El presidente ha dado buena imagen en los primeros días; bien le vendría una medida tajante respecto al embarrada del ministro en medio del desastre nacional

 - Ministro de Vivienda, padre maravilloso, ministro dudoso

El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, se posesionó el 7 de agosto para darle un cambio a un gobierno saliente que, se supone, venía de ser muy malo y acusado de vagancia, ligerezas y múltiples corrupciones.

El 10 de agosto, tres días después de asumir, ocurrió el peor terremoto de este siglo, uno que dejó 30.000 viviendas destruidas y algo más de 136.000 averiadas, según destaca la emergencia económica decretada por el gobierno (algo que tiene que ver con el cargo que el ministro ocupa).

El fin de semana siguiente, tan solo el fin de semana siguiente al desastre, el ministro, según dice él para defenderse de las que parece cuestionar como injustas acusaciones, tenía que viajar a Santa Marta, a una playa, a un momento de diversión y familia para estar con los hijos y la esposa, porque, eso sí, según deja bien claro el ministro, él, además de funcionario y esas cosas, es padre y esposo. La familia ante todo.

Además, recalca el padre, el esposo, bueno, mejor dicho, el ministro: estuvo conectado en todo momento. Hay que ver, nada más nada más responsable, nada más solidario, así que uno no entiende porque lo molestan y lo cuestionan en medios y no le otorgan más bien la Cruz de Boyacá, qué digamos, no, el Oscar, el Nobel al mejor padre de familia y esposo. 

Atrevidos quienes lo sermonean: el ministro, el padre y esposo, estuvo conectado en todo momento, para atender  a distancia el peor terremoto de este siglo, bajo el sol lapidario de la playa de Santa Marta; conectado, incluso quitándole tiempo sagrado a los hijos y a la esposa en la playa.

Son inolvidables las escenas de El Padrino en las que don Corleone defiende todo cuanto hace y carga, la sangre, los muertos, todo, todo por la familia, por los hijos. Ningún corrupto de los que se alzan el dinero de las alimentaciones escolares lo hace por cada uno de ellos mismos, lo hacen por la familia, porque este mundo está muy cruel y hay que asegurar el futuro de los hijos.

La familia no es una excusa, ministro, no lo es para nada muy malo, ni para nada medianamente malo, o simplemente tonto o irresponsable.

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¡¡¡Bueeeno!!! No mucho qué agregar. Aunque sí: Abelardo de la Espriella (ADLE) en los primeros días ha dado imagen de serio y discreto.  Plantea un revolcón, y los revolcones son saludables; más que eso, gloriosos. 

El revolcón contra la banalidad de los servidores públicos, contra los burócratas, contra los corruptos, contra los flojos, es más que indispensable, por cierto. No sería debilidad ni mucho menos, si ADLE, toma una medida inmediata, tajante,  respecto del ministro de Vivienda, quien puede ser buen padre, incluso muy buena persona transparente, pero ha puesto cualquier credibilidad en la cuerda floja.

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Por Gonzalo Castellanos V

Gestor de políticas e iniciativas culturales y sociales en América Latina. Catedrático. Escritor.