Asistimos a lo que parece un engaño que, en un país con mayor rigor político, le quitaría credibilidad a cualquier aspirante al primer cargo de la Nación. En Colombia, por el contrario, algunos candidatos prefieren no mostrarse como han sido durante su vida pública, intentando negar un pasado reciente por mera conveniencia electoral cuando descubren que sus antiguos procederes ya no suman votos.
El caso de la senadora Paloma Valencia es un ejemplo puntual. Hasta hace poco, sostenía con vehemencia su lealtad absoluta: “Uribe es mi papá”. Se encargó de que en redes sociales se conocieran sus tácticas de ausentismo calculado para sabotear las reformas del Gobierno, celebrando el hundimiento de los debates sin sonrojarse.
Pero hoy, a través de los medios, solicita a quienes no comulgamos con sus lealtades hacia el expresidente Uribe que la apoyemos, pidiendo que “la miremos con otros ojos”. Según su nueva narrativa, tras el pasado 8 de marzo ya no representa a la derecha natural; ahora se proyecta de centro, e incluso con matices de izquierda, usando como prueba la elección de su fórmula vicepresidencial.
En este afán por "lavar" la imagen de su aspiración, eligió a Daniel Oviedo como compañero de campaña. No parece ser una decisión basada en la afinidad de temas, sino en un cálculo aritmético: Oviedo obtuvo más de un millón cien mil votos, una cifra nada despreciable en estas épocas.
A mi modo de ver, tanto ella como el expresidente Uribe se equivocaron en esta designación por una razón fundamental: Daniel Oviedo, en las semanas previas a las elecciones, se dedicó a reconocer logros del actual gobierno, lo que le granjeó simpatías en sectores de opinión y de izquierda. Sumado a esto, el estigma que recibió por su tendencia sexual le sumó seguidores ocasionales. Los votos de Oviedo son votos de opinión que, al verse en un programa de gobierno diametralmente opuesto, difícilmente regresarán.
El mejor consejo para la senadora es que no intente negar sus orígenes ni prometa que, de salir elegida, no le hará caso a su "papá" político. ¿Acaso no aprendió de la experiencia de Santos?
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