba. Y de malas, uno de los tripulantes de esas naves habla de un impacto en la barriga, con un tatuco o “algo así”. Respuesta inmediata: se trata de una conversación inventada, falsa. Pues no. Era auténtica. Solo que el tripulante, que le hablaba a su superior, se precipitó y se equivocó. El único que habla con la verdad es el ministro, que no sabe de lo que habla, pero que tiene obvio interés en torcerle el pescuezo a la verdad. Si las Farc disparan desde abajo, se le viene encima el frágil escaparate del cese unilateral y De la Calle y Jaramillo se quedan pedaleando en bicicleta estática.

Villegas está mintiendo, Juanpa está mintiendo y el general Palomino dice verdades a medias para ganar tiempo, lo único que en estas circunstancias tiene para ganar.

Las Farc, o cualquiera de sus asociados criminales, acaban de impactar y derribar un avión y un helicóptero de las Fuerzas Militares. Porque tienen con qué, los misiles que nos han mostrado en varios videos, parecidos o iguales a los que venían en el buque que cayó en aguas de Cartagena, pero que se extravió porque iba para Cuba a llevar material de guerra sin conocimientos de embarque ni facturas. ¡Descuidados que son!

Al pastorcito mentiroso no le creyó nadie y el lobo se comió sus ovejas. ¡Lástima!

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