Abelardo De La Espriella asumió la Presidencia de un país ya fracturado por dos terremotos simultáneos: uno silencioso, acumulado durante años de desgaste institucional, y otro real, que sacudió físicamente al occidente colombiano apenas tres días después de su posesión, con magnitud 7,4, centenares de muertos y pérdidas cercanas a $30 billones. Uno debilitó al Estado desde adentro; el otro derrumbó ciudades en segundos.
Una tragedia humana que sigue creciendo
Cinco días después del sismo del 10 de agosto, la magnitud de la tragedia sigue aumentando. El balance actualizado al 15 de agosto registra 294 muertos y 81.506 viviendas averiadas, además de heridos, desaparecidos y miles de familias damnificadas.
Detrás de las cifras hay vidas rotas: familias enteras desaparecidas, niños huérfanos, personas que perdieron en segundos la casa construida durante décadas y pequeños empresarios que vieron desaparecer el patrimonio de toda una vida.
El impacto no se limita a las viviendas. También hay colegios, hospitales, carreteras, redes eléctricas, acueductos y puentes gravemente afectados. Lo que comenzó como una emergencia humanitaria se convirtió de inmediato en una crisis económica de gran escala.
Una factura cercana a los $ 30 billones
La firma INGENIAR: Risk Intelligence estima pérdidas físicas directas cercanas a $30 billones (US$9.500 millones) en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas. De ese total, $24,5 billones corresponden a edificaciones y $5,5 billones a infraestructura.
El Valle del Cauca concentra el mayor impacto económico, con cerca de $19,5 billones, seguido por Risaralda con $5,4 billones. Chocó, aunque con menor valor absoluto, presenta una situación crítica: cerca del 19 % de su infraestructura expuesta resultó afectada.
La infraestructura también sufrió daños severos: $2,34 billones en energía, $1,82 billones en vías y ferrocarriles, $717.000 millones en agua y saneamiento y $663.000 millones en puertos y aeropuertos. Y esta cifra aún no es definitiva. No incluye pérdidas por actividad económica detenida, empleos destruidos, comercio paralizado ni el impacto prolongado sobre el turismo y la producción regional.
El mundo y Colombia comenzaron a ayudar
La respuesta internacional y nacional fue inmediata. Estados Unidos e Israel ofrecieron apoyo técnico y logístico, mientras organismos multilaterales activaron recursos de emergencia. En Colombia, la ANDI y el sector empresarial anunciaron aportes, y Ecopetrol destinó recursos para ayuda humanitaria.
Pero la respuesta más visible ha sido la de la ciudadanía: donaciones, voluntarios, alimentos, ropa y redes de apoyo espontáneo en todo el país. En medio de la tragedia, Colombia volvió a mostrar su capacidad de solidaridad. La reconstrucción exigirá la unión del Estado, la empresa privada, la cooperación internacional y la sociedad civil.
El otro terremoto: el que ya venía ocurriendo
El país no enfrentó esta catástrofe desde una posición sólida. El primer terremoto no tuvo epicentro ni réplicas, pero debilitó silenciosamente al Estado: instituciones fragmentadas, alta rotación de funcionarios, corrupción inimaginable, pérdida de continuidad administrativa, problemas de ejecución, estrechez fiscal, alto endeudamiento y una violencia persistente en varias regiones.
Como ocurre con un edificio tras un sismo, el Estado parecía en pie, pero con estructuras debilitadas. A ello se suma un escenario fiscal limitado, con poco margen para maniobrar mientras se deben financiar salud, educación, pensiones, seguridad y programas sociales.
Al mismo tiempo, el Gobierno enfrenta la continuidad del conflicto armado con el ELN, las disidencias, el narcotráfico y otras organizaciones criminales. La tierra tembló, pero la violencia no se detuvo.
Reconstruir sin repetir errores
La reconstrucción movilizará recursos históricos y exige una condición ineludible: transparencia total. Cada peso deberá ser trazable desde su origen hasta su ejecución final en viviendas, hospitales, escuelas o infraestructura.
El país llega a esta emergencia tras los escándalos que afectaron la credibilidad de la UNGRD, lo que hace aún más urgente evitar que la tragedia se convierta en un nuevo foco de corrupción. Contratar con rapidez no puede significar contratar sin control. La información sobre contratos, anticipos, interventorías y avances debe ser pública y verificable.
La primera gran prueba de Abelardo
La naturaleza redefinió las prioridades del nuevo Gobierno en cuestión de segundos.
Abelardo De La Espriella deberá gobernar mientras lidera la reconstrucción de buena parte del occidente colombiano. Tendrá que priorizar, conseguir recursos, coordinar múltiples niveles del Estado y demostrar capacidad de ejecución en medio de la emergencia.
El primer terremoto ocasionó muchas muertes, desaparecidos y destruyó ciudades. El segundo debilitó las instituciones que ahora deben reconstruirlas y también generó muchas tragedias, entre otras en salud y orden público.
Colombia ha enfrentado dos terremotos, pero también tiene la fuerza para levantarse.
La tragedia debe convertirse en solidaridad, esperanza y reconstrucción.
Reconstruir no será solo reparar lo destruido, sino fortalecer el Estado y recuperar la confianza.
Colombia puede levantarse, reconstruirse mejor y salir de esta crisis más fuerte y unida.
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