La tradicional ladrillera Santafé comenzó una nueva etapa. Una de sus fábricas de ladrillo inició el uso de energía solar. La decisión, además de ayudar al ambiente, le daría a la fábrica una reducción del 30 % de su consumo de energía. Por la complejidad del proyecto, la Ladrillera Santafé se unió a Colgás para la construcción.
La decisión, además de mejorar el impacto que esta empresa tiene en el medio ambiente, le permitirá a la fábrica reducir hasta en un 30 % su consumo de energía. Por la complejidad del proyecto, la empresa se alió a Colgás.
Colgás es propiedad de los chilenos del Grupo Angelini. Su presidente, Roberto Angelini Rossi, nació en Italia y ha hecho fortuna en el país austral. Ahora, en asocio con Andrés Uribe Crane y Carlos Andrés Uribe Arando, de Ladrillera Santafé, han instalado una batería de paneles solares en un terreno aproximado de 32.200 metros cuadrados.
La inversión asciende a los 16.000 millones de pesos. El esfuerzo se vio recompensado el pasado 22 de abril de 2026, cuando el gerente de la Ladrillera Santafé, Juan Fermín Restrepo, presentó la granja solar en Soacha.
La tradicional ladrillera Santafé

La fábrica de ladrillo fue fundada en 1955 en Bogotá, por iniciativa de José Gómez Pinzón, quien nació en Santander. Pinzón, que trabajaba en la firma de arquitectos e ingenieros Cuéllar Serrano Gómez, vio una oportunidad de negocio en la fabricación de ladrillo y emprendió la aventura.
En la década de 1950 Bogotá vivía un boom de la construcción. El contexto de la época combinó una explosión demográfica provocada por la violencia rural, la industrialización acelerada y la transición hacia una infraestructura urbana. Todo esto abrió la necesidad de materiales para la construcción, entre los que figuraban, por supuesto, los ladrillos.
Si bien las ladrilleras existían en la capital desde mucho antes, el sistema de trabajo era muy artesanal, lo que le permitió a Gómez Pinzón desarrollar un sistema de fabricación moderno e industrial. Gómez fundó su primera planta en Usme, un lugar que, por ese entonces, estaba lejos del centro urbano de la ciudad y que era considerado municipio (hoy es localidad). Allí, con unos yacimientos de arcilla que eran considerados oro, arrancó la producción.
A diferencia de otras compañías, la Ladrillera Santafé utilizó un horno Hoffman, uno de los más famosos en el cocido de piezas, con el que empezó la fabricación de los bloques. La demanda no paró de crecer y se alcanzaron a fabricar más de 7 millones de piezas anualmente, que fueron distribuidas en proyectos individuales o que surtieron los proyectos de la firma Cuéllar Serrano Gómez. Ladrillera Santafé creció a la par que lo hacía la ciudad, alimentando proyectos como las Torres del Parque, diseñadas por Rogelio Salmona entre 1965 y 1970.
En 1996 se puso en marcha una nueva fábrica en Soacha que fue llamada Soacha 3. Allí se produjeron los ladrillos estructurales, los ladrillos divisorios y los ladrillos para fachadas que luego fueron introducidos en el mercado de la construcción. Muy cerca del año 2000, la ladrillera cambió de dueños: el proyecto pasó a ser parte de la familia Uribe Campuzano.
La nueva era de la fábrica

Durante la nueva administración se siguió apostando por la innovación. De manera paralela, se buscó ser líder en los pedidos grandes. A manera de ejemplo, con los bloques se levantaron El Edén o Viva, en Bogotá, además de otros en Medellín.
Hoy, Ladrillera Santafé tiene la planta más moderna de Sudamérica para la producción de ladrillos prensados, esos que son perfectos para las fachadas de las construcciones. Ha empleado tecnología de punta, como robots en zonas de apilado y descargue, y, con casi 70 años en el mercado, sigue ratificándose como la empresa que, según sus mismas palabras, construye el país “ladrillo a ladrillo”. En esa misma línea, apostaron por la inversión en una granja solar en Soacha, que en el grupo se conoce como Soacha 3.
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