Hubo un tiempo en que una tarde de carreras en Bogotá comenzaba con el viaje: elegantes carruajes llevaban a las familias hasta la Sabana, donde las damas descendían con larguísimos vestidos de seda, cinturas ceñidas, sombreros llenos de flores y botas de punta aguda, mientras los caballeros, con pantalones ajustados, sacolevitas, sombreros duros y botas de charol, entraban al Hipódromo de la Gran Sabana como quien entra a un escenario en el que también debía ser visto.
Allí se pagaban $5 por la tribuna sur y $20 por el centro del velódromo. Un palco con seis entradas costaba $400. En 1904, una inscripción en las apuestas podía ser de $200 para disputar un premio apenas 10 veces más grande. Mientras los caballos esperaban la largada y los gentlemen riders se acomodaban en sus monturas, la aldea paramuna -que era la capital por esos días- estrenaba algo más que un hipódromo: una manera de exhibir el dinero, los apellidos, la ropa y el deseo de parecer moderna. Era una ciudad de coches de caballos que pretendía comportarse como una ciudad europea.

Días republicanosCorría 1884. En plena época republicana, en lo que hoy se conoce como localidad de Teusaquillo, existieron unos terrenos en el costado oriental de la carrera 13 y la Avenida Caracas, entre las calles 37 y 40, que pertenecieron al señor Manuel Vicente Peña. Tras su fallecimiento, los herederos decidieron vender el predio a Honorato Espinosa ese mismo año.
En dichos terrenos, la familia Espinosa construyó la famosa e icónica hacienda y quinta llamada La Magdalena, que se extendía desde el norte, sobre el cauce del río Arzobispo, hacia el oriente sobre la carrera 7ª. Al occidente, colindaba con la Hacienda El Salitre y la Quinta de Demetrio Paredes.Los predios se extendían, además, sobre los chircales comprendidos entre la actual carrera 7ª, la carrera 13 y los predios entre la 13 y la línea del ferrocarril del norte, hoy avenida Caracas a la altura de la calle 39.
El nacimiento del primer hipódromo
Varios años después de que la familia Espinosa adquiriera los terrenos de la Hacienda La Magdalena, en 1891, tras aprobarse en el Concejo de Bogotá el proyecto de acuerdo # 21 de 1891, firmado por los entonces empresarios Carlos José y Rafael Espinosa, inició la construcción del Hipódromo de la Gran Sabana. La pomposa inauguración sería 7 años más tarde, el 14 de Julio de 1898.
El primer hipódromo de Bogotá funcionó entre los años 1898 y 1925. Era un polo club impulsado por Honorato Espinosa. Sin embargo, el proyecto se consolidó en la década de 1930 cuando los también empresarios Ricardo Cubides, José María Gómez Campuzano y Gustavo Uribe Ramírez tomaron las riendas del negocio con una reinauguración, convirtiéndolo en el epicentro social de la élite bogotana.

Fue uno de los primeros escenarios hípicos organizados de la ciudad y punto de encuentro de la sociedad capitalina. Allí, se realizaron las temporadas dominicales hasta que la urbanización los devoró.
Precisamente, el Hipódromo La Magdalena cerró sus puertas en 1934. Ese año, se dio inicio al proceso de parcelación y loteo de los predios donde funcionaron la Quinta y el Hipódromo de La Magdalena, entre finales del siglo XIX e inicios de los años 30.
La encargada de lotear y gestionar los terrenos fue la sociedad urbanizaciones La Magdalena, Espinosa Ponce de León y Compañía. De ese modo, empezó la inevitable urbanización.
La Hacienda había sido reconocida por la arquitectura de estilo inglés con zonas residenciales tradicionales en Teusaquillo: Santa Teresita y Palermo. Allí, tras el cierre del hipódromo y las carreras, empezaron los primeros proyectos urbanísticos modernos destinados a la clases media y alta de la época. Fueron diseñados por el arquitecto austríaco Karl Brunner.
Las primeras viviendas construidas en el actual barrio La Magdalena de Bogotá se edificaron entre 1934 y 1951. Estuvieron a cargo de José María Piedrahita. Los diseños fueron de los arquitectos chilenos Arnoldo Michaelsen, Julio Casa Novas y Raúl Maheim y la firma Cuéllar. El predominante estilo inglés, que pretendía darle a Bogotá aires londinenses, atrajo a personajes ilustres: el expresidente Laureano Gómez y el general Gustavo Rojas Pinilla.

