Los ojos de Luis Abel Delgado, obligados durante décadas a seguir el hilo con precisión, reflejan que sus pensamientos se pierden libres en diferentes direcciones. Es un hombre tímido, más hábil con los dedos que con las palabras, que decidió modificar a su antojo sus historias de vida, como si las cosiera con su vieja máquina Singer.
Se sabe que conoció a su primer cliente importante cuando tenía apenas 22 años, casi 15 después de haber empezado a involucrarse en el lento, preciso y microscópico oficio de la sastrería.

Por esos días, Alberto Fujimori necesitaba una banda presidencial para lucir en su posesión ante el Congreso de la República de Perú. El nariñense, según cuenta, se sorprendió al ser el sastre encargado.
En otras ocasiones, Delgado ha dicho que su primer cliente en realidad fue Augusto Pinochet. El dictador chileno no tuvo posesión porque no llegó al poder por medios democráticos, pero sí tuvo una banda presidencial. El sastre dijo hace dieciocho años que este fue su primer encargo internacional tras haberse ganado el Mundial de Bellas Artes en Ecuador en 1987.
De ser cierto, el encargo de la banda presidencial habría ocurrido 3 años antes de que se acabaran los 17 de la dictadura del militar chileno. Más de tres décadas depués de los días que recuerda vaga y contradictoriamente, el sastre continúa hipnotizado ante la luz reflejada contra una aguja que va y viene entre finas telas que, en esta ocasión, engalanan la banda presidencial con la que se va a posesionar Abelardo de la Espriella.
La banda, que será usada el próximo 7 de agosto, estuvo lista antes de que salieran a la luz los resultados electorales que lo validaron como ganador. El sastre dice que un amigo cercano del abogado se la pidió desde Semana Santa. También hizo una que le encargaron para Iván Cepeda por si ganaba.
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Aparte de las bandas presidenciales, en la hoja de vida de Luis Abel Delgado destaca el cargo de sastre del Papa Benedicto XVI. Con su característica timidez, contó que al Papa le gustó tanto la bandera de Colombia llevada por él hasta el Vaticano que decidió contratarlo.
En julio de 2008, el sastre debía abandonar el Batallón de Servicios No. 3 Policarpa Salavarrieta de la Tercera Brigada del Ejército, donde estaba encargado de todos los remiendos que necesitaban los soldados, para radicarse en el Vaticano.

Luis Abel Delgado, finalmente, no se mudó al Vaticano, pero se montó en el papel de sastre del Papa. Mandó a imprimir tarjetas personales en las que se presentaba como “Sastre oficial del Papa Benedicto XVI”. Poco a poco, el nariñense se iba convirtiendo en una celebridad que ocupaba los titulares de toda la prensa.
Las historias del sastre descrestaron a los más ingenuos y sembraron dudas en los más cautos. Cuando le preguntaban por su relación con el Papa Benedicto, con su tono pausado, casi retraído, respondía que durante cinco años y ocho meses compartió con el sumo pontífice desayunos en los que le preparó empanadas y “sancochitos”. Seguramente a esos lugares se trasladaba la mente de Delgado mientras pasaba la noche en vela cosiendo camuflados de soldados con su máquina de coser en Cali.
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Finalmente, sus fanáticas historias fueron desmentidas por el Vatican Insider. El medio de comunicación católico consultó a Guido Marini, jefe de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Vaticano y responsable de los ornamentos papales, los cuales el sastre dijo que había cosido. Marini negó haber recibido jamás un diseño de un sastre colombiano. El otro que lo desmintió fue el secretario privado del Papa emérito y prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein, quien aseguró que el señor Delgado nunca ha sido el sastre de Benedicto XVI y no lo recibió ni ayer ni otro día. ¡Todo inventado!
El nariñense vanamente intentó defenderse aclarando que él nunca había dicho que fuera el sastre, sino que era un simple bordador. Mientras se sentía descubierto, escondía con recelo las pocas tarjetas de presentación que lo acreditaban como sastre del Papa.
Contrario a lo que le pasó en el Vaticano, en su país ganó gran reconocimiento por bordar con gran especialidad las bandas presidenciales que algunos de los presidentes colombianos de los últimos treinta años han portado en las ceremonias de posesión. Entre estos se cuenta a Ernesto Samper, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos e Iván Duque. Su más reciente trabajo fue la banda que dice que le encargaron para Abelardo de la Espriella y para Iván Cepeda.
Aunque está comprobado que le ha cosido con gran esmero las bandas de varios presidentes, por más de que lo que les cobra sea un secreto de Estado, como dice él, resulta inverosímil poder vivir de hacer bandas presidenciales cada cuatro años. Por esta razón, Luis Abel Delgado no tiene otra opción que imaginarse en el Vaticano cosiéndole a León XIV, el último Papa –que según dice le solicitó algo muy especial–, mientras transcurren con abrumadora cotidianidad sus silenciosos días al frente de su máquina Singer.
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