La vida de Jairo Camargo es la de un hombre consagrado a la actuación, pero también la de un superviviente que ha mirado de cerca el abismo. El actor santandereano ha transitado recientemente por un camino de vulnerabilidad física y emocional, un trayecto que hoy lo devuelve a las tablas en la aclamada obra "El Padre" en el Teatro Nacional, tras haber conquistado pantallas globales en la primera parte de la serie “Cien años de soledad”.
De Barrancabermeja a las tablas de Bogotá
Nacido en Barrancabermeja, Camargo descubrió su vocación desde joven. Aunque se mudó formalmente a Bogotá en 1974 para estudiar idiomas, su verdadero plan era otro. Según confesó en una entrevista para el programa Bravíssimo de Citytv, "debajo subyacía la vaina de seguir la carrera que había empezado en Barranca, que era la actuación".
Pese a una decepción inicial con el teatro en su tierra natal, en la capital conoció la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD). Allí, estudió con maestros como Santiago García antes de ser seleccionado en una convocatoria del prestigioso Teatro Popular de Bogotá (TPB), iniciando una muy buena trayectoria profesional.
Durante esa época, Bogotá lo cautivó con su clima frío y sus salas de cine. En Bravíssimo, Camargo relató que en su juventud se "envenenó con los cines", maravillándose con las cortinas y el telón que se subía para revelar la pantalla.
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De Macondo al reconocimiento global: Apolinar Moscote
Su amor por la actuación lo llevó a consolidar una prolífica carrera en televisión. Su éxito internacional más reciente es su papel en la superproducción de Netflix "Cien años de soledad", primera parte, donde interpreta magistralmente al corregidor Apolinar Moscote.
Su personaje encarna la irrupción del poder central en el mítico Macondo de los Buendía: aterriza como corregidor y convierte una comunidad regida por sus propias reglas en escenario de la disputa entre liberales y conservadores. Su llegada también se cruza con Aureliano Buendía, el fraude electoral y el conflicto que terminará empujándolo hacia la guerra civil en la más lúcida metáfora que haya logrado la literatura sobre la realidad colombiana.
En la ficción, Camargo comparte pantalla con Jacqueline Arenal, quien da vida a su esposa Leonor Moscote, y con Cristal Aparicio, en el rol de su hija Remedios Moscote. Los análisis y reseñas del estreno destacan su impecable encarnación de la burocracia estatal en momentos clave del relato literario.
El infierno de la enfermedad y el derecho a morir dignamente
A lo largo de su vida, Camargo ha enfrentado duros problemas de salud, incluyendo un infarto de miocardio en el pasado y un contagio de COVID-19. Sin embargo, la peor crisis ocurrió en septiembre de 2025, cuando fue hospitalizado de urgencia debido a una pancreatitis severa aguda.
El dolor abdominal fue inmediato y devastador. Jairo relató en Bravíssimo que fue el dolor más espantoso de su vida, comparable a sentir "las garras de un monstruo". La gravedad de la enfermedad lo llevó directamente a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), un lugar que definió con crudeza: "Estar allí es estar en el infierno".
Ante un pronóstico médico desalentador y una grandísima vulnerabilidad, el actor aceptó su situación y adoptó una actitud de entrega. Sin embargo, el sufrimiento físico lo obligó a contemplar el final. De acuerdo con un informe de La Red de Caracol Televisión, Camargo conversó con su familia sobre la posibilidad de buscar medios para morir dignamente, dejando sus asuntos ordenados con su esposa, la actriz Patricia Tamayo, para evitar dejar "entuertos por resolver".
Aunque logró sobrevivir gracias a los intensos tratamientos médicos, el daño en su páncreas fue del 60% y sufrió una alarmante pérdida de peso. En su momento, compartiendo su relato en tercera persona para La Red, confesó con crudeza que tras la crisis "no hay mucha alegría de vivir, porque no hay mucho optimismo, pero está bien de salud".
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El las tablas con "El Padre"
Hoy su recuperación sigue adelante, mostrando en sus apariciones públicas un recuperado "aliento de vida". La resiliencia de Jairo Camargo ha encontrado su recompensa en los escenarios. En julio de 2026, tras un rotundo éxito de más de 18.000 espectadores en su primera entrega, la obra "El Padre" regresó por petición del público al Teatro Nacional Calle 71, bajo la dirección de Klynch López.
La obra del dramaturgo francés Florian Zeller - uno de los dramaturgos franceses contemporáneos más reconocidos con sus 12 obras teatrales, entre las que se destacan El padre, La madre y El hijo- explora de manera sensible la pérdida de la memoria. Camargo interpreta magistralmente a André, un ingeniero retirado que lucha con desesperación por mantener su independencia mientras la demencia senil disuelve su identidad.
El drama de André refleja la misma vulnerabilidad que Camargo enfrentó en sus peores momentos de salud. La obra sumerge al espectador en un laberinto onírico, resumido en la desgarradora frase insignia de su personaje: “Siento que soy un árbol que pierde sus hojas”.
Con esta interpretación, Jairo Camargo demuestra la vigencia inquebrantable de su talento, transformando sus dolores en arte puro.
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