Alejandro Gaviria y su batalla contra el cáncer, la misma que dará la gobernadora del Valle

Hace tres años y siendo Ministro de salud fue diagnosticado con linfoma No Hopkings y lo superó con el mismo tratamiento que comienza con entereza Clara Luz Roldan

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septiembre 17, 2020
Alejandro Gaviria y su batalla contra el cáncer, la misma que dará la  gobernadora del Valle

Era junio del 2017 y Alejandro Gaviria ministro de Salud de Juan Manuel Santos. Tenía que darle una charla a los secretarios de salud municipales. Pero termino en el clínica del Country con un fuerte dolor abdominal. Siguieron los exámenes y el angustioso diagnóstico: cáncer linfático del tipo No Hodkings.

Sin titubeos Gaviria hizo pública su situación de salud e igual que acaba de ocurrir con la gobernadora del Valle Clara Luz Roldan, comunicó que se sometería al tratamiento y seguiría al frente de la cartera de salud, ella de la gobernación.

Alejandro Gaviria era un nerd perfecto. Hacía ejercicio y tenía una disciplina con los alimentos que rayaba con lo obsesivo. Jamás había sido hospitalizado ni había tenido problemas de salud. De sopetón, a sus 51 años, le veía los dientes a la muerte.

En su agitada vida nunca había pensado en la enfermedad. Es que el tiempo siempre le hizo falta. Por eso aprovechó cada recoveco que le dio la vida para estudiar ingeniería civil en la Escuela de Ingenieros de Antioquia, una maetria y un doctorado en Economía en Los Andes, pertencer al consejo editorial de El Espectador y además devorar, con la fruición de un hambriento, bibliotecas enteras. Lector avezado, su culto por el gran Stanislaw Lew, creador de Solaris, marca la rigurosidad de su entretenimiento.

Investigador por excelencia, se propuso no solo enterarse a fondo de la enfermedad  a la que iba a combatir con todos los recursos médicos existentes sino que inició una reflexión profunda sobre la fragilidad de la existencia humana. Recurrió a las lectura del escritor norteamericano Christopher Hitchens y textos como Mortalidad en los que desnudad la realidad del combate contra la enfermedad, en su caso un cáncer de esófago. Y a la pregunta que todo ser humano se hacer frente a una situación de dificultad ¿Por qué a mi?, se repitió la respuesta de Hitchens ¿Y por qué yo no?, tal como lo relató en un un artículo que publicó en la revista Semana.

Esto no es un llamado, ni una prueba, ni un castigo, es una enfermedad con causas conocidas, pero, como siempre en el mundo de la complejidad biológica, con un halo de misterio. Tengo plena confianza en los médicos colombianos y en nuestro sistema. Mi tratamiento será estándar, sustentado en la evidencia, sin apuestas experimentales, ni medidas heroicas. Creo en la ciencia como toca: con vacilación y escepticismo moderado.

Gaviria había sido de los pocos ministros de Juan Manuel Santos que había logrado estar al frente de su cartera durante cinco años. El Presidente no le dio espacio para renunciar ni él lo consideró en la medida en que pudiera mantener su actividad. A su apretada agenda le sumó un tratamiento desgastante, pero nunca se dejó doblegar

El tratamiento fue agresivo: 10 sesiones de quimioterapia repartidos en 21 días. Se buscaba “sellar la célula” para que no volviera a presentar recaídas. El apoyo de Carolina Soto, su esposa, quien en ese momento también trabajaba en la presidencia de Santos como Alta Consejera para la Competitividad y de su hijo Tomás, quién le pidió al Papa Francisco en su visita a Colombia que “le quitara la tos a su papá” fueron fundamentales para llenarse de la energía y la fuerza que se requieren además, del tratamiento rigoroso, para revertir la enfermedad.

La enfermedad además le sirvió, en su condición de Ministro de Salud y de Protección Social, para entender las desigualdades en el acceso a la prestación del servicio de salud. Siempre llegaba  a las 10 de la mañana y se ponía a hablar con los pacientes, compartía situaciones, aprendía.

Un aprendizaje que dicho por el propios Alejandro Gaviria le ha dado sabiduría para entender la complejidad de la existencia, orientar desde la rectoría a los alumnos de la Universidad de los Andes y  compartir permanentemente reflexiones más allá de las anécdotas cotidianas en su cuenta de twitter que ya completa 311 mil seguidores

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