Nació con parálisis, aprendió a caminar a los 14 años, enfrentó el atentado contra Uribe Turbay y venció una fractura que casi lo postra de nuevo

Los médicos fueron tajantes desde el primer día: José Alejandro Hofmann Delvalle nació con una parálisis cerebral por anoxia perinatal y las probabilidades de que caminara alguna vez eran mínimas.

 - La historia de José Alejandro Hofmann: el juez que convirtió la adversidad en un estrado de dignidad

Nadie en esa sala de parto habría imaginado que, décadas después, ese mismo cuerpo que la medicina dio casi por sentenciado terminaría sosteniendo un juzgado, resistiendo un atentado directo contra su propia seguridad y después, levantándose —literalmente— de un accidente que pudo dejarlo postrado de nuevo.

Una infancia entre terapias y puertas cerradas

La infancia de Hofmann transcurrió entre interminables jornadas de terapia, intervenciones médicas y un entorno social que muchas veces no supo cómo recibirlo. La rigidez del sistema educativo colombiano hizo lo suyo: un colegio tras otro le cerró las puertas.

Se vio forzado entonces a educarse desde casa tras la enfermedad de su madre y sumergido en lecturas autodidactas, encontró en los libros de la Biblioteca Luis Ángel Arango su mayor refugio. Fue a los 14 años, a fuerza de perseverancia y dolor, cuando logró ponerse de pie por sí solo en la cocina de su hogar: el primer gran triunfo sobre un cuerpo que el mundo médico ya había dado por vencido.

Ese impulso lo llevó, años más tarde, a cumplir un sueño que parecía inalcanzable: ingresar a la universidad -pagando parte de su propia carrera como profesor de bachillerato-, graduarse de abogado, ejercer como tal en varias entidades de la rama ejecutiva hasta llegar a ser Coordinador de la Agencia Nacional de Minería con resultados sobresalientes y finalmente, ser funcionario de la Rama Judicial, siempre por mérito propio y sin atajos.

Todavía recuerda sus primeros tiempos como abogado donde sin trajes, ni corbatas —remendaba los pocos que tenía—, empezó desde abajo hasta lograr convertirse en juez de la República. “Siempre fui digno”, repite.

Por eso le da una especial importancia al mérito y reconoce a la Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla el papel fundamental que ésta tuvo en su formación, indicando que una rama jurisdiccional cuyos miembros únicamente se deban a su conocimiento es garantía para la democracia.

En la mira: el juez detrás del caso que estremeció al país

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Logró convertirse en el titular del Juzgado 37 Penal Municipal con Función de Control de Garantías de Bogotá. Desde ese estrado asumió uno de los expedientes más sensibles y vigilados de la historia judicial reciente del país: las audiencias contra los implicados en el atentado que le costó la vida al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay.

 - La historia de José Alejandro Hofmann: el juez que convirtió la adversidad en un estrado de dignidad

Ser el juez de garantías de ese proceso lo puso, de la noche a la mañana, en el centro de un fuego cruzado que iba mucho más allá de los estrados. Su fotografía comenzó a circular en redes sociales acompañada de señalamientos y amenazas veladas; su nombre quedó asociado a un caso que dividía al país y despertaba pasiones extremas en ambos bandos. Cada decisión que tomaba —cada medida de aseguramiento, cada audiencia— se convertía en noticia nacional y, con ella, en un nuevo foco de presión y hostigamiento sobre un hombre que ya había pasado media vida defendiendo su derecho a existir sin límites.

Pese al riesgo real y la exposición pública, Hofmann no se apartó del expediente ni cedió a la presión. Se mantuvo firme en el principio de independencia judicial y en la garantía del debido proceso, incluso cuando su seguridad personal —no solo su reputación— quedó en entredicho. No era la primera vez.

En 2021, sufrió una represalia física que causó conmoción en Bogotá. Unos delincuentes lo lincharon cuando estaba vacunándose contra el COVID, en unos hechos confusos cuyos responsables no se han esclarecido. “Las heridas se llevan en el cuerpo, pero el coraje en el corazón”, dijo en esa ocasión con las manos vendadas ante el Concejo de Bogotá, corporación que hizo en ese momento una sesión especial para expresarle su solidaridad frente a estos hechos y discutir las distintas formas de violencia a las que se ven sometidas las personas con discapacidad.

También antes la vida le había impuesto otra prueba, esta vez lejos de los estrados: en 2023, con él ya consolidado como juez de la República, murió su madre a causa del cáncer.  La mujer que lo sostuvo en cada una de sus batallas desde la infancia ya no estaría para ver hasta dónde había llegado. Su recuerdo —y la canción Honrar la vida con el que se despidió— se convirtió en la divisa que le ha permitido sostenerse desde ese entonces en los momentos más difíciles.

Noviembre, un tropiezo y una fractura que lo puso de nuevo contra las cuerdas

La vida volvió a poner a prueba su templanza de una forma que nadie esperaba. En noviembre, en los pasillos del complejo judicial de Paloquemao, minutos antes de entrar a la sala para definir la medida de aseguramiento contra el presunto responsable del crimen del estudiante de la Universidad de los Andes Jaime Esteban Moreno, Hofmann sufrió un aparatoso tropiezo.

El resultado: una fractura grave de fémur izquierdo, la misma pierna que había aprendido a dominar a pulso, en soledad, en la cocina de su casa veinte años atrás.

Fue trasladado de urgencia a la Fundación Santa Fe de Bogotá y sometido a una cirugía compleja. Otra vez, los médicos volvieron a proyectar sombras sobre su movilidad futura. Otra vez, como cuando tenía 14 años, Hofmann tuvo que preguntarse si volvería a caminar.

 - La historia de José Alejandro Hofmann: el juez que convirtió la adversidad en un estrado de dignidad

La rehabilitación se convirtió en una nueva trinchera. Durante las semanas de incapacidad, dividió sus días entre la fisioterapia y las madrugadas dedicadas a escribir. De ese periodo de dolor físico y resiliencia nació su libro Un juez contra toda adversidad (Intermedio Editores) -cuyas ventas se destinarán para las personas con discapacidad-, un testimonio que se aleja del cliché de la autoayuda para adentrarse, sin filtros, en lo que significa reconstruirse una y otra vez, como lo están haciendo muchos en estos días en que el país apenas empieza a levantarse de un terremoto.

Una fortaleza que no se mide en ausencia de caídas

Hoy, tras haber superado otro pronóstico adverso, el juez José Alejandro Hofmann demuestra que la verdadera fortaleza no reside en no tener límites ni en no caer, sino en la capacidad de levantarse una y otra vez —de una parálisis, de un atentado que lo salpicó de amenazas, de una fractura—  para seguir sirviendo al país desde la justicia, donde según sus propias palabras, aspira a “seguir honrando la vida”, recordando así la canción con la que despidió  a la madre que contra todo pronóstico, moldeó su alma y carácter.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.