Texto escrito por: Norman Alarcón Rodas
La piel de zapa, novela del literato francés Honorato de Balzac, narra las vicisitudes de un joven francés desesperado que hace un pacto con el diablo para gozar de los placeres sibaríticos. El maligno le entrega una piel de zapa (pez selacio) que se irá encogiendo a medida que el personaje vaya satisfaciendo sus deseos para finalmente sucumbir y entregarle el alma.
Debemos recordar que, en mayo de 2025, el exsenador Gustavo Bolívar y alto exfuncionario del gobierno del presidente Petro expresó ante los medios de comunicación que el primer mandatario de los colombianos “le vendió el alma al diablo para alcanzar el poder y poder gobernar”. Bolívar intentó justificarlo aduciendo que se trató de un mal necesario para impulsar las reformas sociales y no quedar en minoría. Fue así como Petro vinculó al Pacto Histórico a sectores de la “política más oscura y tradicional”.
Lo anterior también confirma que para llegar al solio de Bolívar la política que primó en la campaña de Petro fue la del “todo vale” y la de “correr un poco” la línea ética, como lo afirmó Sebastián Guanumen, hoy flamante embajador del gobierno Petro en Chile, declaraciones que causaron conmoción en el país en su momento.
A pocas semanas de culminar el periodo presidencial, cuando “la piel de zapa” se está encogiendo de manera inexorable, el balance para Gustavo Petro no puede ser más deplorable: los niveles de corrupción han escalado a niveles nunca vistos y un escándalo va tapando otro de tal manera que se va haciendo parte del paisaje cotidiano; la inseguridad campea por el territorio nacional, a tal punto que todas las bandas armadas ilegales se han fortalecido en número de malhechores y en territorios dominados; la extorsión se ha convertido en una verdadera plaga como en los tiempos egipcios; la economía nacional hace agua y el crecimiento económico es de los más bajos de los últimos tiempos.
Se disparan las importaciones de todo tipo de bienes al socaire de los tratados de libre comercio que socavan la producción de los empresarios nacionales, campesinos, indígenas y afrodescendientes, pese a haber prometido Petro en la campaña renegociar dichos tratados leoninos; la creación de riqueza per cápita anual no pasa más allá de los siete mil dólares, registro ridículo que pone a Colombia en los peores índices en la materia a nivel mundial; la Costa Caribe presenta un balance lamentable en el sector energético, ya que se mantiene a más de doce millones de caribeños con la peor infraestructura eléctrica del país, y la llamada subnormalidad eléctrica —el 92% de todo el país en la Costa— crece a más del cinco por ciento anual. Lo único que hubo en la Región Caribe fue un aumento de la generación eléctrica con energías limpias no convencionales, pero impulsada casi toda por el sector privado, que tenía proyectos anteriores al actual gobierno.
Lamentable cuadro de un cuatrienio que cometió otro disparate al abandonar la exploración y explotación de nuevos yacimientos de hidrocarburos. El empecinamiento de Petro contra la producción nacional de hidrocarburos y contra Ecopetrol nos tiene importando el 25 por ciento del gas y el 50 por ciento de la gasolina para el abastecimiento nacional, y los precios de los combustibles se han disparado a precios internacionales.
Se termina el mandato del pacto sibilino, dejando un reguero de dificultades y profundizando la crisis nacional en todos los órdenes. El daño será muy profundo, la afectación de la polarización incalculable. Solo una política distinta que no se deje llevar por los malsanos extremos podría salvar al país de caer en un abismo, combatiendo a fondo la inseguridad con políticas sociales y fortaleciendo la fuerza pública, la única que debe tener el monopolio de las armas según la Carta Magna, arrinconando la corrupción con políticas eficaces en los sectores públicos y privados, impulsando la creación de riqueza social y la generación de empleo digno, políticas que hoy enarbola Sergio Fajardo, como lo demuestra su programa de gobierno y su trayectoria limpia en la liza política.
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