Este domingo 31 de mayo muy temprano saldré a votar por Paloma Valencia. Votaré por ella no necesariamente porque sea mujer, sino porque en la memoria tengo grabado lo que la inolvidable primer ministra de la Gran Bretaña Margaret Thatcher en su día observó: “Administrar un hogar - presupuesto, escasez, prioridades, disciplina de gasto - da una intuición práctica para administrar las finanzas públicas, ya sea que dirijas una casa, un negocio o el Gobierno, tienes que presupuestar para vivir dentro de tus medios.” Las mujeres (como Margaret Thatcher y no albergo la menor duda, Paloma) tienen un agudo sentido que gastar por encima de lo que se ingresa es la receta a la ruina.
Paloma es también un ser extraordinario. En su artículo del miércoles pasado Poncho Rentería con precisión la retrata: “Ella será la ganadora porque una mujer gobernando calma a los iracundos, al ser muy preparada para ese difícil cargo. Es abogada de Uniandes, con varios posgrados en Europa, habla varios idiomas y fue por 12 años una excelente senadora. Paloma es una señora de 47 años, bien hablada, de buenos modales, con agradable sonrisa, trabajadora, que cumplirá los horarios, por ser disciplinada, cero rumbas y cero whisky.” Senadora durante tres periodos, abogada, filósofa, especialista en economía y con maestría en escritura creativa, lejos de ser una aparecida, Paloma Valencia llegaría a la Casa de Nariño con más de una década de experiencia en el Congreso, de debate público, de oposición frontal y de una identidad ideológica que nadie puede acusar de ambigua.
Paloma y su candidato a vicepresidente, Juan Daniel Oviedo, entienden perfectamente cómo funciona el país y saben cómo tramitar las reformas necesarias para que Colombia vuelva a retomar la senda del crecimiento que es la única, repito la única forma de acabar con la pobreza. También tienen claro que sin seguridad no habrá inversión; sin inversión no habrá empleo; y sin empleo lo que va a haber es hambre sin oportunidades. Paloma además, como recientemente afirmó Cayetana Álvarez de Toledo, no sólo es “Valiente, solvente, y decente”, sino que “no tiene deudas ni servidumbres con la corrupción”.
*****
En el anverso de la moneda, jamás votaría por Iván Cepeda: no albergo la menor duda que el candidato marxista sería el ‘sepulturero’ de la democracia en Colombia.
Nunca podría votar por una persona como Cepeda que a la salida de la cárcel va a abrazarse con unos asesinos responsables del reclutamiento forzoso (y en muchos casos del abuso, tortura y violación de varios de ellos) de 18.677 niños y niñas; y del secuestro 21.396 colombianos y de varios extranjeros.
Nunca podría votar por el ‘arquitecto’ de la Paz Total, engendro que les robó a los colombianos la esperanza de paz
Nunca podría votar por el ‘arquitecto’ de la Paz Total, engendro que les robó a los colombianos la esperanza de paz, dejando a gran parte del país bajo el control de los criminales mientras que el Estado hacía gala de su ausencia. Tengo la absoluta certeza que Cepeda negociaría con el narcoterrorismo sin ningún tipo de presión militar, sin verificación eficaz, sin consecuencias claras por incumplir y con infinitas mesas abiertas que solo terminarían enviando el mensaje perverso que en su día envió Petro: el que dispara gana interlocución, estatus y tiempo.
Finalmente, jamás votaría por Cepeda porque va es a profundizar la receta suicida en lo económico que es haber construido un espejismo de consumo cuya principal, por no decir única fuente de recursos es el desmedido aumento en la deuda pública. Petro ni Cepeda han entendido (y jamás entenderán) que sin inversión privada, sin seguridad jurídica, sin disciplina fiscal, y sin un importante aumento en las exportaciones y en productividad, habrá desarrollo. Por el contrario lo que han es inflado es una “burbuja” administrada desde el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, ¡globo que muy próximo va a explotarnos a todos en la cara!
Del mismo autor:Y quién va a apagar la luz?
Anuncios.


