El debate sobre el salario revive la indignación por los ingresos de los congresistas, que superan $160 millones en beneficios frente al ingreso del ciudadano

 - La enorme brecha entre el salario de los congresistas y el ingreso con el que sobreviven millones de colombianos

La calidad de vida del ser humano se concentra en el bienestar, estado integrado por la salud física, social (sociopsicológica), psicológica y política, que se debe identificar por la homeostasis: capacidad para regular de manera simétrica estos factores mencionados. Abraham Maslow (líder de la psicología humanista) identificó lo anterior como una jerarquía de las necesidades humanas, creando la “pirámide de Maslow” en cinco niveles: fisiológico, seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización.

Lo físico (fisiológico) es, simplemente, tener una buena nutrición y un estado físico que permita realizar las actividades cotidianas; buen descanso, sueño y, en lo posible, la ausencia de la enfermedad (esperanza de vida). Es tener una vejez exitosa y una muerte digna sin sufrimientos. En lo social (seguridad, afiliación), apunta a construir entornos seguros (sin violencia ni criminalidad), un bienestar material (empleo digno, buenos ingresos, vivienda, servicios públicos), desarrollo cognitivo y progreso crítico social.

Lo psicológico se relaciona con lo racional (cognitivo), afectivo (emocional) y su actuar (volitivo). Sus efectos, en contextos tóxicos, se materializan con el estrés, ansiedad, pérdida de la autoestima y desesperanza aprendida. Lo político, en realidad, es el factor transversal que afecta el entorno de vida: la legitimidad del Estado, la legalidad y la gestión gubernamental transparente.

El salario como derecho humano vital

Se estarán preguntando qué tiene que ver todo esto con el salario (renta). El dinero, bien manejado y distribuido equitativamente, permite satisfacer las necesidades personales y sociales. Constitucionalmente, tenemos la obligación de sostener el Estado a través de obligaciones tributarias, pero igualmente tenemos la obligación de subsistir y sacar una familia adelante.

De estos ingresos familiares se deben priorizar gastos: arriendo, alimentación, transporte, educación, servicios públicos, salud, vestuario, recreación y ahorro. Es aquí donde tiene importancia el salario vital sobre el salario real (que depende de la inflación). El vital debe ser el punto de referencia para implantar los demás salarios de acuerdo con la Clasificación Única de Ocupaciones para Colombia (CUOC), decreto 654 de 2021. En esta clasificación no se ven las ocupaciones políticas (alcaldes, ministros, congresistas), que deberían estar allí con un nivel de responsabilidad asociado a su gestión.

La brecha de la indignación

Para Colombia, los funcionarios públicos deberían tener ingresos escalados de acuerdo con el salario vital y sus responsabilidades. El salario más alto sería para el señor presidente, y los demás se ubicarían entre este y el salario vital.

Actualmente, el salario de los congresistas es de $52 millones; sumando apoyos para UTL ($85 millones) y seguridad ($25 millones), el total de beneficios ronda los $162 millones. Lo triste es que estos cargos son clasificados por marcos legales elaborados por ellos mismos, frecuentemente influenciados por el nepotismo o títulos falsos. El salario del pueblo está determinado por la productividad; el de los políticos, muchas veces, por la simple “presencialidad”.

Sostenibilidad en la Propiedad Horizontal

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Finalmente, en el foro “Efectos del salario mínimo en la sostenibilidad financiera de la PH” (03 de marzo de 2026), con la presencia del ministro Antonio Sanguino, se visualizó que las cuotas de administración consumen por lo menos el 80% del presupuesto en vigilancia privada y servicios de aseo.

Las empresas de vigilancia determinan valores a partir de un salario base, horas extras y recargos. Se requiere que la Superintendencia de Vigilancia, el Ministerio del Trabajo y las organizaciones sociales elaboren estudios para fijar tarifas mínimas que no afecten la ganancia real de los residentes. La sostenibilidad de las copropiedades depende de la cantidad de viviendas; el valor de los servicios varía poco entre conjuntos pequeños o grandes, lo que presiona el bolsillo del copropietario.

También le puede interesar:

Anuncios.