Opinión

Paisas abraza-árboles

Por:
noviembre 26, 2013
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La semana pasada terminé metido en la gran conferencia global donde se discute el cambio climático, y aproveché para socializar el tema de mis amigos “abraza-árboles” en Envigado.

Yo soy un enamorado de esas autopistas gringas en Alabama y Misisipi. Sin tiendas de esquina, sin gente, solo rodeadas de unos hermosos campamentos de concentración consumista –llamados malls– y adornadas con gasolineras en donde venden al precio que tanto le gusta a Simón ‘el bobito’.

¡Ah! que delicia esas ciudades de allá, pura calidad de vida adicta al petróleo y al consumismo. Son igualiticas a las que promueve la SAI. Enhorabuena por ese gran premio que les acaba de dar el Concejo de Medellín; la “Orquídea de Oro”. Gracias a que promueven ciudades de cemento, el concejal que dice ser ambientalista, Nicolás Albeiro Echeverri justificó el premio con que “hoy más que nunca, todo nuestro respaldo y apoyo” a la SAI.

En todo caso, me senté con una delegación de Estados Unidos y les empecé a contar que en Envigado van a tumbar cientos de árboles para poder embutir carriles nuevos para el carro. No me dejaron ni terminar, diciéndome “que eso es normal”. Además me explicaron que el número de carros de una ciudad refleja el nivel de “progreso” de la misma, que no le crea a los que predican la “sostenibilidad urbana”.

¿Y no será mejor meter buses cómodos y seguros por ahí, sin expandir las vías? ¿Empezar a conectar otras zonas de Envigado con esos mismos buses BRT? ¿Conectar también hacia el Metro y los municipios vecinos?, pregunté inocentemente. ¡No! ¿Cómo se le ocurre?, respondieron al unísono;  “el bus es el peor enemigo del carro”. Pero como que le caí bien a uno de ellos, un tipo de apellido Detroit que me dejó su tarjeta, ofreciéndome un ‘descuentazo’ en una camionetica Hummer.

Continué con una delegación china. Venían de Pekín, y al explicarles el problema, el indiscutible líder de la camada, un tipo llamado Deng, preguntaba ofuscado: ¿acaso allá el gobierno no puede hacer lo que quiera sin que los ciudadanos participen?

En ese sentido, reconocí que sí estoy muy sorprendido con la fortaleza de la ciudadanía en Envigado. Desde que apareció por primera vez “el hacha que nuestros mayores, nos dejaron por herencia”, se han dedicado a estudiar sobre movilidad sostenible y sobre planeación urbana. Ya entendieron que el Metroplús no es el enemigo; que el transporte público formal, jamás será un enemigo de una ciudad humana. Además, están haciendo todo lo posible por mantenerse unidos y activos. Eso no tiene precio en Colombia; donde todos somos expertos en criticar, y pocos nos tomamos el trabajo de actuar.

En fin, terminamos hablando de la contaminación del aire, y me explicaron que en su ciudad la contaminación generada por los carros es tan tremenda, que una manta de aire venenoso flota sobre Pekín permanentemente. ¿Cómo van a solucionar ese problema?, le pregunté a los chinos, ¿buses y metros? ¿Bicicletas? No, la idea es promover la compra de más y más carros, pero eléctricos, me dijeron. Bueno, ¿y la congestión cómo la solucionan? “Ah, no, eso si no se va a solucionar, pero no importa tanto porque esos trancones eternos ahora van a ser ‘bajos en carbono’”.

Fanático como soy de los carros, quedé un poco desconcertado. Cada vez me llega más evidencia en contra de la adicción a la gasolina, en contra de la expansión vial, en contra de las autopistas urbanas. ¿Acaso será posible que haya estado equivocado todos estos años?

Me senté en las escaleritas de la entrada a meditarlo, y justo llegó un grupo de mujeres con cara de suecas. Venían elegantes, con faldas cortas tipo Andrés, tacones altos tipo Barranquilla, y gafitas tipo Gina. Cuando se bajaron de sus bicicletas, aproveché para exponerles mi caso. Matilda, una pelirroja que venía sin casco, me lanzó una sonrisa picarona que me puso nervioso, y me remató con esta pregunta:

—¿Tu cuántas veces a la semana vas al trabajo en bicicleta?

–¿En bicicleta yo? No mujer, me coge un carro por ahí.

A ninguna le gustó mucho mi respuesta, pero me dieron otra oportunidad: “bueno, entonces vete en grupo con algunos compañeros del trabajo”. Bruto que soy, respondí sin pensar: “no, pero es que el clima en Colombia es muy extremo para movilizarse en bicicleta”. Durante esos tres segundos eternos caí en cuenta de mi torpeza; hablando de climas extremos con gente que vive cerca del Polo Norte.

Vi que ya empezaban a burlarse de mí, entonces traté de salvar lo insalvable. Aproveché para contarles que ya estoy ahorrando para comprarme mi segundo carrito; “por lo del pico y placa”, les dije.

–Entonces claramente no eres parte de la solución, sino del problema —sentenciaron las suecas.

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