Hay militares que lo han dado todo por defender a la sociedad. Plazas Vega no es uno de ellos y el Estado no debería defenderlo con recursos públicos

 - Plazas Vega no es ningún héroe de ninguna patria y ni siquiera fue un buen militar

Luis Alfonso Plazas Vega, coronel que comandó la llamada retoma del Palacio de Justicia entre el 6 y 7 de noviembre de 1985, operación que dejó personas desaparecidas, torturadas, más de 100 muertos, entre ellos 11 magistrados, funcionarios, civiles y guerrilleros, no es ni mucho menos un héroe.

Ese día no fue tan siquiera, un asomo de estratega militar, ni un buen asistente de la democracia, aquella que con violencia dijo “defender”. Entré con mis hombres y recibieron a bala, qué quieren que haga, recuerdo que dijo con mirada exaltada de pendenciero embriagado, y todo el odio, y toda clausura de los derechos humanos, se vino encima.

La estrategia militar contra la toma de rehenes por el M-19: barrer desde tanques cascabel, con disparos de metralla, con granadas antitanque, con granadas incendiarias. Barrer, dejar que se propagara el fuego. Contra quién: contra guerrilleros dispuestos militarmente en un sitio cerrado, e indiscriminadamente contra civiles.

No digamos hoy sobre las culpas: es obvio, como se ha dicho y documentado plenamente, que esta fue del M-19, organización que cometió crímenes y tropelías ese día; y es obvio que lo fue del Estado que usó fuerza desmedida y posteriormente causó estragos de violación de derechos humanos mediante torturas, asesinatos y desapariciones. 

No sé qué hizo de mano propia, qué ordenó o qué omitió Luis Alfonso Plazas Vega. Sé, sin embargo, que no es un héroe, que no es un héroe de la patria, que claramente no fue siquiera un buen estratega militar, que no hizo nada épico o leal, porque incluso la guerra, la confrontación con enemigos, exige comportamientos leales, al menos en el procedimiento de la dignidad militar. 

Sé que luego de una condena a 30 años de prisión la Corte Suprema de Justicia de justicia lo absolvió por “duda razonable”, es decir, no porque las atrocidades, los excesos, la tortura y desapariciones no hubieran existido, sino porque las pruebas, la técnica de las pruebas, la verdad probatoria, no exactamente la verdad real, no permitieron atribuirle directamente crímenes o complicidades a juicio de esa Corte.

Son miles y miles en la guerra constante de este país, los militares leales, los militares honestos que han dado todo, la vida en familia, la salud, el destino, la libertad, incluso la vida misma, protegiendo a la sociedad civil.  Y entre ellos hay verdaderas historias memorables, heroicas, es indudable.

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A diferencia, Plazas Vega no es un héroe, no fue un buen militar, no sé desde cuándo o hasta cuándo, pero al menos no lo fue el 6 y 7 de noviembre de 1985; y, siendo hoy un militar retirado, un civil con conciencia tranquila o intranquila, con silencios o con aullidos estrepitosos, aunque tiene todo el derecho a defenderse, en ningún caso puede ser defendido por el Estado colombiano, ni con recursos, ni con funcionarios de este Estado.

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Por Gonzalo Castellanos V

Gestor de políticas e iniciativas culturales y sociales en América Latina. Catedrático. Escritor.