La madrugada del pasado domingo en Melgar no fue normal. A la 1:30, cuando muchos turistas dormían y otros estaban aún en la calle entre cervezas y música, llegó el agua sin dar aviso suficiente y en pocos minutos cambió el ritmo de un municipio que vive del turismo.
La quebrada La Melgara se desbordó y avanzó con fuerza hacia distintos sectores del pueblo, incluyendo uno de sus lugares más concurridos: el centro vacacional Cafam. El fin de semana que marcaba el inicio de la temporada de Semana Santa terminó en una emergencia que afectó a residentes, comerciantes y visitantes.
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El agua no se quedó en un solo punto. Varias zonas del municipio resultaron inundadas y en algunas calles la corriente alcanzó la fuerza suficiente para arrastrar vehículos. La escena se repitió en barrios cercanos al cauce, donde el nivel subió rápidamente y obligó a las personas a salir de sus casas como pudieron. Melgar, acostumbrado a recibir viajeros de fin de semana, amaneció con vías cubiertas de lodo, enseres dañados y una sensación de desconcierto que atravesó a toda la población.
Turistas sorprendidos de madrugada
Dentro de Cafam Melgar, el impacto fue directo. Cerca de cien familias que se hospedaban allí resultaron afectadas. La mayoría había llegado para aprovechar estos días de descanso inaugurales a la Semana Santa, sin imaginar que tendrían que abandonar sus cabañas en medio de la madrugada. El agua entró con rapidez, alcanzó niveles altos en algunos puntos y obligó a evacuar en condiciones difíciles. Muchas personas solo lograron salir con lo que tenían a mano.
Las pérdidas materiales fueron significativas. En las cabañas, el paso del agua arruinó muebles y electrodomésticos, además de inutilizar pertenencias personales de los huéspedes. En los parqueaderos, varios automóviles quedaron atrapados por la corriente; algunos fueron arrastrados por la corriente y otros terminaron con afectaciones severas. Para quienes habían llegado a descansar, el balance terminó siendo la pérdida de bienes y la incertidumbre sobre cómo recuperar lo que dejaron atrás.
El desbordamiento ocurrió en un momento especialmente vulnerable. A esa hora de la madrugada, la mayoría de las personas contaba con poca margen de reacción. Dicen los afectados que la evacuación por parte del famoso centro vacacional se dio de manera acelerada, desordenada, en medio de la oscuridad y sin claridad sobre la magnitud de lo que estaba ocurriendo. A medida que avanzaban los minutos, el agua ocupó más espacios y obligó a moverse hacia zonas más seguras dentro y fuera del complejo.
La emergencia no solo golpeó a los turistas. En el resto del municipio la inundación afectó viviendas, comercios y la movilidad. Algunas calles quedaron bloqueadas por el agua y el barro, mientras los habitantes intentaban recuperar lo que podían. Los carros arrastrados por la corriente se convirtieron en una de las imágenes más visibles de la noche. La situación dejó en evidencia la vulnerabilidad de varias zonas frente a las crecientes súbitas.
Pérdidas materiales
El impacto también se sintió en la economía local. Semana Santa es una de las temporadas más importantes para Melgar, y la emergencia que interrumpió de forma abrupta puede traer consecuencias terribles para los hoteleros y comerciantes. Hoteles, restaurantes y otros negocios que esperaban cerrar la semana con alta ocupación tuvieron que enfrentar cancelaciones y daños. Para muchos comerciantes, la temporada se perdió en cuestión de horas, antes de comenzar.
Con el paso de la mañana, las familias afectadas se reorganizaron. Algunas fueron trasladadas a alojamientos cercanos, mientras otras buscaron apoyo en espacios disponibles en el municipio. El proceso de atención se concentró en ubicar a los damnificados y evaluar los daños, tanto dentro del centro vacacional como en las demás zonas impactadas. La situación dejó un saldo que va más allá de lo material. Para quienes vivieron la madrugada dentro de Cafam Melgar, la experiencia cambió la percepción de un destino que suele asociarse con descanso. Para los habitantes de Melgar, la creciente volvió a poner sobre la mesa la necesidad de revisar las condiciones de prevención frente a este tipo de eventos que despertó y asustó a propios y extraños.
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