La violencia movilizada por redes criminales que sufre Buenaventura requiere la respuesta institucional y una gran creatividad social para enfrentar la crisis.

 - ¿Cuándo será la Buena ventura?

Cada vez que las comunidades rurales y urbanas de Buenaventura sufren las consecuencias de la violencia, el confinamiento, el desplazamiento y el despojo, el término “crisis” se queda corto, se desgasta, se convierte en una angustia colectiva que no encuentra solución. A pesar de los esfuerzos, las respuestas institucionales y los acuerdos sociales siguen sin consolidarse de manera efectiva. Hoy, ante el grave control armado de los grupos criminales sobre la ciudad, como sociedad tenemos la responsabilidad de reconocer a las comunidades del puerto y de garantizar condiciones dignas de vida en este territorio. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cómo avanzar en una solución real que frene el confinamiento, el desplazamiento y la amenaza constante a los barrios y veredas que cada vez se sienten más aisladas y fragmentadas, trascendiendo a un horizonte de vida más estable y comunal?

El pueblo de Buenaventura ha intentado numerosas vías de acción: desde paros cívicos y largas negociaciones con el Estado, pasando por mesas de trabajo con instancias locales, departamentales, nacionales e internacionales, hasta la ejecución de programas para la población juvenil y las comunidades de baja mar, que son las más afectadas. En este momento, se destaca la propuesta de mesas socio-jurídicas con los grupos criminales de la ciudad, que tiene como objetivo fomentar su sometimiento a la justicia. También se han desarrollado acompañamientos internacionales, de grupos religiosos y la realización de proyectos de corto plazo para desescalar las violencias que, sin embargo, dejan vacíos y poco avanzan en resolver las demandas sociales que continúan creciendo. Las responsabilidades en este asunto son complejas y vienen del largo plazo, involucran a varios gobiernos nacionales, departamentales y locales, cuyas promesas no cumplidas son evidentes. La falta de resultados por parte de los organismos de control para hacer justicia frente a las evidentes fallas institucionales y a la acumulación de crímenes, solo aumenta la desconfianza de la ciudadanía y de las organizaciones sociales del puerto, que ven cómo sus esfuerzos son constantemente desoídos e ignorados.

No se trata solo de más batallones en las calles, quedadas las circunstancias, se requieren; lo que especialmente se necesita es más imaginación social

La situación actual, está marcada por ciclos de tregua y enfrentamientos entre bandas armadas en los barrios, acompañadas por el gobierno nacional dentro de su iniciativa de “paz total”. Sin embargo, los resultados no difieren de intentos previos: se pierden en el limbo de la desinformación mediática, en la lentitud de las instituciones y en la falta de coordinación entre los diferentes niveles del Estado. El diagnóstico sigue siendo el mismo que en las últimas décadas: las comunidades del puerto se sienten más acorraladas por redes criminales de alcances internacionales, con mayor desgaste y desconfianza frente a las soluciones que se proponen. En este contexto, es fundamental insistir en que no basta con enviar más institucionalidad, más fuerzas de seguridad o más inversiones puntuales de “emergencia”. Es necesario generar las condiciones para fortalecer una institucionalidad que nazca desde el mismo territorio, que reconozca las particularidades de la población local y que actúe con justicia, probidad y transparencia. No se trata solo de tener más batallones en las calles, que sin duda, dadas las circunstancias, se requieren; lo que especialmente se necesita es más imaginación social y el compromiso del Estado con la determinación de recursos financieros y técnicos, para desarrollar una agenda de acción concreta y una rectificación efectiva.

En este camino, es crucial poner el foco en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, quienes son los más vulnerables al confinamiento y al reclutamiento forzado. Ellos nos están exigiendo una mirada más comprensiva, una escucha atenta y una acción integral para garantizar su futuro. Lo que hoy hagamos será determinante para su bienestar y el de toda la comunidad en los próximos años. Lo estratégico frente a esta situación, en última instancia, es saber qué podemos hacer hoy para asegurar que haya un futuro para todos mañana.

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Por Jesús Darío González Bolaños

Es caleño, investigador social, Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Maestro en Filosofía, con estudios de especialización en Comunicación y Cultura, y en Pensamiento Político Contemporáneo, Trabajador Social de la Universidad del Valle. En el sector público ha ejercido como coordinador de cultura de los DDHH de la Defensoría Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, asesor de Participación Ciudadana, director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - DAGMA, secretario de Gobierno, gerente encargado de EMCALI y secretario de Bienestar Social en la Alcaldía de Cali.