A pocos días de la segunda vuelta presidencial, las declaraciones sobre los símbolos patrios encienden el debate sobre el control y la libertad del votante

 - La mala jugada de Cepeda al querer controlar hasta el uso de la camiseta de la Selección Colombia
Texto escrito por: Catalina Rivera

Las recientes declaraciones de un candidato a la Presidencia sobre el uso de la camiseta de la Selección Colombia durante la jornada electoral dejan una inquietud que va mucho más allá de una simple prenda de vestir. ¿Desde cuándo la camiseta de la Selección Colombia tiene dueño? ¿Desde cuándo un símbolo que representa a millones de colombianos pasó a ser patrimonio exclusivo de una corriente política o motivo de censura electoral?

La verdadera discusión no gira alrededor de una camiseta. El debate de fondo es si algunos dirigentes políticos consideran que tienen la autoridad moral para decidir qué símbolos pueden usar los ciudadanos, cómo deben expresarse y cuáles manifestaciones de identidad nacional resultan aceptables. Cuando un político pretende señalar qué puede o no puede vestir un ciudadano en ejercicio de sus derechos democráticos, la conversación deja de ser sobre una prenda y comienza a ser sobre la libertad.

Las declaraciones del candidato evidencian ese preocupante talante que lleva a algunos dirigentes a creer que tienen la autoridad para señalar cómo deben comportarse los ciudadanos, qué símbolos pueden utilizar e incluso cómo deben ejercer su libertad. Hoy el problema parece ser una camiseta de la Selección Colombia, mañana podría ser cualquier otra expresión ciudadana que incomode a quienes se consideran con derecho a decidir qué es aceptable y qué no. Así empiezan siempre los proyectos políticos que terminan subordinando la libertad de los ciudadanos a la voluntad de quienes ostentan el poder.

Las libertades rara vez desaparecen de un solo golpe. Normalmente comienzan a erosionarse con pequeñas restricciones, señalamientos y descalificaciones que muchos consideran insignificantes hasta que ya es demasiado tarde. La historia demuestra que los ciudadanos no pierden sus libertades de un día para otro, las van cediendo poco a poco, mientras algunos dirigentes amplían cada vez más los límites de su influencia sobre la vida cotidiana.

La democracia no consiste en orientar a los ciudadanos sobre cómo deben vestirse, qué símbolos pueden exhibir o cuáles deben evitar. La democracia consiste en respetar su capacidad para decidir libremente. Los votantes no necesitamos tutores políticos que nos indiquen cómo ejercer nuestros derechos.

Este episodio debería llevarnos a reflexionar seriamente sobre el tipo de liderazgo que queremos para Colombia y no tomarlo como una simple declaración. Afortunadamente, aún estamos a tiempo en esta segunda vuelta para tomar una decisión consciente y responsable. Debemos preguntarnos si queremos un liderazgo que confíe en la libertad de los ciudadanos, respete sus decisiones y entienda que la democracia se fortalece con más libertad, o uno que considere necesario señalar, cuestionar y regular incluso las expresiones más cotidianas de la vida pública.

La elección que tenemos por delante no es solamente entre candidatos; es también una elección entre dos visiones de país: una basada en la confianza en los ciudadanos y otra que parece creer que estos necesitan orientación permanente sobre cómo actuar, qué pensar y hasta qué símbolos pueden utilizar.

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Es el momento de decidir bien. La historia reciente de América Latina demuestra que las libertades no siempre se pierden de un día para otro; muchas veces comienzan a erosionarse con discursos populistas que prometen representar al pueblo mientras concentran cada vez más poder y descalifican a quienes piensan diferente.

Que no nos pase lo que ocurrió en Venezuela. Lo que empezó con promesas de cambio y discursos que despertaron esperanza terminó llevando al país a una profunda crisis institucional, económica y social. Durante años, millones de ciudadanos han visto cómo se deterioraban las oportunidades, las instituciones y las libertades que alguna vez dieron por sentadas.

Estas declaraciones deberían encender las alarmas sobre la manera como vamos a votar el próximo 21 de junio. No se trata únicamente de elegir un candidato, se trata de decidir qué visión de país queremos respaldar. Es el momento de preguntarnos si queremos una Colombia de ciudadanos libres o una Colombia donde los políticos pretendan decirnos cómo vestirnos, qué pensar, qué decir y cómo actuar, y hasta cuántas cosas podemos comprar en un supermercado.

Por eso, salgamos a las urnas con la firme convicción de que nuestro voto representa una defensa de la democracia, de las instituciones y del derecho de cada ciudadano a vivir, expresarse y decidir libremente, sin imposiciones de ningún tipo. Porque la libertad se ejerce todos los días, pero cuando está en riesgo, se defiende en las urnas.

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Por Nota Ciudadana

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