Opinión

Al borde de un ataque de nervios

Los responsables de esta crisisr no pueden seguir olímpicos sin ningún costo: el presidente no debe mantener en el gabinete al Mindefensa, ni a la cúpula de la Fuerza Pública

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septiembre 10, 2019
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Al borde de un ataque de nervios
La terquedad de no quitar un ministro que tanto daño está causando y no proceder en consecuencia con la cúpula de la Fuerza Pública, cuesta mucho, es la seguridad lo que está en juego

La mayoría de los colombianos quisiéramos vivir en un país donde se pudieran pasar días, ojalá semanas enteras sin sobresaltos. Donde la incomunicación durante algún tiempo no rompiera la percepción de la realidad nacional. Desafortunadamente, esa no ha sido la situación en Colombia que lejos de mejorar ha empeorado dramáticamente. Antes, la recomendación que se le hacía a los políticos, especialmente en campaña, era que después de un viaje dentro del país, que dura generalmente una hora, no dieran declaraciones hasta estar enterados de los últimos acontecimientos si no querían aparecer desinformados. Pero ahora, especialmente en los últimos días, cada diez minutos suceden verdaderos hechos traumáticos que dejan a la luz graves problemas en instituciones claves para el país.

En menos de cuarenta ocho horas sucedieron dos masacres a cuál más de escalofriante, dolorosa e inexcusable.  Lo peor es que tienen un gravísimo elemento en común que no puede pasar desapercibido: se trata nada menos que de una evidente e injustificable desprotección de las víctimas como resultado de la desatención de los responsables de responder a alarmas claras de las víctimas y tan o más grave, por profundas fallas de la Fuerza Pública. El solo reconocimiento de estas graves faltas no es suficiente; si se deja así, jamás se frenarán estos asesinatos, que si se cumpliera el deber que tiene el gobierno, serían evitables.

 

El escenario actual que genera terror dentro de la ciudadanía
se debe enmarcar en la falta de confianza
en el ministro de Defensa y en las cabezas de la Fuerza Pública

 

No debe sorprender entonces que Colombia esté conmocionada y al borde de un ataque de nervios. Pero aquí no termina el escenario actual que genera terror dentro de la ciudadanía. Esta situación descrita se debe enmarcar en el siguiente contexto: la falta de confianza del país en el Ministro de Defensa y en las cabezas de la Fuerza Pública. La razón es que no cesan los escándalos de corrupción en el Ejército y la Policía, sin olvidar la falta de criterio de la FAC cuando expuso sin necesidad a la muerte a dos de sus miembros mientras su cabeza, el ministro, salía con excusas inaceptables.

Los responsables de esta crisis que vive el país no pueden seguir olímpicos sin ningún costo. El presidente Duque no debe mantener en el gabinete a un Ministro de Defensa sobre el cual hay comentarios tan generalizados que no pueden ser mentira; seguir trabajando con un funcionario público que tiene tantas salidas en falso muestran su gran irresponsabilidad en semejante cargo. Es la seguridad, señor presidente, lo que está en juego. Pero más aún, es la gente y los miembros de la Fuerza Pública que no pueden pagar con sus vidas estas negligencias del gobierno y estas salidas excéntricas, nada menos que del ministro de la Defensa.

Colombia ha vivido 50 años de conflicto y no hay derecho a que los colombianos, en vez de mejorarse su calidad de vida y su estado emocional, este último se empeore porque el gobierno no cumple con sus obligaciones mínimas. La terquedad de no quitar un ministro que tanto daño está causando y de no proceder en consecuencia con los miembros de la cúpula de la Fuerza Pública que hoy han perdido totalmente la confianza del país, no solo le cuesta mucho a un gobierno que no logra el apoyo nacional que requiere sino a todo un país que no quiere sufrir el dolor que producen asesinatos fácilmente evitables.

Finalmente, pongan los ojos en la campaña presidencial. En vez de tener un conflicto en todo el país, hay cuatro o cinco puntos claros de física guerra, que ya están suficientemente identificados. Cómo es posible que el gobierno no pueda concentrar sus esfuerzos en estos puntos para evitar estas tragedias. A amplios sectores del país se les está acabando la paciencia.

 

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