En Santa Marta el agua no es un asunto político, es una deuda histórica. Un recorrido por Pescaíto y San Martín revive el drama samario

 - Los más de $ 730 mil millones para llevarle agua potable a Santa Marta siguen frenados en las disputas políticas
Texto escrito por: Álvaro Cotes Córdoba

En Santa Marta el agua no es un tema de campaña. Es una herida vieja. Tan vieja que hay samarios que han vivido tres y cuatro administraciones sin verla salir con regularidad del tubo. Por eso, cuando la senadora del Pacto Histórico Isabel Zuleta recorrió el barrio San Martín y el sector de Pescaíto, en el norte de la ciudad, no estaba haciendo un acto protocolario. Estaba pisando el mismo suelo donde las familias llevan años midiendo el día no por las horas, sino por si llegó o no el agua.

La acompañaron Abraham Katime, dirigente progresista y líder de Un Pacto por Santa Marta, y un grupo de líderes comunitarios, sociales y pescadores. No hicieron falta discursos largos. Bastó con escuchar. En esos barrios la gente no habla de “déficit hídrico”. Habla de tanques vacíos, de madrugadas con canecas, de niños que se bañan a medias y de cocinas que esperan. Quien ha vivido Santa Marta sabe que esa escena no es de ahora. Es de siempre.

Zuleta anunció que hará seguimiento desde el Congreso a los recursos y proyectos destinados a garantizar el abastecimiento de agua potable. Y lo dijo con números, no con promesas sueltas: más de 730 mil millones de pesos dejados por el gobierno del presidente Gustavo Petro para el abastecimiento hídrico de la población más pobre de la ciudad.

“Venimos aquí a defender esa plata, porque es para el abastecimiento hídrico de la población pobre de Santa Marta. Merece ser respetada”, afirmó.

También fue directa con la administración distrital y con el costo humano de cada atraso. “Todos ustedes saben qué es un mes sin agua. Llevamos un mes de retraso por el chistecito de Abelardo de la Espriella, que no sabe qué es tener sed. La gente sí sabe qué es tener sed”.

En una ciudad que ha convertido la falta de agua en costumbre, esa frase no suena a consigna. Suena a memoria.

Entre las salidas que se ponen sobre la mesa está el proyecto de desalinización de agua de mar: tomar el recurso que la ciudad tiene frente a la bahía, tratarlo y volverlo apto para el consumo. Su ejecución está proyectada en unos tres años. No es la varita mágica de un discurso. Es una obra de fuste, pensada para atacar un déficit que Santa Marta arrastra como una deuda histórica.

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Katime insistió en que, por una vez, el problema logró sentar en la misma mesa a sectores que en lo demás no se miran. “Aquí el presidente Petro lideró un pacto verdadero y auténtico por resolver el problema de agua potable que llevaba 80 años aplazado”. Recordó que esa ruta quedó en un CONPES y la defendedió como política de Estado: “Un CONPES se respeta. Aquí, cualquiera que sea presidente de Colombia, alcalde de Santa Marta o autoridad ambiental, debe respetarlo”.

Y cerró con la frase que debería servir de frontispicio a cualquier debate sobre el tema: “El agua no tiene color político. El 80 % de los samarios sufrimos problemas de agua y aquí nadie se salva, desde el estrato uno hasta el seis.”

Eso, en Santa Marta, no es literatura. Quien vive en Pescaíto, en San Martín, en Mamatoco o en un edificio del Rodadero lo sabe: cuando el servicio falla, no pregunta cédula ni voto. Pregunta sed.

Zuleta reiteró que seguirá el rastro de los recursos desde el Senado y que acompañará a las comunidades. El agua, dijo el recorrido aunque no lo haya escrito en un cartel, no puede seguir siendo promesa aplazada ni ficha de pelea coyuntural. Es un derecho. Y en esta ciudad, después de tantas décadas de espera, ya no admite más demoras disfrazadas de disputa.

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Por Nota Ciudadana

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