A escasos días de concluir su gobierno, Gustavo Petro emprendió su último viaje oficial. Decidió viajar a La Habana, “un lugar que considero vital para la soberanía nacional y la lucha por la vida en el Caribe: la Cuba agredida”, señaló.
“Vine para convocar a la humanidad a la solidaridad con Cuba, para que aquí no exista una invasión, ni un lanzamiento de misiles, (..) Vine a proponer que se establezca un diálogo entre civilizaciones”.
La realización de este viaje y los pronunciamientos del mandatario saliente tienen un valor simbólico muy importante en lo que respecta al sentido de lo que fue su política internacional frente a la región y el mundo entero. Una política que le trajo el respaldo de gobiernos y pueblos, en varias oportunidades.
El viaje sobrevino después de que el nuevo presidente anunciara su decisión de romper relaciones con Cuba y Nicaragua y de cerrar 14 embajadas y 15 consulados en el mundo entero. En el caso de las embajadas, se trata de “romper todo vínculo con las dictaduras”.
En cuanto a las representaciones consulares, se aduce que estas son costosas e inoperantes. Sin embargo, hay datos ciertos que muestran que esa decisión representaría un ahorro mínimo para el país, frente a los beneficios que prestan.
El asunto de fondo de la decisión frente a Cuba es el alineamiento incondicional de Abelardo con el gobierno de Trump, quien insiste en que “la isla comunista” representa una amenaza extraordinaria para la seguridad de EEUU. El reciente documento del Departamento de Estado, Cuba, capital del comunismo en el siglo XXI, pone a la Isla como único responsable histórico de todas las desgracias del país del Norte.
Es bueno tener en cuenta que la política y las relaciones internacionales, pero en especial las decisiones diplomáticas de un país, no se circunscriben a la visión política e ideológica de los mandatarios de turno. Al menos eso es lo que muestra la experiencia de Colombia y de otras naciones.
Colombia y Cuba tienen vínculos históricos fuertes, que se remontan al período colonial y a la guerra de independencia de Hispanoamérica. Pero centrémonos en la época más actual. En 1982 el gobierno de Turbay Ayala cerró la Embajada de Cuba en Bogotá, en medio de acusaciones sobre el apoyo del gobierno de Fidel a la guerrilla colombiana.
Pero después de la Guerra Fría, cuando La Habana cesó todo apoyo a la lucha guerrillera y cuando Fidel defendió la lucha pacífica para transformar las condiciones sociales y económicas de nuestros países, esta relación diplomática se volvió crucial para las negociaciones de paz con Colombia.
Así lo entendieron los gobiernos desde entonces, independientemente de su orientación política. Belisario Betancur, César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana hicieron gestiones con La Habana al respecto, en distintos momentos del conflicto armado colombiano.
Posteriormente, pese a las posiciones políticas diametralmente opuestas entre los dos gobiernos. Uribe Vélez aceptó que La Habana fuera sede de unos primeros acercamientos de su gobierno con el ELN.
Años después, Juan Manuel Santos negoció y firmó con las antiguas FARC el Acuerdo de Paz en La Habana. Igualmente, retomó unas negociaciones con el ELN, que tuvieron a la capital cubana como una de sus sedes. Gustavo Petro también adelantó en Cuba buena parte de las rondas que se dieron en su negociación de paz fallidas con el ELN.
Solamente su antecesor, Iván Duque, se negó a continuar con el proceso de paz y se empeñó en cambio en abogar por la inclusión de Cuba en la lista de Washington de países que apoyan el terrorismo.
Aparte de este asunto tan importante, ligado a las relaciones políticas y diplomáticas entre países más allá de sus diferencias, hay otro que es fundamental, por cuanto afecta las condiciones de vida de los habitantes de las regiones fronterizas.
La prolongada ruptura de las relaciones diplomáticas y políticas con Venezuela por parte del gobierno de Iván Duque trajo gravísimos problemas para los dos países, desde el punto de vista del orden público y la seguridad, pero también de la economía fronteriza. Las condiciones de vida de las poblaciones se vieron muy afectadas Petro hizo grandes esfuerzos económicos y políticos para tratar de reparar los daños causados por la política de su antecesor.
Pero hay otra consideración que deberían llevar a Abelardo y a su equipo a reflexionar sobre el tema. José Antonio Kast, presidente de ultraderecha de Chile, mantiene una “relación pragmática” con China, su principal socio comercial, y es al mismo tiempo uno de los escuderos del proyecto de seguridad de Trump.
En el mismo sentido, Trump, en medio de sus locuras, no ha roto relaciones con la potencia oriental, a pesar de considerarlo su principal adversario.
Pero el presidente entrante de Colombia anunció bien pronto su ingreso al Escudo de las Américas, un acuerdo de seguridad que reúne al creciente grupo de gobiernos amigos de Trump de la región. Su intención es afianzar esas relaciones bilaterales con Washington, por encima de cualquier otra consideración. Así, rompe con la tendencia hacia el establecimiento de relaciones multilaterales predominante hoy en el mundo entero.
En reciente entrevista durante un viaje a Washington, realizado por una delegación del gobierno entrante, Omar Bula, el nuevo canciller, habló de que ejercerán una diplomacia de carácter técnico y pragmático, basada en una fuerte alianza con EEUU. Se refirió a que harán “una reingeniería de las relaciones que tiene Colombia en el mundo”, para “reposicionar al país como principal aliado de Washington”.
En la misma entrevista, habló de la necesidad de “desacralizar la ONU; que, a su juicio, perdió neutralidad durante los últimos años”. Por supuesto, se trata de alguien reconocido por sus posturas antiglobalistas, desconocedor también del cambio climático.
Se trata entonces de un giro radical de las relaciones internacionales, defendidas por el gobierno de Petro. De La Espriella aclaró también que Colombia restaurará y fortalecerá su relación con Israel, “un amigo leal y un aliado firme”. Además, anunció que la sede de la embajada colombiana se trasladaría a Jerusalén. Pero esto será tema de otra columna.
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