Opinión

Atentado Presidencial vs. Unidad Nacional

Sucesos que quiebran la integridad nacional mientras la extrema izquierda hace eco de dictaduras, mueven a buscar la unidad y a un cambio de actitud con Venezuela

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julio 02, 2021
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Atentado Presidencial vs. Unidad Nacional
En vez de movilizar a toda una nación para repudiarlo, el atentado fue aprovechado con cálculo político en era preelectoral. Foto: captura de video

La unidad nacional está seriamente resquebrajada, y la primera causa es la honda polarización política y social que nadie niega y de la cual todos somos responsables, y esto incluye a los más prominentes dirigentes políticos, gremiales y sociales, a los líderes del comité nacional de paro y a los autores de la protesta vandálica y criminal que destruye bienes, causa caos y afecta vidas humanas, al amparo de la denominada “primera línea”. Y esta fractura, de serias proporciones, hubiera podido sanarse, si el primer mandatario  que gobierna para todos sin distinción alguna y que ha manifestado su interés de construir consensos y superar la polarización, actúa en coherencia y con generosa voluntad, usando el poder que le otorga su magistratura para cambiar la página de la que no salimos. Haber difuminado órganos supremos como el Consejo Nacional de Paz y la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, ha sido grave error, porque en el seno de estos mecanismos el Ejecutivo tiene instrumentos de oro para crear acuerdos, reducir tensiones, restablecer relaciones, propiciar armonía y avanzar en asuntos prioritarios de nación que son los mismos que agudizan la fragmentación nacional. Aquí subyace la esencia del talante y liderazgo del presidente de la República.

En las democracias, edificar mínimas bases de Unidad Nacional, afianza la independencia de poderes, ayuda a mantener la gobernabilidad, contribuye a garantizar el derecho a la oposición y, aunque parezca simple, aviva los gestos de solidaridad y respaldo al Ejecutivo en momentos de grave adversidad. Así debió ocurrir luego del aleve atentado por cuenta del terrorismo que puso en riesgo la vida e integridad del primer mandatario y sus ministros de Defensa y del Interior, y en inminente amenaza la estabilidad democrática.  Sucesos como estos, que lesionan la integridad nacional, en vez de movilizar a toda una nación para repudiarlo, fue aprovechado con cálculo político en era preelectoral para ventilar especulaciones insólitas y sin fundamento, que calificaron el hecho como  “autoatentado”. Este atentado presidencial, que no cumplió con su objetivo, seguramente será reivindicado en los próximos días como un “éxito operacional” por el ELN y/o las disidencias de las Farc.

No es digno con la nación, que dirigentes en la oposición, promulguen en el exterior e inciten en forma abierta o subterfugia a otros gobiernos a romper relaciones con el Estado Colombiano, o a suspender la cooperación, o aliarse con dictaduras para alimentar hostigamientos y amenazas contra nuestros connacionales e instituciones, o califiquien a nuestra patria de “narcodemocracia”, o atribuyan todos los males al pasado o al acuerdo de la Habana – así no se comparta en su integridad, o ventilando teorías de la entrega del país al “castrochavismo”; o presionando ante la ONU, la OEA, la CIDH cuestionamientos sobre el gobierno nacional; o financiando la protesta vandálica y criminal. Nada de lo anterior contribuye a la Unidad Nacional.

Y es más grave aún, que mientras regímenes vecinos como el venezolano protegen y apoyan el resurgimiento criminal de grupos terroristas y nacotraficantes en frontera, dirigentes nacionales de extrema izquierda sean complacientes, tolerantes y cajas de resonancia activa de esas dictaduras, pués  los más graves atentados terroristas de los últimos tres años fueron protagonizados por el ELN y las Farc en las disidencias y de la denominada nueva marquetalia, organizaciones terroristas que se mueven como pez en el agua en otros países, como Nicaragua, Bolivia, Argentina, Perú, Ecuador y Venezuela, donde ya están fusionados con las instituciones del régimen a través de “ejércitos híbridos de la revolución” y cuya frontera es plataforma perfecta para planificar y lanzar acciones terroristas, como muy probablemente ocurrió con el atentado presidencial en Cúcuta. No hay duda, que estos terroristas huyeron como ratas de alcantarilla hacia sus guaridas y ahora están protegidos en territorio venezolano. Así ocurrió en febrero de 2019 cuando el ELN asesinó a los patrulleros Óscar González y Yeison Bejarano en el puente internacional Antonio José Paez en Arauca.

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El atentado es señal de alarma y razón de fuerza mayor para acudir con carácter urgente al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca con Estados Unidos y demás aliados de la región

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 El atentado presidencial en Cúcuta y la incautación de armas en el lugar de los hechos de propiedad de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela, son indicios de una intensificación del conflicto que pueda desencadenarse con el régimen dictatorial vecino por su apoyo al  terrorismo y al narcotráfico. Y el atentado presidencial debe ser señal de alarma y razón de fuerza mayor para acudir con carácter urgente al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca-TIAR con los Estados Unidos y demás países aliados de la región en asuntos de defensa. Al mismo tiempo, el Estado colombiano, debe potenciar la Inteligencia Estratégica Exterior y la Contrainteligencia de Estado y no puede dar más espera a un cambio diametral en su actitud sobre la frontera con Venezuela, explorando la creación de una Fuerza Fronteriza bajo un mando único, que integre toda la capacidad institucional de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional, Migración y Aduanas.

Nos adentramos en una campaña electoral atípica, antecedida por la más profunda polarización política y social que ha vivido el país en las últimas décadas, y por una protesta social legítima que se desfiguró convirtiéndose en una protesta vandálica y criminal. Se han producido heridas profundas entre las instituciones que rigen los destinos de la nación, producto de la confrontación, la vanidad y la lucha de los extremos por conquistar el poder. Los ciudadanos libres son solo instrumento de esta coyuntura y esa misma fuerza que los ha llevado a manifestarse sin descanso en la calles, puede ser la más poderosa herramienta en la búsqueda de unas condiciones mínimas para alcanzar la anhelada y esquiva Unidad Nacional.

Auspiciar vándalos y esquemas de defensa ciudadana como la llamada “primera línea”, alteran el orden institucional, destruyen el bien público, mantienen latente el caos, y conduce a criar cuervos que luego te sacarán los ojos.

 

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