Así llegó a su fin el primer hipódromo capitalino. Mientras La Magdalena desaparecía, otro escenario hípico nacía: el Hipódromo de la 53, donde actualmente está ubicado el Centro Comercial Galerías.
El segundo centro hípico de los bogotanos
Unos años antes de la desaparición del Hipódromo de la Magdalena, los mismos experimentados empresarios que fortalecieron y sacaron adelante ese proyecto, Ricardo Cubides, José María Gómez Campuzano y Gustavo Uribe Ramírez iniciaron, en 1928, la construcción del Hipódromo de la 53, también llamado Hipódromo de Bogotá o de Palermo.
El nuevo lugar fue diseñado por el arquitecto Italiano Vicente Nasi. La construcción duró dos años. Las apuestas volvieron en 1930. Ya no era la Bogotá de los carruajes y las victorias hípicas: el automóvil comenzaba a ganar las calles, los hombres llegaban de traje y sombrero, las mujeres lucían sus mejores vestidos y, alrededor de las carreras, la apuesta y el espectáculo convertían el hipódromo en uno de los nuevos lugares de encuentro de una ciudad que empezaba a mirar hacia la modernidad.
Funcionó en los terrenos donde actualmente está ubicado el Centro Comercial Galerías, con capacidad para albergar 12.000 personas.
Los caballos corrieron y los apostadores se la jugaron, allí, hasta 1952. El nuevo centro hípico se convirtió en punto de encuentro de las familias más ricas de la ciudad y los aficionados a las carreras de caballo. El primer gerente fue el médico Jenaro Rico, quien estuvo acompañado por el subgerente y director de carreras, Guillermo Aya Villaveces.
Además, el Hipódromo estuvo impulsado por un selecto grupo de la época: Carlos Sanz de Santamaría, Honorato Espinosa, Gustavo Uribe, José María Gómez y Ricardo Cubides. Posteriormente, otras figuras notables de la hípica colombiana se vincularon: Enrique Ancízar Sordo y Luis Restrepo Uribe.
El preparador de la época dorada fue Jaime Mayorga, una verdadera leyenda de la hípica en Colombia, considerado uno de los mejores jinetes de la época, quien más tarde se dedicó al entrenamiento de purasangres en el auge de ejemplares importados de Francia, Chile y Argentina.

Los caballos más destacados de esos días de ensueño, en las pistas del Hipódromo de Palermo, fueron Macedo, Talero, Pibe y Rioduquera, considerados por la afición como ejemplares inigualables.
El Hipódromo de Bogotá o Palermo, al igual que había sucedido con su predecesor de La Magdalena, cerró sus puertas definitivamente en 1952. De ese modo, dio paso a otros desarrollos urbanos: la antigua y famosa Tienda Sears, que perteneció a la multinacional estadounidense Sears, Roebuck & Co, fundada por Richard Warren y Alvah Curtis, en la década de los 50.
Los terrenos del sector de Galerías, que originalmente pertenecieron a la familia del hacendado Nemesio Camacho, pasaron de escenario hípico a objetivo de los urbanizadores. Fueron ellos quienes demolieron el escenario deportivo para construir la primera tienda de grandes superficies de Colombia, en 1954.
De ese modo, la hípica dio paso al comercio: donde antes había tribunas, pesebreras y caballos de carrera, Sears levantó un enorme almacén que convirtió las escaleras eléctricas, el autoservicio y las compras a crédito en símbolos de una nueva Bogotá, que nunca más volvió a ser testigo de las carreras de caballos.
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