El calor de la ciudad amurallada suele ser el escenario de historias de realismo mágico, pero este viernes 17 de abril, el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI) se tiñe con una temática distinta. Se estrena Policiaco sin crimen, la ópera prima de Darío Vargas Linares, con una inquietante y atractiva premisa: ¿Qué sucede cuando los detectives descubren que el caso que intentan resolver es, en realidad, una mentira perfectamente diseñada?
Vargas Linares no es un extraño para la audiencia colombiana. Fue director de telenovelas tan reconocidas como "Por qué mataron a Betty". También fue consejero de comunicaciones del Presidente Cesar Gaviria, una experiencia que le abrió el camino para armar la consultora Dattis Comunicaciones.Curtido en los años dorados de la televisión nacional con títulos como En cuerpo ajeno, el director decide dar el salto a la gran pantalla. Esta no es una película fácil de tiroteos y carros deportivos a toda velocidad. Es más bien, como la considera su autor, un ajedrez intelectual donde el tablero es la mente del espectador.

Un rompecabezas sin piezas
La historia nos presenta a una pareja de investigadores privados, curtidos en la policía, que aceptan un encargo aparentemente rutinario: localizar al abuelo desaparecido de una mujer misteriosa. Uno de estos es un viejo calvo bogotano que fantasea con la secretaria de su oficina. Las inconsistencias se acumulan hasta revelar una verdad incómoda: el desaparecido no existe. Lo que sigue es una deconstrucción del noir. Los protagonistas, interpretados por un elenco que mezcla la jerarquía de Saín Castro, Jorge Alí Triana y Humberto Dorado con la frescura de talentos como Juan Benjumea, se ven atrapados en una trama donde ellos mismos son los peones.
La caída de los arquetipos
Lo que realmente separa a Policiaco sin crimen de las fórmulas clásicas es el rol de la mujer. Aquí no hay espacio para la damisela en apuros que solo sirve de adorno. Los personajes de Juana Arias y Ángela Cano son, en palabras de Vargas, las verdaderas estrategas. Su lucidez es la que desarma la lógica masculina tradicional, aportando una mirada contemporánea sobre quién tiene realmente el control de la realidad.
Con una estética que evoca la nostalgia de los años 60 y un ritmo que bebe directamente del lenguaje del cómic, la película se siente como una pieza de pop-art oscuro. Es un puente entre la vieja guardia del cine colombiano y una nueva forma de contar el suspenso.
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