La teoría olvidada que explica por qué el Estado siempre parece estar en crisis

Claus Offe explica por qué el Estado no es neutral ni todopoderoso: vive entre crisis, contradicciones y luchas sociales que lo hacen, a la vez, solución y problema

Por: Horacio Duque
enero 31, 2026
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La teoría olvidada que explica por qué el Estado siempre parece estar en crisis

El debate sobre el Estado y sus implicaciones teóricas y políticas mantiene vigencia por sus impactos en el funcionamiento del gobierno y sus instituciones.

En ese sentido, resulta oportuno rescatar el análisis de Claus Offe, quien realiza sus pesquisas sobre el Estado con un instrumental teórico que contempla el marxismo, el hegelianismo, el pensamiento weberiano y una versión crítica de la teoría de sistemas.

Las formaciones sociales del capitalismo tardío son abordadas por Offe como complejidades conformadas por tres subsistemas relacionados pero distintos: 1) estructuras de socialización guiadas por normas; 2) economía capitalista basada en bienes y relaciones de intercambio; y 3) Estado organizado mediante mecanismos de poder y coacción político-administrativa. La retroalimentación entre estos subsistemas revela su debilidad: cuando uno se “traga” a los demás o sus demandas se tornan incompatibles, emergen crisis estructurales.

Para Offe, los Estados de bienestar dejan de ser una solución viable a los problemas de las sociedades capitalistas tardías, pues las demandas de los nuevos movimientos sociales y las nuevas formas imperiales del capital ya no pueden ser gestionadas de manera exitosa por el sistema político-administrativo de los gobiernos. El Estado organiza y planea, pero la resistencia social y el conflicto político interno producen más fracasos que éxitos. Las estrategias para la gestión de la crisis tienden a generar nuevas manifestaciones de crisis. En esos términos, el Estado es la solución y el problema.

Offe afirma que el Estado no es una “superestructura” por encima de la sociedad, ni un instrumento que responda de manera inmediata a los intereses de clase particulares de la burguesía, ni un órgano neutral que regule los conflictos sociales. El Estado es asumido en el contexto de una totalidad social como un “subsistema institucional” que: 1) expresa y está determinado por las contradicciones de la sociedad capitalista y, 2) imbrica una estructura institucional de compromiso y legitimidad que las clases sociales desarrollan en el curso de cada proceso histórico.

Desde esta perspectiva, Offe invita a mirar el Estado no como una máquina neutra de administración, sino como un campo de lucha, contradicción y reproducción social. El Estado moderno está atravesado por tensiones estructurales: debe garantizar la cohesión social, pero también reproducir las condiciones del capital.

Estado y crisis

El Estado no puede ser comprendido sin la noción de crisis. De hecho, el Estado es un mediador de las crisis. Gestiona las crisis del capitalismo reforzando sus propias lógicas. Según Offe, existen tres tipos de crisis: económicas, políticas y de legitimidad. Cada una suaviza los conflictos entre las clases en el marco del subsistema económico, pero también reconfigura los circuitos de intercambio de valor, dinamizando una dialéctica que mercantiliza y desmercantiliza las formas de socialización.

Si la mercantilización fuera la única forma de socialización, la sociedad se paralizaría. Los procesos de mercantilización y desmercantilización expresan la injerencia del Estado en la valorización o desvalorización de las formas de socialización. Aquí se encuentra el núcleo de la autonomía relativa del Estado, pues, aunque influido por el capital, no es un simple instrumento: posee márgenes de acción condicionados.

El Estado es un conglomerado multifuncional y heterogéneo de instituciones políticas y administrativas cuyo propósito es manejar las estructuras de socialización y la economía capitalista, garantizando ciertas formas de socialización no sometidas directamente a la ley del valor con el fin de obtener legitimidad. El Estado benefactor garantiza la expansión de la economía capitalista y, al mismo tiempo, capta un excedente económico necesario para la reproducción de una burocracia estatal que redistribuye el ingreso y produce “legitimidad de masas”.

Offe retoma y radicaliza a Weber al mostrar cómo la burocracia imbrica la forma de dominación racional que, finalmente, oculta formas estructurales de exclusión. El Estado produce sentido, identidad, pertenencia… y exclusión.

Las formas de resistencia

Frente a la crisis del Estado de bienestar, Offe identifica tres formas contemporáneas de resistencia que deben ser consideradas.

Una “nueva derecha”

En primer lugar, señala el surgimiento de una “nueva derecha”, apoyada por fracciones del gran capital y sectores de las clases medias, que impulsa la radicalización del libre mercado y la mercantilización absoluta de los otros subsistemas sociales. Esta corriente reduce la importancia del poder administrativo en beneficio del mercado y sostiene que quienes resulten afectados deberán modernizarse o desaparecer. Offe advierte sobre esta fuerza, pero duda de su capacidad para generar formas estatales estables y coordinadas.

La resistencia corporativista

La segunda fuerza corresponde a las formas de apoyo corporativistas supervisadas por el Estado, que buscan reactivar la mercantilización para aliviar problemas fiscales y de planificación. Esta estrategia intenta excluir a los sectores altamente politizados y concentrar la negociación entre grupos de interés como el trabajo y el capital, con el fin de contener las exigencias sindicales y de los nuevos movimientos sociales. Según Offe, solo sería viable en contextos donde la oposición al capital sea débil.

El “socialismo democrático”

La tercera estrategia es la del socialismo democrático, que propone una alianza entre fuerzas democráticas, nacionales, sindicales y socialistas para construir una sociedad del bienestar cuyas necesidades sean determinadas de manera autónoma mediante formas descentralizadas y sometidas a control público. Offe considera que los nuevos movimientos sociales, a los que denomina “postmaterialistas”, podrían facilitar esta reorganización social.

Ante la pérdida de legitimidad de los partidos políticos “atrapalotodo”, el desplazamiento del foco de politización se plantea como una apuesta por una sociedad civil o multitud socialista. No se trata solo de luchar contra el Estado, sino de disputar sus políticas de intervención para construir formas de socialización más allá de la ley del valor y de la representación política tradicional.

La “selectividad estructural”

Finalmente, Offe introduce el concepto de “selectividad estructural”, una de sus grandes aportaciones teóricas dentro de la tradición marxista. Con este concepto busca superar el dilema entre concebir al Estado como una simple máquina de clase o como una institución neutral. El Estado no actúa directamente como instrumento de una clase, pero sus estructuras favorecen sistemáticamente ciertos intereses sobre otros. Este debate resulta clave para analizar las implicaciones del Estado en contextos nacionales específicos, cuestión que queda abierta para un desarrollo posterior.

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