Opinión

Un año de hábitos

Por:
enero 13, 2014
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Creo que fue Aristóteles el que dijo (dicen) que la excelencia es un hábito, así que no es una condición que se da o que se tiene de repente.

Me imagino que la frase apunta a que lo que uno va haciendo y cómo lo va haciendo es lo que determina, al final quién, qué y cómo es uno como persona.

Así, supongo, los franceses son quizás franceses porque actúan como franceses: comen pan francés y croissant, son ligeramente orgullosos y excéntricos y, claro, hablan francés. Bueno, a lo mejor no es el mejor ejemplo, pero seguro si los deportistas son las personas que hacen mucho deporte (y no solo que salen en revistas por ahí), los músicos, los que practican y tocan rutinaria y dedicadamente un instrumento (o cantan) y, por qué no los escritores los que escriben. A eso, claro, falta agregarle el adjetivo "aristotélico" y los buenos deportistas los que hacen deporte bien, y los buenos músicos los que tocan y cantan bien y los buenos escritores, los que escriben bien.

Definir qué es bien, y referirme a la cantidad de trabajo que eso implica (y talento, y algo de suerte) se me escapa del nivel de profundidad wannabe de la primera columna del año, que escribo desde el fin de mis vacaciones.

Pero desde mis vacaciones me planteé que mi objetivo de este año no son metas concretas sino "desarrollar hábitos". Esto, lejos de ser tan sofisticado o profundo como (espero) de pronto suena, es mi reacción a impedir que, de nuevo y como pasa casi siempre, que yo no cumpla mis resoluciones de año nuevo: sigo sin caber en "esos" pantalones, sigo sin poder tocar más de los acordes más básicos en guitarra, sin poder escribir en francés (aunque como a los franceses de verdad, lo de comer croissant se me da muy bien), sin escribirle a esos amigos de hace tiempo, etc., etc.

Este año entonces voy a "desarrollar hábitos". Es decir, entre otras, planeo salir a correr habitualmente, dormir más siestas, leer más de esa revista de moda y, valientemente, ver al menos una película vieja cada quincena, (llene, si quiere, la lista con las actividades que su yo ideal realizaría cotidianamente , o las que me quiera recomendar a mí) para ir aprendiendo a hacerlas bien y adquirir los hábitos que me lleven a dentro de un año ver atrás y contemplar con regocijo todas las mejoras que le hice con empeño y esfuerzo a esta Beatriz rústica pero determinada (y descansada y por eso llena de ánimo) de principio de año.

En su defecto, si mis salidas a trotar siguen siendo tortuosas y todavía no una costumbre para noviembre de 2014, podré consolarme en que el camino continúa y no habrá sido una determinación de año nuevo incumplida. Al fin de cuentas, si algo hacen recordar las vacaciones es que algún otro filósofo griego (y mi mamá) dijeron que la felicidad está en el viaje, no en el destino.

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