Mehmet Cankaya abrió en Colombia la sucursal de Mega Travel, empresa de su tío. Antes repartía quesos y yogures en Turquía; en Bogotá conoció a su esposa

 - ¿Quién era el piloto turco que manejaba la avioneta que se accidentó en las selvas de Risaralda?

Tras más de 24 horas de insaciable busqueda, la Aeronáutica Civil y los organismos de socorro en la cordillera Occidental confirmaron que la avioneta Cessna T206, matrícula HK4985, se accidentó a 9.000 pies de altura en la vereda Oscordó, en el municipio de Pueblo Rico, Risaralda.

El contacto radial se perdió a las 9:23 de la mañana del domingo 13 de septiembre. Ahí mismo se activo la radiobaliza de emergencia (ELT) en inmediaciones del cerro Tatamá. El rastreo aéreo se hizo con helicópteros UH-60 Black Hawk y Bell-212 en una de las zonas de más difícil acceso topográfico de los Andes colombianos.

Al mando de la avioneta accidentada no se encontraba un piloto convencional, sino Mehmet Cankaya: un turco de 43 años radicado hace más de una década en Bogotá. Cankya es el director general de la empresa de turismo Mega Travel en Colombia, ademas de ser un voluntario de la Patrulla Aérea Civil Colombiana (PAC) y padre de dos hijas.

Cankaya despegó del aeropuerto Mandinga, en Condoto (Chocó), con rumbo al aeropuerto de Guaymaral, transportando de regreso a Bogotá a cuatro profesionales de la salud —Perla Costanza Álvarez, Sandy García, María Guzmán y Yuliza Figueredo—, vinculadas a misiones médicas de Colmédica y la Clínica El Country tras una intensa jornada asistencial gratuita en favor de las comunidades del alto San Juan.

Antes de aprender a pilotear aviones, Cankaya fue repartidor de yogures en Turquía. Poco a poco consolidó un imperio de viajes de larga distancia en el mercado latinoamericano, y se fue apasionando por la aviación humanitaria en las geografías más agrestes de Colombia.

 - ¿Quién era el piloto turco que manejaba la avioneta que se accidentó en las selvas de Risaralda?
Mehmet Cankaya en su oficina al norte de Bogotá. Foto tomada de: Report Colombia.

De los lácteos de Kusadasi a la cúpula del turismo mayorista

Nacido en la costa egea de Turquía, Mehmet Cankaya creció durante los años noventa en Kusadasi, ciudad portuaria situada en las proximidades del complejo arqueológico de Éfeso. Desde muy joven se levantaba temprano a repartir quesos y yogures en pequeños comercios y cadenas hoteleras. El propio Cankaya definía aquella experiencia como lo formó en el manejo de las crisis, púes los lácteos no soportan el calor y cualquier demora en su trayecto le pudría la carga y le arruinaba la jornada.

Su eficiencia para transportar los lácteos captó la atención de su tío materno, Ercan Yilmaz, fundador en México de la empresa de turismo Mega Travel. Yilmaz le propuso vincularse a la industria internacional de viajes. En el año 2007, sin conocimiento alguno del español y auxiliado únicamente por un diccionario que cargaba bajo el brazo, Cankaya abordó por primera vez en su vida un avión con destino a la Ciudad de México para incorporarse al negocio familiar.

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Una vez en la empresa, Cankaya identificó el potencial de expansión hacia Sudamérica. Hacia 2013-2015, junto a su socia Katia Mendizábal, aterrizó en Bogotá para constituir formalmente la sede colombiana de Mega Travel. Los inicios comerciales fueron adversos, pero él era un experto para manejar las crisis, así que supo maniobrar en las dificultades. Durante los dos primeros años y medio la compañía operó con perdidas, pues no era facil conquistar la desconfianza de los colombianos, y que compraran paquetes vacacionales hacia Europa y Medio Oriente a bajos precios.

El punto de inflexión llegó mediante una combinación de ajustes en la estructura de precios, la consolidación de rutas directas con la llegada de Turkish Airlines a Bogotá en 2016 y la fascinación cultural desatada por la llegada de las novelas turcas a la televisión colombiana.

Cankaya expandió su modelo hasta erigir un operador receptivo (DMC) enfocado en atraer turismo continental a Colombia. Preservó una filosofía personal de cercanía operativa en la gran empresa: gestionaba directamente los contactos clave de sus clientes corporativos y proveedores desde su oficina en el piso 14 en el norte de Bogotá.

En Colombia conoció a su esposa y se apasionó por el café

Mientras sacaba el negocio adelante contra viento y marea, la vida le puso enfrente a una bogotana con la que se casó y lo convenció a radicarse en Colombia. Desde entonces, arrancaba a trabajar antes de que saliera el sol, pero apenas daban las cuatro de la tarde apagaba el computador para dedicarle unas horas a sus hijas.

Se acostumbró al tinto colombiano, le agarró cariño a la gente y se metió a la aviación para volar para llevar médicos y medicinas a los que más lo necesitaban. Aquella mañana de domingo, cuando encendió los motores en la selva de regreso a casa, no volaba más que por devolverle un poco a esas tierras que le dieron todo.

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Por Las Dos Orillas

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