Uno de los mayores retos del siglo XXI es el rápido crecimiento de las ciudades capitales de Colombia. En el último siglo, nuestro territorio ha pasado a ser rápida y predominantemente urbano. Según el Manual de Innovación Expansión Urbana Ordenada, Colombia, al igual que muchos otros países de América Latina y el Caribe, ha sido rápidamente urbanizada en las últimas décadas. La población que habita en centros urbanos (34,7 millones) representa un 78% actualmente, y las proyecciones indican que alcanzará 83,5% del total en 2035 —el equivalente a la población total actual del país hoy (45 millones)—.
En la actualidad, 63 ciudades tienen más de 100 mil habitantes, mientras que en 1951 había solo seis. Debido a esta dinámica de crecimiento, la población colombiana localizada en las ciudades pasó de representar el 40% del total en 1951 al 78% en 2010, y se estima que alcanzará el 86% en 2050. Como tal, las ciudades colombianas afrontan algunos de los desafíos más urgentes de sus habitantes, los cuales son tan diversos como el desempleo, el cambio climático, el deterioro ambiental, el caos vehicular y el déficit de espacio público efectivo.
Pero las ciudades también tienen la llave para abrir el desarrollo urbano nacional. Ellas brindan oportunidades reales para desencadenar un enorme potencial económico, aumentar la eficiencia energética, reducir las desigualdades y crear medios de vida sostenibles para todos. La historia ha demostrado que los procesos de urbanización conducen al desarrollo. También está claro que la urbanización es una fuente, en lugar de ser simplemente un subproducto del desarrollo.
En Colombia, las ciudades y las poblaciones en crecimiento enfrentan desafíos adicionales, que incluyen: un alto porcentaje de personas viviendo en tugurios; la expansión y predominio del sector informal; servicios urbanos básicos inadecuados, especialmente agua, saneamiento y energía; la expansión periurbana no planificada; el conflicto social y político sobre los recursos de la tierra; los altos niveles de vulnerabilidad a los desastres naturales; y los sistemas de movilidad inadecuados. Si bien las ciudades desempeñan un papel fundamental como motores del desarrollo económico y social, estos retos tienen que ser abordados a través de la planificación y la gobernabilidad efectiva.
Aprovechar la oportunidad que ofrece la urbanización para promover el desarrollo humano sostenible es uno de los desafíos que enfrentan muchos de los territorios nacionales en los que trabaja el Gobierno Nacional. Lamentablemente, muchas ciudades colombianas en desarrollo carecen de estrategias para el ordenamiento territorial. El ordenamiento territorial, donde se lleva a cabo, tiende a ser inadecuado para hacer frente a los muchos desafíos que resultan endémicos en una rápida expansión urbana.
Prueba de esto son las políticas de ordenamiento territorial ineficaces e insostenibles, la zonificación excesiva y su inadecuada aplicación, los desarrollos muy lejos del corazón de la ciudad, la conectividad deficiente como resultado de una insuficiente asignación de suelo para calles y sistemas de transporte, la falta de diseño urbano adecuado que permita una óptima densidad y la carencia de evaluación de los riesgos ambientales. El resultado de un ordenamiento territorial ineficiente o inexistente limita el potencial económico e incide en la salud, las oportunidades y en el bienestar de los habitantes de la ciudad.
Para las economías en desarrollo, el ordenamiento territorial adecuado puede ser simple y ejecutable, flexible y sensible a los cambios de las necesidades locales. Los gobiernos municipales deben contar con la capacidad suficiente para facilitar acuerdos entre los habitantes, en el sentido de construir confianza social, y arbitrar los conflictos de interés cuando ocurran, incluso las controversias sobre el suelo. Con suficiente capacidad y un ordenamiento territorial apropiado, las ciudades pueden aprovechar la oportunidad para el desarrollo que la urbanización representa. Las ciudades pueden generar economías de escala, mejorar la productividad, facilitar el intercambio de ideas y fomentar la innovación.
Los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) deben ser diseñados para cubrir la brecha entre la dimensión técnica y la dimensión política del ordenamiento territorial, así como para ayudar a las autoridades locales a comunicarse mejor con sus secretarías de planeación y formular estrategias más concretas. Muy a menudo el ordenamiento territorial se ha desconectado de la realidad del día a día y de las necesidades de los ciudadanos.
Los POT deben ofrecer estrategias prácticas y una visión de cómo los líderes de las ciudades colombianas pueden tener éxito en el aprovechamiento de las capacidades y conocimientos de las comunidades, los profesionales y el sector privado, haciendo frente a las necesidades urgentes de desarrollo territorial. Es necesario un nuevo enfoque del ordenamiento territorial, en el que los líderes locales se dediquen principalmente a la configuración del futuro crecimiento de nuestras ciudades.
Creo que los POT no solo deben crear conciencia y fortalecer las capacidades, sino también brindar orientaciones para futuras iniciativas en este sentido. Como parte del Plan Nacional de Desarrollo “Colombia Potencia Mundial de la Vida”, el Gobierno Nacional lanzó el pilar de transformación “El ordenamiento alrededor del agua”, cuyo objetivo es que la protección de la biodiversidad y las personas sean el centro de la planeación de los territorios, permitiendo a la población tener hábitats resilientes a los cambios del clima, donde se protejan los recursos naturales y se garantice el bienestar de la población mediante el respeto por el agua y el acceso a los servicios ecosistémicos. Este pilar de transformación, sin duda, servirá como una base importante en la estrategia para el cambio, preparando y motivando a comunidades, sector privado y sus autoridades en todos los territorios nacionales.
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