Valores elevados frente a silencios y complicidades en medio de crisis del gobierno

 - Qué tal, Iván Cepeda hablando de espiritualidad en su plan de gobierno

En su programa de gobierno, Iván Cepeda Castro incluye un capítulo sobre “espiritualidad”. Habla de dignidad, reconciliación y valores que deberían orientar la vida pública. Un lenguaje elevado, casi impecable.

La tesis es seductora: Colombia no solo necesita crecimiento, sino una transformación ética profunda. Una sociedad con sentido, fundada en la solidaridad y la convivencia. El problema no es la idea. El problema es la distancia entre el discurso y la realidad.

El contraste con el poder

Ese discurso no existe en el vacío. Convive con un entorno político marcado por controversias, tensiones institucionales y cuestionamientos a la gestión pública del gobierno de Gustavo Petro.

Debates sobre el sistema de salud, incertidumbre en vivienda, rezagos en educación y múltiples episodios que han generado preocupación pública hacen parte del contexto.

Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿cómo se traduce la espiritualidad de Cepeda cuando el poder propio enfrenta críticas serias?

El silencio como posición

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Cepeda ha sido el principal aliado ideológico y político de la agenda neocomunismo del actual gobierno. Es el protagonista actual como candidato presidencial del Pacto Histórico. Es la voz más importante hoy en día, así no vaya a debates pues su espiritualidad como palabra vacía no resiste ningún análisis frente a la realidad por parte de sus rivales, que no paran de hablar una voz con peso.

Precisamente por eso, su silencio frente a decisiones controvertidas no es neutro. En política, callar también es tomar posición.

No se trata de exigir condenas sin pruebas. Se trata de algo más básico: ejercer criterio. Marcar límites. Señalar cuando algo no corresponde con los valores que se proclaman. Cuando eso no ocurre, la ética empieza a parecer selectiva.

La espiritualidad selectiva

El capítulo de “espiritualidad” de su plan de gobierno, propone valores universales. Pero los valores universales tienen una regla simple: no pueden aplicarse por conveniencia.

No pueden ser rigurosos frente al adversario y flexibles frente al aliado. No pueden activarse en el discurso y desactivarse en la práctica. Porque cuando la ética se vuelve selectiva, deja de ser ética. Se convierte en narrativa.

Un proyecto de continuidad

El discurso de Cepeda sugiere continuidad en varias líneas del actual gobierno. Eso abre un debate legítimo: si el país necesita profundizar ese rumbo o corregirlo.

Pero aquí aparece otra tensión: por un lado, un lenguaje cargado de idealismo; por el otro, una ausencia de definiciones concretas frente a problemas reales.

La espiritualidad no reemplaza la gestión. No sustituye las decisiones difíciles. No resuelve crisis estructurales

El riesgo del discurso vacío

Cuando conceptos como “espiritualidad” no se traducen en políticas claras, indicadores y responsabilidades, quedan abiertos a cualquier interpretación.

Y en política, lo ambiguo suele ser funcional. Sin reglas, sin límites y sin posiciones verificables, la espiritualidad corre el riesgo de convertirse en un recurso retórico: alto impacto en palabras, baja exigencia en resultados.

La prueba de la coherencia

Colombia no necesita más discursos bien construidos. Necesita coherencia.

Si la espiritualidad es una guía real, debe reflejarse en decisiones concretas. En la capacidad de incomodar al propio sector cuando es necesario. En la disposición de asumir costos políticos en nombre de los valores que se defienden.

Porque al final, la política no se mide por lo que se dice, sino por lo que se sostiene. La espiritualidad, en política, no se prueba en el discurso. Se prueba en el poder. Y cuando el poder es cercano, el silencio deja de ser prudencia.

Empieza a ser definición. Iván Cepeda: espiritualidad en discurso, silencios en la realidad

Del m ismo autor: No vote por Cepeda: continuará la caída libre en el precipicio de la pobreza

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.