Texto escrito por: Aníbal Arévalo Rosero
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Múltiples generaciones de nariñenses guardan con veneración el legado de un hombre que aprendió a expresarse en el lenguaje de los marginados y desposeídos. Muchos lo recuerdan a través de la memoria viva de quienes presenciaron su gesta; otros han conocido su figura porque una institución educativa en Pasto honra su nombre o porque un barrio en Ipiales evoca su memoria. Más allá de los homenajes formales, la figura de Heraldo Romero Sánchez se erige como un ícono de la lucha popular en el sur y en la Colombia convulsa de la segunda mitad del siglo XX, un periodo aciago marcado por la arbitrariedad y los abusos del poder.
El perfil político de Romero Sánchez se construyó al calor de las reivindicaciones populares y la escasez de oportunidades que enfrentaba el sur del país. Su agenda abarcó desde el reclamo por las continuas alzas en las tarifas de los servicios públicos hasta la apertura de programas académicos nocturnos para la clase trabajadora. Asimismo, impulsó con fuerza la industrialización regional y la construcción de la Refinería del Pacífico en Tumaco, un anhelo en el que muchos nariñenses depositaron sus esperanzas de desarrollo, pero que terminó truncado.
Aún se escucha en el sentir de muchos nariñenses ese dolor profundo por la frustrada refinería, una de las pocas oportunidades reales que tuvo la región para industrializarse, generar empleo y percibir regalías petroleras.
En lo ideológico, Heraldo fue un revolucionario decidido a entregar su vida por las transformaciones que demandaba el departamento de Nariño en la segunda mitad del siglo XX. Fue cofundador de la Juventud Patriótica (JUPA), además de militante y máximo dirigente regional del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR), organización de corriente maoísta y leninista. En Nariño fue su secretario general y miembro nacional. Esta trayectoria da cuenta de una estructura intelectual sólida: Romero no era solo el caudillo que gestionaba favores, sino un líder de oratoria elocuente y un apasionado poeta de las causas del pueblo.
Tras la intensificación de las protestas durante el Paro Cívico de junio de 1978 en Pasto, la respuesta estatal fue la represión, como antesala al Estatuto de Seguridad instaurado ese mismo año por el presidente Julio César Turbay Ayala. Se trató de un periodo marcado por la persecución a la juventud y múltiples arbitrariedades bajo el pretexto de combatir a grupos insurgentes como el M-19, conocido por la espectacularidad de sus acciones.
Ante el bloqueo masivo y la parálisis de la ciudad, los gobiernos departamental y nacional desplegaron contingentes de la Policía y el Ejército para despejar las vías e interrumpir las concentraciones populares. La fuerza pública reaccionó con detenciones arbitrarias contra la ciudadanía y los líderes del paro; entre los judicializados estuvo Heraldo Romero Sánchez, a quien se le imputaron cargos de alteración del orden público y sedición.
A pesar de la represión, el desenlace de las protestas consolidó el liderazgo de Romero Sánchez y el de la izquierda regional, abriendo camino al fortalecimiento de los movimientos obreros y campesinos en Nariño y Putumayo.
Heraldo Romero Sánchez fue el segundo de nueve hermanos en el hogar conformado por Bertha Sánchez Yépez y Jonás Romero Landázuri. Nació el 9 de enero de 1948 y falleció tempranamente el 6 de septiembre de 1980, a los 32 años. Aunque las causas de su deceso se mantuvieron en reserva, se sabe que el desgaste físico provocado por su intensa actividad política, el estudio riguroso y su entrega irrestricta a las causas populares terminaron por minar su salud, desencadenando un cáncer.
Más allá de su rol como líder social, fue periodista, escritor, declamador, orador brillante y poseedor de una inteligencia proverbial. Su estatura como defensor de los sectores marginados le aseguró un lugar imborrable en el corazón de las clases populares.
En el ámbito familiar, Heraldo fue hermano de Ricardo Romero Sánchez, exalcalde de Ipiales, y tío de Camilo Romero, exgobernador de Nariño. No solía hacer pública la intimidad de su hogar, probablemente por razones de seguridad. Estuvo casado con Gladis Vela Caviedes y, posteriormente, con Fabiola Astaiza, madre de su hijo Heraldo Romero Astaiza, reconocido artista de la capital nariñense.
Hoy en día, su legado perdura en la memoria colectiva: en Pasto, una institución educativa lleva su nombre, mientras que en Ipiales bautiza a un barrio entero. Heraldo Romero Sánchez permanece como un símbolo insigne de esta tierra nariñense, donde hombres y mujeres forjan su destino al abrigo del sol andino.
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