Una casa de madera de dos pisos fue el último refugio del capo que se acostumbró a vivir custodiado de vírgenes y santos y hombres que no pudieron defenderlo

 - La cómoda casa en el bosque donde El Mencho pasó sus últimas horas junto a una joven modelo

Las imágenes religiosas estaban alineadas sobre una mesa pequeña, en una de las cuatro habitaciones de la cabaña 39. La Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo, San Chárbel. A un lado, un libro de oraciones dedicado a Santa Rita de Casia y un escapulario del Sagrado Corazón de Jesús. Eran los símbolos a los que Nemesio Oseguera Cervantes acudía en busca de protección. Permanecieron allí cuando los militares mexicanos forzaron la puerta principal de madera y entraron en medio de disparos. Permanecieron intactas como testigos cuando el hombre más buscado de México salió hacia el jardín trasero intentando escapar entre los árboles.

Oseguera, conocido como El Mencho, llevaba décadas moviéndose entre escondites. Tenía 59 años y sobre su cabeza pesaba la recompensa de 15 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos que ayudó a encontrarlo. Para Washington era uno de los principales responsables del tráfico de fentanilo y del crecimiento del Cartel Jalisco Nueva Generación, una organización que expandió su presencia con violencia y recursos financieros suficientes para desafiar al Estado mexicano en varias regiones del país.

La cabaña

El último refugio de Oseguera no estaba en una cueva remota ni en una comunidad aislada. Se encontraba en el exclusivo condominio del Tapalpa Country Club, en el municipio de Tapalpa, un pueblo catalogado como destino turístico de montaña. El lugar es conocido por sus cabañas de descanso, sus rutas de senderismo, su campo de golf y la cercanía con un lago frecuentado por visitantes de fin de semana. Desde Guadalajara se llega por carretera en dos horas.

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La propiedad era parte de un complejo de cabañas que operaba como resort ecoturístico. Construida en ladrillo, madera y teja, la residencia tenía dos niveles, amplios ventanales y acabados de madera fina. La entrada conducía directamente a una cocina y comedor abastecidos con frutas, verduras, carne y pescado. En el refrigerador también había medicamentos, entre ellos Tationil Plus, utilizado como complemento terapéutico para la insuficiencia renal, enfermedad que padecía el capo.

En la planta baja se distribuían las áreas comunes y una habitación. En el segundo nivel había tres recámaras adicionales, cada una con baño independiente, camas amplias y muebles finos de madera. Las habitaciones estaban desordenadas: ropa deportiva, perfumes de distintas marcas, artículos de higiene personal y cremas faciales. En la recámara principal, además del altar religioso privado de El Mencho, se encontró una carta fechada en enero de 2026 con el Salmo 91, una oración que invoca protección ante el peligro.

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El Mencho no estaba solo. Vivía allí con una docena de escoltas de extrema confianza, hombres fuertemente armados que custodiaban los accesos y vigilaban los alrededores. El lujoso condominio rodeado de pinos y jardines ofrecía privacidad y una apariencia de normalidad. Muchas de las casas allí se rentan por temporadas, lo que hace que los residentes cambien constantemente. En ese entorno, la presencia de camionetas y visitantes no resultaba necesariamente sospechosa.

La mujer

Las autoridades mexicanas llegaron hasta la cabaña tras seguir la pista de un contacto cercano a una creadora de contenido para adultos. La mujer, que publicaba sus videos y fotos en una plataforma para adultos, tenía encantado a El Mencho. Según la información oficial, el 20 de febrero la mujer fue trasladada hasta el complejo turístico para encontrarse con el capo. El enlace que organizó el traslado de la joven mujer fue identificado por los equipos de inteligencia, que monitoreaban movimientos asociados al círculo íntimo del líder criminal.

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La mujer de cabellos claros y ojos azules permaneció en la propiedad hasta el 21 de febrero. Su presencia no alteró la rutina del lugar. Después de su salida, las autoridades confirmaron que Oseguera seguía en la cabaña acompañado por su equipo de seguridad. Se abrió entonces una ventana de oportunidad: capturarlo cuando el círculo armado era limitado y antes de que se desplazara nuevamente a otro escondite.

La cacería

El operativo incluyó helicópteros y fuerzas especiales del Ejército y de la Guardia Nacional. A primera hora de la mañana comenzaron los sobrevuelos. Los disparos rompieron la tranquilidad habitual del fraccionamiento. La chapa de la puerta principal fue forzada para ingresar. Desde el interior, los escoltas respondieron con fuego. El enfrentamiento se extendió hacia el exterior de la vivienda.

Durante el ataque, Oseguera salió por la parte trasera de la casa junto con dos de sus guardaespaldas. El jardín conecta con una zona de matorrales y un cerro cercano. Intentó refugiarse entre los pocos árboles que rodean la propiedad y se ocultó entre la maleza. Allí fue localizado por los agentes. Estaba herido de gravedad. Los dos hombres que lo acompañaban fueron dados de baja.

En total, ocho miembros del grupo armado murieron durante el operativo. El líder del CJNG fue trasladado en helicóptero hacia un hospital, pero falleció en el trayecto. La escena final quedó marcada por la imagen aérea difundida por la Secretaría de la Defensa: la cabaña dentro del conjunto residencial, rodeada de bosque, convertida en escenario de un enfrentamiento que puso fin a la carrera criminal de uno de los capos más buscados del mundo.

El municipio, de cerca de 20.000 habitantes, quedó en silencio tras la operación. Los negocios cerraron temporalmente y las calles se vaciaron. Aunque el pueblo había sido señalado años atrás por las autoridades estadounidenses como posible espacio de operaciones financieras ligadas al CJNG, muchos residentes aseguraron desconocer que el narcotraficante estuviera allí.

La casa, visitada un día después por los periodistas, mostraba las señales del ingreso forzado y del enfrentamiento. En la cocina quedaban alimentos sin preparar. En las habitaciones, la ropa seguía dispersa. El altar religioso permanecía intacto. Las imágenes y objetos devocionales que acompañaron las últimas horas de Oseguera fueron testigos de su caída. La combinación de lujo discreto, bosque y vigilancia privada parecía suficiente. No lo fue.

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