Esta es la historia de cuatro sobrevivientes que nadaron 110 horas cargando el cuerpo de su compañero muerto, tras ser desechados como carga por una naviera

 - La historia de los 5 chocoanos que botaron al mar desde un barco coreano en el que buscaban una mejor vida

El hecho ocurrió a finales de los 80 en pleno mar abierto y en un buque transatlántico coreano, el cual acababa de salir del puerto de Santa Marta. Cinco polizones afrodescendientes del Chocó, departamento a orillas del Pacífico, se desplazaron hasta la capital del Magdalena para colarse en la embarcación. El motivo de elegir ese puerto fue la cercanía de los barcos a la playa, lo que les permitió nadar sigilosamente y subir por la cadena del ancla hasta la cubierta.

Una vez dentro, se escondieron en varios lugares, incluyendo la chimenea. Duraron allí dos días alimentándose solo con pan y agua. Sin embargo, al tercer día fueron descubiertos por la tripulación y la aventura se convirtió en tragedia al ser arrojados al mar solo con lo que llevaban puesto.

Un contexto de olvido y fuego

A finales de los años 80, Colombia estaba teñida por la violencia del narcotráfico, pero en el Chocó la realidad era el silencio y la miseria extrema, con más del 60 % de la población en condiciones precarias. Ante la falta de oportunidades y el asomo de las guerrillas y el narcotráfico, muchos jóvenes veían en la migración la única salida para romper el ciclo de pobreza.

En aquellos años, era una práctica atroz —aunque rara vez denunciada— el trato que recibían los polizones en buques de banderas asiáticas: lanzarlos al mar era más "económico" que desviarse a un puerto. Cinco vidas afrocolombianas valían menos que un día de retraso o unos cuantos litros de combustible.

La odisea: 110 horas contra el mar

Los arrojaron por la borda sin salvavidas ni comida. Durante cuatro noches y cinco días lucharon contra calambres, el terror a los tiburones y el sol tropical que les dejó la piel en carne viva. De día el suplicio era el fuego del sol; de noche, el frío que les penetraba hasta los huesos.

Al quinto día avistaron tierra en Ciénaga, Magdalena. Llegaron cuatro con vida; el quinto había muerto apenas dos horas antes de tocar la playa. En un acto de profunda humanidad, los sobrevivientes cargaron el cuerpo sin vida de su compañero entre las olas, arrastrándolo hasta la arena para no abandonarlo.

Años después, en 2026, esta crónica recuerda que el Chocó que dejaron atrás no mejoró. El mar Caribe devolvió cuatro cuerpos destrozados, pero el verdadero naufragio sigue siendo el de un país que obliga a sus hijos a elegir entre la miseria o la muerte.

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