Muy correcta y valiente la actuación de la periodista Natalia Orozco frente a la muy lamentable y reprochable posición  de María Elvira Arango, la directora del programa Los Informantes. Situaciones que da a conocer la mencionada periodista en su escrito de ayer 24 de noviembre bajo el título Porqué me “renunciaron” de Los Informantes del Canal Caracol, en Las 2 Orillas, no tienen presentación ni puede ser norma de funcionamiento de una organización periodística que se considere responsable y seria. Me metí a escudriñar sobre el tema  porque, con el interés y el positivismo con que sigo el proceso y las conversaciones de La Habana, vi y escuché completa y atentamente la entrevista que ella le hizo a Pablo Catatumbo. No soy comunicador  profesional, no sé calificar tan difícil actividad, pero me pareció excelente el desempeño de ambos, entrevistadora y entrevistado, como también  el contenido, interesantísimo e importantísimo para todos los colombianos. Pero eso de utilizar el poder de jefe para forzar o introducir cambios y editar sin la participación del autor, manipular contenidos según la conveniencia, son actuaciones que, a más de resultar irrespetuosas de la dignidad humana, denotan una absoluta carencia de criterio,  altura y profesionalismo. Cualidades todas que sí demostró tener en abundancia la periodista “renunciada”. Con razón requieren los insurgentes la asignación de espacios en los medios de comunicación. Y errores de ese calibre hay que denunciarlos, con valentía como lo hizo Natalia Orozco. ¿Cuantos otros periodistas, se tendrán que doblegar por necesidad absoluta de sus ingresos o por falta de ese valor civil? Anuncios. Anuncios..

Muy correcta y valiente la actuación de la periodista Natalia Orozco frente a la muy lamentable y reprochable posición  de María Elvira Arango, la directora del programa Los Informantes. Situaciones que da a conocer la mencionada periodista en su escrito de ayer 24 de noviembre bajo el título Porqué me “renunciaron” de Los Informantes del Canal Caracol, en Las 2 Orillas, no tienen presentación ni puede ser norma de funcionamiento de una organización periodística que se considere responsable y seria.

Me metí a escudriñar sobre el tema  porque, con el interés y el positivismo con que sigo el proceso y las conversaciones de La Habana, vi y escuché completa y atentamente la entrevista que ella le hizo a Pablo Catatumbo. No soy comunicador  profesional, no sé calificar tan difícil actividad, pero me pareció excelente el desempeño de ambos, entrevistadora y entrevistado, como también  el contenido, interesantísimo e importantísimo para todos los colombianos.

Pero eso de utilizar el poder de jefe para forzar o introducir cambios y editar sin la participación del autor, manipular contenidos según la conveniencia, son actuaciones que, a más de resultar irrespetuosas de la dignidad humana, denotan una absoluta carencia de criterio,  altura y profesionalismo. Cualidades todas que sí demostró tener en abundancia la periodista “renunciada”.

Con razón requieren los insurgentes la asignación de espacios en los medios de comunicación. Y errores de ese calibre hay que denunciarlos, con valentía como lo hizo Natalia Orozco. ¿Cuantos otros periodistas, se tendrán que doblegar por necesidad absoluta de sus ingresos o por falta de ese valor civil?

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