La ingeniera aeroespacial Diana Trujillo se hizo ampliamente reconocida en 2020, cuando participó en la misión Mars 2020 Perseverance que logró recoger muestras del planeta rojo. Desde entonces, su nombre empezó a sonar con fuerza en Colombia. Más allá de esa visibilidad, su trabajo dentro de la agencia espacial ha seguido un curso constante. Allí hoy ocupa uno de los roles más exigentes en la misión Artemis II.
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Artemis II es el primer vuelo tripulado que rodeará la Luna en más de medio siglo, desde los tiempos del programa Apollo. Aunque no aterrizará en la superficie lunar, su propósito es validar todos los sistemas de la nave Orion antes de un alunizaje previsto en los próximos años. Es, en esencia, una prueba decisiva que marcará el regreso de los humanos al entorno lunar, incluyendo la observación directa de la cara oculta del satélite.
En ese proceso, cuatro colombianos participan en silencio, lejos del ruido mediático, con responsabilidades concretas y técnicas que inciden directamente en el éxito de la misión. Sus trayectorias no son iguales, pero comparten un punto de partida común: una formación en Colombia y una decisión de migrar o vincularse a escenarios donde la industria aeroespacial exige precisión y constancia.
Diana Trujillo, nacida en Cali, es hoy directora de vuelo. Desde el Centro de Control de Misiones en Houston coordina equipos que monitorean en tiempo real cada fase de la misión. Su función implica tomar decisiones bajo presión, integrar información de múltiples sistemas y garantizar que la operación avance sin fallas. Su camino hasta allí comenzó en condiciones distintas. Llegó a Estados Unidos siendo adolescente, con recursos limitados y sin dominio pleno del idioma. Durante sus primeros años trabajó en oficios básicos mientras se formaba académicamente. Estudió en la Universidad de Florida y luego en la Universidad de Maryland, y su entrada al Laboratorio de Propulsión a Chorro marcó el inicio de una carrera que la llevaría a participar en misiones a Marte y a la Estación Espacial Internacional.
Otra de las colombianas en Artemis II es Liliana Villarreal, nacida en Cartagena. Su rol está enfocado en la fase final de la misión. Es directora de aterrizaje y recuperación, lo que significa que será responsable de coordinar el operativo que permitirá que la cápsula Orion regrese de forma segura a la Tierra y americe en el océano. Su trabajo no comienza en ese momento, sino mucho antes, con la planificación de protocolos, simulaciones y coordinación con equipos marítimos y de rescate. Villarreal llegó a Estados Unidos siendo niña y desde temprana edad mostró interés por el espacio. Se vinculó a la NASA en 2007 y ha construido una carrera técnica que hoy la ubica en un punto crítico de la misión: el regreso seguro de la tripulación.
El tercer colombiano es Iván Ramírez, ingeniero mecánico formado en la Universidad Nacional. Su trabajo está ligado a los sistemas de propulsión, uno de los componentes más sensibles en cualquier lanzamiento espacial. Desde su rol como analista en Boeing, empresa clave dentro del programa Artemis, se encarga de evaluar el comportamiento de los combustibles y de los motores del cohete. Su labor consiste en anticipar fallas, modelar escenarios y asegurar que el despegue se realice dentro de los parámetros establecidos. Aunque en algún momento consideró la posibilidad de ser astronauta, su carrera tomó un rumbo distinto, enfocado en el diseño y análisis técnico que hace posible que otros viajen al espacio.
El cuarto nombre es el de Juan Felipe García, el más joven del grupo. Nacido en Bucaramanga y egresado de la Universidad Pontificia Bolivariana, hace parte de un equipo internacional que desarrolla soluciones para la industria aeroespacial. Aunque no está vinculado directamente a la NASA, su trabajo contribuye a proyectos asociados a la misión. Participó en propuestas orientadas a optimizar componentes del cohete, especialmente en lo relacionado con eficiencia de combustible. Su inclusión en este entorno se dio tras ser seleccionado entre decenas de jóvenes a nivel global, lo que evidencia un proceso competitivo en el que logró destacarse por su perfil técnico.
Los cuatro representan distintas etapas de una misma historia: la de profesionales formados en Colombia que encuentran espacio en uno de los sectores más exigentes del mundo. Ninguno llegó allí por exposición mediática. Sus trayectorias están marcadas por procesos largos, decisiones personales y una adaptación constante a entornos altamente especializados. Mientras la misión Artemis II avanza y se prepara para ofrecer nuevas imágenes del entorno lunar, incluyendo zonas que no son visibles desde la Tierra, el trabajo de estos colombianos ocurre en segundo plano. No aparecen en las fotografías ni forman parte de la tripulación, pero sus decisiones, cálculos y coordinaciones son parte del engranaje que permite que la misión funcione.
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