A mis colegas, los músicos
Opinión

A mis colegas, los músicos

Por:
abril 14, 2014
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.

¡Qué tontos!
Qué tontos los cantantes de la tierra
que cuelgan su retrato en los salones
y juran que al cantar ganan la guerra
que pierde Alí Babá con sus ladrones. 

El mundo sufre más que por canciones,
los niños no degluten poesía:
¿qué hacemos subastando redenciones
o izando en un acorde la utopía? 

Cantar es convertirnos en esporas
que esparcen, si es que llueve, sus secretos.
¡Qué loco que nos prendan veladoras
y compren nuestra voz como amuletos
si no existen canciones salvadoras
ni penas que se curen con sonetos!

Soy músico. O al menos eso dice mi sesgada autobiografía.

Por eso me relaciono con músicos, tengo amigos músicos y trabajo con profesionales del mundo de la música. Y también por eso mismo, estoy acostumbradísimo a escuchar la frase "el mundo de los músicos es muy difícil".

Yo estaría dispuesto a suscribir esa afirmación si quien la pronunciara reconociera que aplica igual para los escritores, los ingenieros, los odontólogos, los diseñadores, los artesanos, los geólogos, los bioquímicos, los entrenadores de fútbol, los técnicos de farmacia o los reposteros.

Los músicos -y en general los artistas- tenemos una desagradable propensión a sobredimensionar nuestro oficio con una halo de superioridad espiritual sumado a cierta pose de víctimas que, les confieso, me resulta insoportable.

Descubro alarmado, cada vez con más frecuencia, la distorsionada relación que muchos de mis colegas tienen con el oficio, en especial los más jóvenes.

¡Esto es muy duro! ¡No se ve la plata! ¡La vaina está muy perrateada!

Y sí. Sería imperdonable desconocer las dificultades del sector. Todo lo contrario. Se impone, ahora más que nunca evidenciar los problemas y trabajar unidos para dignificar el oficio.

Pero hablo de una cosa muy diferente. Me refiero a esa visión de "baloto" que muchos tienen de la música: descubres un talento en el colegio, optas por dedicarte a el, lo asumes como profesión y a los dos años, como sumo, estás renegando porque no has alcanzado el triunfo.

Y ahí, en la palabra triunfo, reside lo perverso del modelo que de una forma tan exitosa han vendido los reality shows: la meta es la fama y el camino puede ser mágicamente corto.

Pues ni lo uno ni lo otro, creo yo modestamente.

La única forma de reconciliarnos con el oficio es entender que la meta es el éxito (no la fama) y que el camino es cualquier cosa menos corto.

La diferencia entre fama y éxito es bien sencilla.

¿Alguien recuerda a Jaider Villa, el ganador de Protagonistas de Novela? Pues bien, eso es fama.

¿Alguien ha visto a Puerto Candelaria, la agrupación musical de Medellín, protagonizando las secciones de farándula de RCN o Caracol?

Puerto Candelaria ha tocado en los últimos años en Estados Unidos, Brasil, Cuba, México, Argentina, Uruguay, España, Holanda, Israel y China.
Ha dictado clases magistrales en la universidad de Berkeley, hace parte de Merlín, una casa productora que es ejemplo de gestión en todo el continente y les tiene sin cuidado si Adriana Tono o la Negra Candela conocen su trabajo.

Eso, exactamente eso, es el éxito.

A la práctica totalidad de personas que conozco les resulta muy lógico que un joven le dedique a la medicina o a la arquitectura cinco años de pregrado, un año de práctica y dos más de posgrado para, luego de esos ocho años, recibir ganancias de su profesión.
Pero a casi todos ellos les parece impensable que alguien le dedique lo mismo a la música antes de empezar a pedirle réditos.

Hace algunos años mi amigo Eduardo Bergallo, mítico ingeniero argentino que trabajó con Soda Estéreo y Charlie García me decía algo que viene como anillo al dedo: "En mi larga carrera no he conocido a un solo músico que fuera bueno, que hubiera persistido y que hubiera fracasado". Y yo suscribo cada palabra de Eduardo.

Ejercemos un oficio precioso, pero que no es superior ni más importante que cualquier otro.
Nos enfrentamos a dificultades poderosas. Pero no somos los únicos.

Tal vez si evaluamos con profunda autocrítica nuestro producto, nos comprometemos visceralmente con la creación y le apuntamos menos a la fama y más a la felicidad, encontremos más motivos reales para sentirnos orgullosos de ser músicos y más rutas expeditas para vivir dignamente de nuestro oficio.

Sigue a Las2orillas.co en Google News
-.
0

Sobre mi despedida de Las2Orillas

Usted lo ha dicho, don Juan

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus
--Publicidad--