El trágico destino de Patrice Lumumba en el Congo y el olvido de Benkos Biohó en Colombia desnudan la amnesia histórica de las narrativas oficiales

 - Del olvido a las pantallas del Mundial: el rescate histórico de Patrice Lumumba que estalló en las redes
Texto escrito por: Felipe Andrés Montoya

Resulta paradójico que haya sido a raíz de un comentario desafortunado (¿o afortunado?) de una figura del espectáculo colombiano en un partido de fútbol del Mundial que el público se enterara de alguien como Patrice Lumumba.

Este personaje encarna los más altos ideales de libertad, autodeterminación y dignidad del continente africano y de inspiración al hemisferio sur. Sin embargo, la hegemonía cultural de Occidente ha moldeado y ha filtrado a quiénes merecen ser admirados y quiénes deben ser condenados al olvido, de acuerdo con sus propias narrativas. Por ejemplo, Winston Churchill, inmortalizado en los textos de historia y en la cinematografía como un héroe y gran estadista, omitiendo flagrantemente los atroces crímenes perpetrados bajo su tiránico mandato en la India, donde millones perecieron a causa de las represalias del gobierno británico frente al movimiento independentista.

Los invisibilizados de la historia: de África a Colombia

Lumumba se encuentra en la orilla de los invisibilizados, símbolo indiscutible de la dignidad del pueblo congoleño. No obstante, por el hecho de ser africano, pareciera no existir mérito suficiente para que el mundo conozca su legado. Sin cruzar el océano, en Colombia enfrentamos un panorama idéntico con la figura de Benkos Biohó, líder afrodescendiente y fundador del primer palenque libre, a quien millones de compatriotas simplemente ignoran. Se trata de una amnesia casi premeditada: al desconocer nuestra propia historia, las problemáticas actuales del país no logran ser dimensionadas desde sus raíces. La historia tiende a repetirse cíclicamente con distintos protagonistas porque las narrativas oficiales prefieren el silencio. Lumumba padece el mismo destino: próceres borrados por los relatos institucionales, a pesar de representar la equidad y la emancipación de comunidades enteras.

Para comprender este fenómeno, es imperativo examinar el contexto del Congo. Hacia 1960, mientras diversas naciones africanas proclamaban su independencia del yugo colonial europeo, el Congo permanecía sometido al dominio de Bélgica. Pero los horrores venían de mucho atrás. La brutalidad de la opresión belga desafía cualquier intento de comprensión racional. Bajo el reinado de Leopoldo II se ejecutó uno de los mayores genocidios de la humanidad, cobrando la vida de más de 10 millones de congoleños. Para nombrar, por ejemplo, una atrocidad entre muchas, la mutilación de manos de niños, mujeres y hombres y su recolección por parte de las autoridades coloniales se instauró como una táctica sistemática para contabilizar las ejecuciones extrajudiciales y controlar el gasto de municiones. Leopoldo II está en el panteón de los mayores genocidas de la historia, junto a Adolf Hitler, Pol Pot y muy pronto Benjamín Netanyahu.

El ascenso de Lumumba y la valentía de la verdad

Frente a esta crueldad silenciada y escasamente documentada por la historia tradicional, se alzó Patrice Lumumba, asumiendo la voz de su pueblo ante los atropellos del régimen. De espíritu autodidacta y mente brillante, soñó con un Congo soberano y cohesionado.

Las potencias europeas, conscientes de su creciente influencia, agotaron todas las vías para impedir su ascenso al poder a través de las urnas. Contra todo pronóstico, Lumumba fue elegido primer ministro respaldado por un masivo clamor popular. Su visión consistía en nacionalizar las inmensas riquezas naturales del país para garantizar que los dividendos beneficiaran directamente a los congoleños. Cabe destacar que este territorio poseía recursos estratégicos para la economía global, destacándose el uranio, elemento indispensable para el desarrollo armamentístico nuclear de la época.

El 30 de junio de 1960, día de la independencia del Congo, Lumumba, que no estaba programado para hablar, tomó el micrófono y pronunció un discurso en el cual denunció la esclavitud, las humillaciones, los castigos físicos y el saqueo que sufrieron los congoleños bajo el dominio belga ante el rey Balduino y otros funcionarios del régimen belga. Esa valentía de expresar la verdad hizo que ganara los corazones de los congoleños.

Una conspiración internacional y el legado en los márgenes

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Por esto, y sus nobles aspiraciones de libertad, justicia y respeto, el servicio secreto belga, la CIA y el MI6 británico sentenciaron a muerte a Lumumba. A través de una conspiración que involucró la traición de facciones internas y la instalación de un gobierno títere, el líder fue capturado, sometido a torturas y ejecutado. Como golpe final, su cuerpo fue disuelto en ácido por orden de los mismos Estados que hoy se erigen como jueces globales en materia de derechos humanos. El resultado de esta intervención es devastador: la nación con las mayores riquezas naturales del planeta fue condenada a ser una de las más empobrecidas del mundo.

En definitiva, la gesta de Lumumba refleja la batalla histórica de las poblaciones oprimidas a nivel mundial. Exigir su visibilidad desnuda la doble moral de las naciones autodenominadas “libres y democráticas”, así como la existencia de un sistema internacional profundamente sesgado a favor del relato dominante. Por eso no hay series ni películas multimillonarias acerca de Lumumba en el universo de Hollywood. Esto demuestra que el rescate de estos próceres no siempre es otorgado por el aparato oficial, sino por la memoria viva de la gente. Fue el pueblo congoleño que lo llevó al Mundial y lo hizo visible para que todo el mundo lo conociera y se globalizara su ideal. Es una advertencia ineludible para Colombia, una nación donde la verdad, al igual que la gesta de Benkos Biohó, sigue resistiendo desde los márgenes.

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