El anuncio de 60 millones de dólares del BID nos lleva a pensar sobre los empalmes anteriores a costo 0 y los "milagros inesperados"

Black-and-white portrait of a man in profile facing right, with a beard, wearing a blazer, image showing layered vertical panels. - El "milagroso" empalme de Abelardo

Que el diablo reparte sus bendiciones con la misma mano con la que cobra los favores es una verdad tan vieja como el mundo, pero que un banco —institución creada no para salvar almas sino para exprimir bolsillos— se disfrace de Papá Noel en pleno trópico, es un prodigio que habría hecho sonreír al mismísimo Ambrose Bierce.

El recién electo presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado, con la soltura de quien se gana un chance institucional, que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) le regalará la bicoca de 60 millones de dólares para que se los gaste en el "empalme" con el gobierno saliente de Petro. La suma es tan colosal —unos 205.000 millones de pesos colombianos— que en las redes ya circula un meme tan certero como un dardo: “Milagros Inesperados: un banco que regala plata”.

Y es que, para el colombiano de a pie, que un banco regale dinero es un fenómeno tan probable como encontrar un político honesto en un banquete de contratistas. Históricamente, en esta esquina del continente, el empalme presidencial ha tenido un costo exacto de cero pesos.

Ha sido, por tradición legal, un ejercicio de funcionarios ad honórem, técnicos que no tienen aún el cariz de contratistas. Pasar de la gratuidad republicana a una piñata de 60 millones de dólares no es una transición, es un asalto a la lógica administrativa.

Si actualizáramos el Diccionario del Diablo para la Colombia del siglo XXI, tendríamos que redefinir el asunto:

EMPALME, s. Mecanismo burocrático y circense mediante el cual un gobernante que entra y otro que sale simulan intercambiar la verdad sobre el estado de la Nación. Proceso mágico que transforma el voluntariado técnico en una opulenta consultoría internacional, permitiendo que el nuevo régimen contrate a sus propios cortesanos antes de ponerse la banda presidencial.

Los defensores del nuevo mandatario corren a explicar —con el aburrido lenguaje de la tecnocracia internacional— que se trata de "cooperación técnica no reembolsable". Nos quieren hacer creer que el dinero es para auditar las ruinas del sector energético y blindar la transición. Pero la historia, que tiene una memoria implacable, nos obliga a mirar al otro lado del Atlántico.

El antecedente de un “Gran Empalme”

Imposible no recordar la acepción ibérica de este vocablo. Allá, en la Madre Patria –“¡ostras!”-, el término quedó sellado a fuego con el escándalo de Iñaki Urdangarin, el yerno del rey Juan Carlos, quien en sus correos íntimos y delictivos firmaba con el procaz alias de "El Duque Empalmado" (lo que traduce en España “el duque con una erección”). En nuestra vieja Iberia, aquel "empalme" nobiliario sirvió para desviar un cojonal de plata pública hacia fundaciones sin ánimo de lucro que tenían todo el ánimo de lucro del mundo.

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Aquí el temor legítimo es que los millones del BID sirvan para financiar el "Libro Blanco" de la nueva administración, una biblia del desastre fiscal diseñada a la medida de los bufetes de abogados amigos, para luego justificar un Estado de Emergencia que salte por encima del Congreso. Pregunto: ¿Qué consultoría vale en Colombia 205 mil millones de pesos? Si quieren buscamos otras empresas que hagan todo eso por solo cinco mil.

Dicen “Firmes por la Patria”, pero solo hay esperanzas flácidas de honradez

El nuevo Gobierno que alardea de ser incorruptible, aún no se ha posesionado, no tiene ordenadores del gasto oficiales ni gabinete legalmente constituido, pero ya tiene una chequera internacional que supera el presupuesto entero de varias campañas presidenciales juntas.

Si el empalme de De la Espriella se va a parecer al sentido técnico del BID o al sentido pícaro del Duque español, está por verse. Por ahora, nos queda el escepticismo de Bierce y el consuelo del meme: en Colombia, cuando un banco regala plata, es porque el milagro ya viene con la factura endosada al diablo.

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Por Andrés Óliver Ucrós y Licht

Autor y editor de libros de psicología e historia. Profesor universitario. Judío fundador de Sefiroth Ain Sof, empresa de investigaciones genealógicas