Entre denuncias de acoso y filtraciones a medios, Angie Rodríguez se mantiene en el poder. ¿Es Angie Rodríguez una ficha de la oposición en el Gobierno Petro?

 - Angie Rodríguez, la funcionaria que se atornilla en el cargo mientras filtra secretos a la oposición

Hay situaciones en la política colombiana que desafían toda lógica como, por ejemplo, la permanencia de Angie Rodríguez en altos cargos del gobierno de Gustavo Petro. No se trata de cuestionar su hoja de vida o su discutible militancia progresista, que alguna vez la llevó a ser operadora política de Clara López, sino de entender por qué alguien que sistemáticamente filtra información crítica a los medios de oposición ha estado ocupando posiciones de poder desde las cuales, paradójicamente, denuncia sentirse amenazada.

En los últimos meses, Rodríguez ha deslizado a cuentagotas a medios de comunicación como Caracol Radio, Blu Radio, El Tiempo y Semana sus desavenencias personales con Juliana Guerrero y, sobre todo, con el director de la UNGRD, Carlos Carrillo. Ha hablado de presiones y de corrupción. Ha dicho que la persiguen, que la acosan, que su vida es un calvario y, sin embargo, ha estado atornillada al cargo. ¿No es acaso contradictorio sentirse víctima de un gobierno y a la vez negarse a abandonar el barco que supuestamente la hunde?

Lo que hace más turbio este asunto es la oportunidad de sus filtraciones. Justo cuando se desveló la Operación Júpiter, las denuncias de Angie Rodríguez cobraron una virulencia inusitada por los mismos medios que hoy la presentan como una valiente denunciante. ¿Será Angie Rodríguez una especie de caballo de Troya? ¿O simplemente una funcionaria que ha sido hábilmente instrumentalizada por la oposición para hacerle el trabajo sucio?

A las filtraciones sobre corrupción y presiones se suma un nuevo capítulo: el relato de violencia política. Y aquí el mecanismo es aún más perverso. Periodistas de Caracol Radio, con su habitual destreza para construir narrativas, han amplificado esta denuncia con el objetivo explícito de mover una artificial solidaridad en los sectores del feminismo. La idea es sencilla y efectiva: presentar a Gustavo Petro como un presidente que acosa a las mujeres que lo incomodan para erosionar la imagen del gobierno. Es claro que a estos periodistas no les importa la verdad de los hechos, solo el relato. Y Angie Rodríguez, consciente o inconscientemente, les ha entregado una contundente munición.

Las amargas experiencias de Petro al confiar en aliados de derecha y de "centro" que luego resultaron ser los detonantes de los escándalos que hoy manchan su excelente gestión, deben servir como una lección inolvidable. Si Angie Rodríguez tiene pruebas de corrupción o de violencia política las que, según ella, ya ha presentado ante las autoridades competentes, debería seguir apartada de los círculos del gobierno mientras se investiga. No puede seguir dando la impresión de que sigue siendo a la vez juez, parte y filtradora de primicias para los enemigos del cambio.

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