Si algo ha puesto presente el conflicto en el Oriente Medio, es la pérdida de autoridad moral por parte de los Estados Unidos. Es como si el ataque que realizara este país, conjuntamente con Israel, el pasado 28 de febrero, le hubiera inmediatamente extinguido cualquier asomo de credibilidad. Mundialmente se reconoce hoy que su discurso de paz, democracia, derechos humanos y demás, es una gran farsa, carente del menor fundamento real.
Mucha gente se pregunta hoy cómo fue posible que al menos la mitad de la población mundial se hubiera dejado manipular durante tanto tiempo. En el discurso instaurado secularmente en Occidente, los Estados Unidos simbolizaban la justicia, la paz, las libertades, en oposición a todos sus rivales que encarnaban la dictadura, la guerra y la injusticia. Ahora, cuentas precisas indican que, de los 250 años de su existencia, solo en 15 no ha estado patrocinando guerras.
Durante dos siglos y medio los Estados Unidos han estado dedicados al saqueo violento de los recursos de otras naciones. Arrebataron, mediante el genocidio, los territorios de sus comunidades indígenas naturales, en una guerra que se extendió por décadas. Y luego, gracias a sus películas, convencieron a todo el mundo de que se trató de tribus salvajes y criminales, por consiguiente, justamente aplastadas. Por la fuerza quitaron a México la mitad de su territorio.
Igual obraron con España para hacer suyas a Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. De manera muy parecida conquistaron Hawái. Colombia perdió a Panamá debido a ellos. La primera y la segunda guerra mundiales les sirvieron para consolidar su poderío a escala internacional. Así como mediante intervenciones y golpes militares en todo el mundo aseguraron el control de las riquezas de otros países. Vietnam y el sudeste asiático son testimonios vivos de su barbarie.
Cuba, cuyo mayor crimen ha sido la solidaridad con todos los pueblos del mundo, es blanco directo de la arbitrariedad e inhumanidad de los Estados Unidos, que no le perdonan su independencia y soberanía. Irak, Somalia, Afganistán, Libia suman millones de víctimas de la brutalidad norteamericana. Sin embargo, gracias a sus poderosas cadenas informativas y a Hollywood, sus marines y tropas nos fueron siempre presentados como los salvadores y héroes.
Su cerrado apoyo a Israel y a sus expediciones de conquista de otros pueblos, nos fueron presentados durante ocho décadas como la justa respuesta al terrorismo. Novelas, series de televisión, producciones cinematográficas, revistas y toda clase de prensa hicieron de la causa sionista la más justa aspiración de un pueblo valiente. Por fortuna, todo eso se ha venido abajo. La opinión universal entiende exactamente que las cosas son al contrario.
Trump, con su ignorancia y pedantería, no es mucho peor que buena parte de quienes lo precedieron en el cargo
Y no es por Trump, quien, al fin y al cabo, con su ignorancia y pedantería, no es mucho peor que buena parte de quienes lo precedieron en el cargo. Los bombardeos indiscriminados sobre Gaza no sólo demolieron la antigua ciudad, sino que día a día fueron haciendo polvo la trabajada narrativa de quienes los ordenaban y practicaban. Las Fuerzas de Defensa de Israel pusieron en evidencia, en directo por televisión e internet, su carácter abiertamente fascista.
El mismo que resultaba indiferente para los gobiernos norteamericanos, que suministraban las armas y equipos a esos desalmados verdugos. La población del planeta, en su conjunto, empezó a tener por fin claridad en torno a los intereses y grandes negocios detrás del exterminio. La Corte Penal Internacional, la Corte Internacional de Justicia, la Relatoría de los Derechos Humanos de Naciones Unidas no pudieron callarse más, llamaron las cosas por su nombre.
Crímenes contra la humanidad. Lo cual despertó las iras de sus autores, que pasaron a sancionar y perseguir a quienes los denunciaban. Fue así como la gente comprendió por fin la verdad, la auténtica valía de Irán, el único país y gobierno que se solidarizaba moral y materialmente con las víctimas del genocidio. Propietario de una de las mayores reservas petroleras y gasíferas del orbe, era natural, además, que la avaricia imperial lo acusara de lo peor, a fin de robárselas.
Irán, señalado como la cuna del terrorismo internacional, pudo al precio de su propia sangre, desenmascarar a quiénes eran los verdaderos terroristas. Las ciento sesenta y ocho niñas asesinadas a propósito por misiles norteamericanos en Minab, se levantan de sus tumbas para probarlo. Los jefes militares y los científicos despedazados por Israel, al igual que el martirio del ayatolá Khamenei, anunciaron la altura moral de un pueblo dispuesto a todo antes de rendirse.
Escribo esta nota en medio de los aullidos del presidente de los Estados Unidos, amenazando con reducir a cenizas toda una civilización. A Israel se le permiten las armas nucleares, sin las inspecciones internacionales acordadas por todos, lo que pone de presente la hipocresía de Washington. Ya la vimos en Venezuela, que no pudo hacer más. Irán es otra cosa, ya se verá.
Del mismo autor: El Acuerdo de Paz continúa vivo y peleando
Anuncios.


