A lo que se enfrentan los gobernantes en la era de pospandemia

El mundo poscovid demanda y demandará estrategias políticas diferentes, que atiendan una crisis social sin precedentes y con afectaciones hasta en lo psicológico

Por: Priscila Celedón
octubre 04, 2021
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A lo que se enfrentan los gobernantes en la era de pospandemia
Foto: Leonel Cordero

Se hace evidente, al leer la excelente crónica de Jineth Bedoya sobre la Nueva York posterior a la crisis de la pandemia —justificada en la historia de una familia migrante dominicana, sus avances en años y quiebra en esta temporada— que el mundo poscovid demanda y demandará en el futuro cercano estrategias de desarrollo diferentes, que den soporte a propuestas excepcionales en materia social, ambiental, de salud pública, de seguridad y ordenamiento de los territorios.

En especial en aquellos países y ciudades que más sufrieron los embates de la pandemia se complica la recuperación y surgen desafíos inconmensurables: con miles de muertos y duelos inacabados; cientos de sobrevivientes con secuelas; industrias, comercios y empresas destruidas, generadores de un ejército de desempleados, nuevos pobres y una población en general con serios problemas de salud mental, que desbordan los sistemas de salud, incrementando el número de suicidios, violencia intrafamiliar y jóvenes adictos a las drogas. Una juventud afectada por la impotencia, la frustración, la rabia y el dolor contenidos. Niños nacidos en años previos y durante la pandemia, que han perdido sus primeros años de aprendizaje, o que han formado su sistema de creencias, sobre el miedo, la angustia y el dolor.

La pandemia aún no termina, pero en muchas calles del mundo, sin distingos entre europeas o latinoamericanas, los ciudadanos quieren soñar que se encuentran ante el final de la pandemia y actúan como tal, cuidándose poco, liberándose de las mascarillas y abriendo con alegría la agenda de reuniones y diversión, para disfrutar con amigos la celebración de la vida. Es posible que este sea solo un momento de alivio colectivo.

Con el regreso a las calles, se hace evidente la complejidad del momento y los nuevos retos de gobiernos, candidatos, fuerza pública y dirigentes de todos los niveles. Más pobres que nunca deambulando las ciudades; ya no solo niños o artistas callejeros están en los semáforos pidiendo una moneda, sino familias completas. Cerca de los restaurantes muchos esperan las sobras de los comensales para alimentar a sus familias. Inseguridad por doquier, desde grandes robos hasta los consabidos hurtos de teléfonos y bolsos.

En muchas de estas ciudades los dirigentes aún no comprenden que es indispensable pensar y actuar diferente para superar la crisis. De hecho, los mandatarios durante lo más duro de lo que va de la pandemia hicieron caso omiso de las recomendaciones del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas y otros organismos intergubernamentales. Mandatarios que paradójicamente en el pasado, contra la voluntad de sus pueblos, siguieron sus polémicas recomendaciones de política económica; cuando efectivamente había que seguir sus consejos, no lo hicieron, con los graves resultados que apenas se están descubriendo.

Los gobernantes de América Latina han manejado bastante mal la pandemia, por ello sus efectos son mucho peores de los esperados. No tuvieron en cuenta la protección de la población, hicieron cuarentenas tardías supuestamente para proteger la economía, generando así un doble daño: tasas de mortalidad altísimas con lamentables cifras económicas, difíciles de remontar en corto tiempo. El negacionismo, la carencia de empatía con los ciudadanos, el aumento de la corrupción y la unificación de los poderes en el ejecutivo han debilitado las democracias, estando hoy agonizando varias de ellas.

Los precandidatos en Latinoamérica no auguran nada bueno. Lo ocurrido en Perú hace poco es un caso emblemático, pero también la acción de Nicaragua, la de Brasil, Venezuela, El Salvador, México, Argentina y Colombia, muestran la profundidad de la crisis y el gran malestar creado por sus dirigentes. Al mirar el mapa latinoamericano se hace evidente que no importa si están a la derecha o a la izquierda ideológica, los resultados son parecidos, con todo y que una marea de confusión digital busca culpar al opuesto del desastre actual o por venir. No es cierto, el desastre no distingue ideologías, los gobernantes de la pandemia simplemente no asumieron las acciones correctas para enfrentar la amenaza sanitaria y ahora los problemas se multiplicaron y las soluciones se ven muy lejanas.

Lo que pasó hace 100 años en la época de la transición de la gripe de 1918 permite comprender la etapa de confusión y cambios vertiginosos en la que estamos. Sin embargo, un rayo de esperanza lo aporta la historia de esa pospandemia. Los años veinte del siglo XX entregaron al mundo cambios trascendentales, que por su valor para la humanidad se han sostenido en el tiempo, como el ejercicio al aire libre, el sistema de adopción, los avances en higiene y salud pública, el desarrollo del deporte, entre muchos otros.

Hasta ahora la covid-19 ha traído una acelerada transformación digital en la educación, la salud y el trabajo. El retorno a los mercados campesinos, un mayor interés por la naturaleza, el deseo de vidas más tranquilas fuera de las ciudades, la valiosa compañía de las mascotas, así como la urgencia por detener el avance del cambio climático.

La posibilidad de una nueva década perdida para América Latina es alta. El perfil de los gobernantes del subcontinente y las condiciones de los candidatos que esperan llegar a gobernar así lo sugieren. Ellos al parecer no ven o no quieren ver que se demandan habilidades nuevas para gobernar y que las acciones de respuesta a los desafíos de la transición y pospandemia no son parecidas a lo existente y secuencial.

Como ciudadanos debemos exigir a quienes desean ser elegidos para gobernar los necesarios cambios de discurso y programas, un perfil de experiencia, conocimiento, habilidades y empatía, y la conformación de equipos de gobierno preparados y conscientes de su determinante gestión en esta época.

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