A ningún poder político le interesa despertar, a través de la Educación, la consciencia de belleza de los estudiantes, tanto en sus cuerpos como en sus almas, para percibir la realidad más allá de las sombras como lo pensaba Platón o para crear seres felices en la tierra como lo creía Aristóteles.
Tampoco le interesa el pensamiento de Martha Nussbaum quien considera la Educación como el medio capaz de cultivar seres humanos para comprender al otro y formar ciudadanos capaces de construir una democracia robusta. Mejor aún, como lo consideraba John Dewey quien creía que no se educaba para la vida, pues la Educación era la vida misma.
Al poder político solo le interesa ideologizar a través de la Educación para crear rebaños en torno a sus banderas. La utiliza la derecha o la izquierda, lo mismo el poder liberal que el poder conservador, ya sea el falso socialismo o la falsa democracia.
La utilizó el colonialismo como instrumento de dominación y expoliación. España evangelizó mediante la educación religiosa; Gran Bretaña, a través de su lengua, su cultura y sus instituciones; Francia con la formación en la cultura francesa y Bélgica adoctrinó a través de comunidades religiosas. La educación colonial formaba sujetos adaptados al orden colonial para facilitar la explotación de los territorios ajenos.
La utilizan los Estados Unidos en nuestros tiempos a través de comunidades evangélicas como instrumentos de influencia cultural y política. Educan a través de un dogma religioso para implementar una moral ultra conservadora. También sus universidades, según estudios de la FIRE —Foundation for Individual Rights and Expression— están marcadas por visibles tendencias políticas e ideológicas. Algunas, predominantemente liberales y progresistas como Harvard University o Columbia University, dos de las recientes instituciones intervenidas por Donald Trump. Otras, como Dallas Baptist University o Liberty University educan a través de concepciones muy conservadora de origen cristiano.
En Colombia, la Corte Constitucional reconoció la autonomía universitaria para adoptar orientaciones ideológicas o religiosas. Derecho que permitió a las instituciones universitarias crear sus identidades académicas. Las universidades públicas cultivan diferentes pensamientos progresistas: desde izquierdas moderadas hasta posiciones más radicales.
La universidad de los Andes se identifica por una educación liberal-progresista; el Externado, por un liberalismo secular; la EAFIT, por una visión más empresarial. A la universidad de La Sabana se la reconoce por una academia católica-conservadora mientras que a la Sergio Arboleda se la distingue por una educación conservadora de origen cristiano.
Inútil preguntarse si la educación es instrumento de ideologización de cualquier poder, por supuesto que lo es. Solo nos queda preguntar: ¿quién ideologiza?, ¿para qué? y ¿en nombre de qué poder lo hace? De allí, la equivocación o la astucia de la actual ministra de Educación, Viviane Morales. No engaña a ninguna persona pensante cuando enuncia su proyecto educativo como una lucha contra la ideologización.
No desideologiza la educación cuando saca a Marx de las aulas y entroniza al Dios de sus apetencias religiosas. Tampoco cuando se propone liberar una batalla contra la absurda denominación de “ideología de género” para implementar la suya de corte moralista, ultraconservadora, de inspiración cristiana.
Hasta hoy, los poderes políticos han tergiversado la verdadera función de la Educación: liberar al ser humano de tantos yugos mentales y materiales para superar el mono que llevamos por dentro según Franzs Waal. Todavía no sirve para alcanzar la mayoría ciudadana prevista por Kant cuando afirmó: “El hombre no puede llegar a ser hombre sino por la educación.” La han rebajado, diría yo, a instrumento para ideologizar, esclavizar y congelar a la especie en su ascenso a las alturas humanas.
Jorge Elías Guebely Ortega
Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva. Autor de varias novelas, libros de cuentos y ensayos literarios.
También le puede interesar:
Anuncios.


