El general Dan Caine, el jefe del Estado mayor conjunto, quien estuvo al lado del Presidente Trump en la rueda de prensa que dio en su residencia de Mar a lago después de haber informado al mundo a través de su cuenta la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, en el Fuerte Tiuna en Caracas, tiene bajo su responsabilidad todas las unidades de ataque de los Estados Unidos, incluido el Delta Force. El grupo élite que tomó por sorpresa a las fuerzas militares venezolanas que dijeron estar preparas para una accion militar norteamericana.
Delta Force es un grupo con una estructura diseñada para actuar con precisión. Su nombre oficial, 1st Special Forces Operational Detachment–Delta, dice poco fuera de los círculos militares. Dentro del Ejército estadounidense, se le conoce de maneras aún más opacas: Combat Applications Group, la Unidad, los D-Boys. Los nombres cambian; la función permanece. Intervenir rápido, sin ruido, con un margen de error prácticamente inexistente.
La fuerza fue creada en 1977 en un contexto marcado por la amenaza del terrorismo internacional. Su fundador, el coronel Charles Beckwith, había observado de cerca el funcionamiento del Servicio Aéreo Especial británico y concluyó que Estados Unidos necesitaba una unidad similar: pequeña, flexible, con autonomía y entrenada para resolver crisis extremas, sin recurrir a despliegues masivos. Desde entonces, Delta Force opera bajo el paraguas del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, respondiendo directamente a decisiones tomadas en los niveles más altos del poder político y militar y en el gobierno de Trump por el general Dan Caine.
Quienes integran Delta Force están sometidos a una selección dirigida a soldados con experiencia previa en unidades de élite, principalmente Rangers y Fuerzas Especiales. Quienes logran superar un proceso que combina resistencia física llevada al límite, navegación terrestre durante largas distancias sin apoyo externo y evaluaciones psicológicas diseñadas para detectar fallas bajo presión extrema entran a conformar esta fuerza élite que combina las acciones en terreno y las secretas.
Delta Force es considerada una unidad de nivel uno, una clasificación informal que indica acceso ilimitado a recursos, libertad operativa y un grado de secreto que la protege incluso dentro del propio aparato militar. Sus miembros no portan insignias distintivas. Muchos de sus despliegues no dejan registro público. La lógica es simple: si nadie sabe que estuvieron allí, la misión fue un éxito.
A lo largo de su historia, la unidad ha participado en algunas de las operaciones más sensibles de Estados Unidos. Estuvo involucrada en el fallido rescate de rehenes en Irán en 1980, una operación que terminó en desastre y obligó a replantear la estructura de las fuerzas especiales. Actuó en Mogadiscio en 1993, en una batalla urbana que dejó una huella profunda en la política exterior estadounidense. Participó en la captura de Saddam Hussein en 2003 y en la operación que terminó con la muerte del líder del Estado Islámico en 2019. En muchos casos, su presencia solo se conoció años después, cuando el silencio dejó de ser necesario.
El episodio venezolano, según versiones citadas por medios estadounidenses, habría seguido esa misma lógica de intervención puntual. Un golpe rápido, con objetivos precisos, sin intención de abrir un frente militar prolongado. La supuesta participación de Delta Force estaría orientada a asegurar la operación y proteger al personal involucrado, no a desplegar fuerzas de ocupación ni a alterar de forma inmediata el equilibrio interno del país.
La existencia de Delta Force se confirma, casi siempre, cuando ya no importa porque el resultado ya se ha dado y ojalá sin bajas ni pérdida de elementos bélicos, como se dio con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, preparada sigilosamente durante meses, como narró el propio Trump en la rueda de prensa, hasta que llegó el momento perfecto: la primera hora de la madrugada del 3 de diciembre del 2026.
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