Si hay algo que demuestra que la administración de Trump no tiene límites cuando de detener personas migrantes se habla es lo que está sucediendo en los hospitales de múltiples estados del territorio.
El 24 de enero se reportó que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha llevado a cabo un número sin precedentes de detenciones: más de 70 mil personas en 225 centros, con un incremento significativo del 70% de detenidos sin ningún tipo de antecedente. Muchos de ellos tienen arraigo comunitario, vínculos familiares y años de residencia en Estados Unidos, frente a un porcentaje de solo el 10% con condenas penales; pero, claro, esta no es la prioridad para la administración.
Austin Kocher, especialista en inmigración, explicó que dentro de este grupo de personas con antecedentes detenidas, solo una fracción muy pequeña corresponde a delitos violentos graves o amenazas reales para la seguridad pública, lo que contradice completamente el discurso de la administración de Trump al asegurar que solo se concentran en “los peores de los peores”.
La situación se ha incrementado con la noticia difundida por el medio KFF sobre la gran encrucijada a la que se enfrentan muchos inmigrantes, luego de que la administración de Trump le diera a ICE acceso directo a la base de datos de Medicaid, que contiene información como direcciones y estatus migratorio de las personas inscritas, lo que pone en riesgo a los inmigrantes que necesiten acudir a hospitales en caso de emergencia.
Según explica Leonardo Cuello, investigador de la Universidad de Georgetown, la mitad de los casos de Medicaid por emergencia corresponden a partos de bebés ciudadanos estadounidenses. ¿Queremos acaso que esas madres eviten ir al hospital cuando estén en labor de parto? ¿O acaso la deshumanización hacia los inmigrantes ha llegado tan lejos como para que las personas tengan que decidir entre su salud o el riesgo de no permanecer en el país?
Ahora que nos encontramos frente a la ola de detención migratoria más grande de la historia, deberíamos preguntarnos qué tiene que pasar para que volvamos a vernos unos a otros como humanos y no como simples números de migrantes llegando a un nuevo país. ¿Qué límites se deben seguir cruzando hasta que la humanidad entienda que la discriminación ha matado a más personas que cualquier arma? ¿Hasta cuándo seguiremos llamando política a lo que, en el fondo, es un sistema de exclusión y miedo?
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