A los golpes los candidatos hablan de paz
Opinión

A los golpes los candidatos hablan de paz

El primer debate público con los candidatos presidenciales no estuvo malo, estuvo pésimo

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enero 27, 2022
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El primer debate público esta semana con los candidatos presidenciales no estuvo malo, estuvo pésimo. No solo porque un encuentro de esta magnitud conducido por Vicky Dávila terminará siendo siempre un talk show entre arañazos y tirones de pelo como el Show de Cristina o el de Laura en América, sino porque los aspirantes se dejaron tentar fácil por el formato Dávila y no pasaron de fatigosos lugares comunes.

Mucho discurso de paz, de no más muertos, no nos matemos más, no nos odiemos más, sin embargo, todo en un anfiteatro y una puesta en escena de expresiones agresivas, posturas soberbias de sabelotodo; las palabras como sentencias, el rostro tenso, esos ojos fuera de sus cuencas sobre papadas a estallar; cada uno y cada una con esa tendencia manida de autoproclamarse más víctima que el otro, igual que la desorientación teatral de los Seis personajes en busca de autor, aquella obra sobre la ridiculez y el vacío, esa maravillosa tragicomedia de Pirandello.

Los planteamientos, las ideas, las propuestas, muy escasos. En su mayoría todos describen este país que aspiran a gobernar, como lo haría cualquier administrador de una propiedad horizontal (solo líos), o con el aburrimiento de un secretario o un copista que reescribe un expediente necrológico de juzgado.

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Todos describen este país que aspiran a gobernar, como lo haría cualquier administrador de una propiedad horizontal (solo líos)

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Que está plagado de rateros, de asesinos, de guerras, de bandas, de corruptos, defraudadores, evasores de impuestos, de pocos ricos y muchos pobres, de curas, impunidad, de dolor, de rabia, de políticos, de clientelas, de adhesiones, de componendas, de culpas no pagadas, de promesas fallidas, de paramilitares, de narcos, de desigualdades inicuas, de desempleo, de jóvenes sin oportunidades, de incumplimientos gubernamentales, lo sabemos de memoria, lo escribimos, lo leemos y lo mascullamos todos los días. También somos consientes de haber oído que lo mejor es su gente, que los colombianos son felices en la adversidad, que es maravillosa la diversidad, la alegría, el paisaje, los climas, la riqueza de la tierra y aquellas frases incluyentes de no toleraremos, acabaremos con, volaremos a, combatiremos a, haremos la reforma de, seremos tal, nunca más veremos…, todo eso que se afirma en campaña como ruido, esa aspiración desde la partida poco creíble, el lugar “usado y pobre”.

Se sabe que hoy la política no es el campo del poder y la libertad, el arte de gobernar, la resolución de los disensos, mucho menos el espacio de la legitimidad integral, el liderazgo o el carisma, sino un ejercicio de administración de coyunturas doblegadas a las aspiraciones de la economía que no son otra cosa que las aspiraciones de grupos económicos locales o globales (ejemplos casi todos). Mejor que el inolvidable Galeano es difícil decirlo: “ya llegará la hora en la que los banqueros se dejen de intermediarios y pasen a gobernar ellos mismos.”

Pero en cualquier caso se espera que la política ofrezca alguna respuesta, cierta esperanza, un poquito al menos de horizonte, principalmente cuando aquella respuesta la necesita un país como este en serias dificultades.

A Petro no se le elegirá por furioso, por buen estadístico, por tener la única o toda verdad a flor de boca o por haber sido torturado. A Gutiérrez no lo votarán simplemente por “chévere”; a Fajardo o a Gaviria solo por ser prudentes o distantemente filosóficos, ni a Zuluaga por dócil a las instrucciones de su patrón político. Los demás, ya se ha dicho, están en la contienda para ampliar la hoja de vida o para exigir luego al que gane las retribuciones debidas por algunos votos aportados.

Ojalá todos entendieran que es muy aburrido que hablen de los jóvenes con puras formas de viejos avinagrados; háblenles ojalá a los jóvenes no de los jóvenes, entiéndalos, háganlo con modestia, no poniéndolos como otro punto obligado en el orden del discurso.

Hagan lo mismo acerca de la paz o la guerra, despintándose algunos de ustedes las marcas que llevan en la cara como para un ritual de batalla. Acusen menos, ríanse más, alegren más, esperancen más, propongan cosas que puedan siquiera escarbar, no todo eso que apenas dicho se sabe que se envolverá y botará a la caneca apenas canten victoria.

No se dejen manosear por Vickys Dávilas y sus tendencias, por el entretenimiento de máscara contra máscara, ciérrenles la puerta a las clientelas, a los lobistas, a las maletas llenas de los empresarios que ponen una ficha en cada número de la ruleta, ya casi todos (no todos) las han abierto, pero aún tienen el tiempo y la obligación de devolverse.

 

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