Chapo: Palermo, Inzá y Timbío pusieron sus cafés en lo más alto de los Latam Global Coffee Awards, donde más de 1.000 propuestas fueron evaluadas a ciegas.
Cuando una taza de café llega a una competencia internacional, detrás de ella hay mucho más que una marca. Hay una finca, una montaña, una variedad de grano y, sobre todo, un productor que durante meses cuidó cada cereza hasta llevarla al punto necesario para convertirse en un café de especialidad.
Eso fue lo que terminó apareciendo detrás de los tres reconocimientos que Juan Valdez 1959 consiguió recientemente en los Latam Global Coffee Awards 2026. En una competencia que reunió más de 1.000 cafés y que tuvo catas a ciegas, la marca consiguió una medalla de oro, una de plata y llegó a la final en otra categoría. Pero los nombres que están detrás de esos resultados no vienen de una gran ciudad: salen de Palermo, Huila; Inzá y Timbío, Cauca.
El oro llegó desde Palermo, un municipio huilense que hace parte de una región donde el café se cultiva en distintas condiciones de altura y clima. Allí, el caficultor José Leonardo Chinchilla produjo el microlote de variedad Papayo que terminó ganando en la categoría Flat White.

La variedad Papayo fue la que puso a Palermo en lo más alto de esta edición. Su café hizo parte de la propuesta de especialidad de Juan Valdez 1959 y fue seleccionado entre las muestras que posteriormente llegaron a la competencia internacional. El resultado adquiere otra dimensión cuando se tiene en cuenta que los jueces no conocían de antemano qué marca estaba detrás de cada preparación.
Palermo no es ajeno al café. De acuerdo con registros de la Federación Nacional de Cafeteros, el municipio contaba con 1.493 fincas cafeteras y 1.322 caficultores, con más de 2.500 hectáreas dedicadas al cultivo en el registro de 2023. El municipio hace parte de los 35 territorios cafeteros del Huila, departamento cuya producción cuenta con Denominación de Origen desde 2013.
Cauca también puso dos cafés entre los destacados
El segundo reconocimiento llegó desde Inzá, en el oriente del Cauca. Allí, el caficultor Giovany Liscano produjo el lote de Bourbon Rosado que consiguió la medalla de plata en la categoría Filtrados.

Inzá hace parte de la región cafetera de Tierradentro, una zona donde el café convive con una geografía montañosa y comunidades campesinas e indígenas. La Federación Nacional de Cafeteros señala que esta región reúne alrededor de 8.500 familias dedicadas al cultivo en dos municipios y que sus condiciones de altura y suelos de origen volcánico contribuyen a perfiles de taza de fragancia y aroma pronunciados, acidez alta y notas cítricas.
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El tercer nombre llegó desde Timbío, otro municipio caucano con tradición cafetera. La caficultora Esmid Leyton fue finalista en la categoría Espresso con una variedad Bourbon Sidra. No alcanzó una de las medallas, pero su café quedó entre los seleccionados de una competencia que reunió más de mil propuestas.

Los tres microlotes pasaron por un proceso que no terminó en las fincas. Craft Coffee participó en la selección de los cafés, Juan Valdez definió la compra y el perfil, mientras que la tostión en la tienda estuvo a cargo de Jhojan Galindo, maestro tostador, con la experiencia de Almacafé.
El resultado terminó conectando tres lugares distintos de la geografía cafetera colombiana con una competencia internacional: Palermo puso el oro, Inzá la plata y Timbío un café finalista.
Y aunque el reconocimiento aparece bajo el nombre de Juan Valdez, detrás de esas tres posiciones hay también tres productores y tres territorios que recuerdan de dónde comienza realmente la historia de una taza de café colombiano: en las montañas donde alguien sembró, cuidó y seleccionó cada grano mucho antes de que llegara a una barra, una tienda o una competencia internacional.
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