Texto escrito por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
Próximo a cumplir sus 25 años de edad —sería el lunes 8 del cercano mes de junio—, Mateo Pérez Rueda, un joven de estirpe antioqueña y natural del escarpado municipio de Yarumal, ubicado en el pleno corazón del norte de Antioquia, se convirtió en la víctima número 22 de los periodistas de esta región, asesinado por las balas de unos seres intolerantes.
De no haber sido por su trágica muerte, este líder natural hubiera pasado el resto de su vida de incógnito para los antioqueños, los colombianos y sus demás colegas periodistas, actividad que alguna vez recibió el calificativo de ser “el mejor oficio del mundo”. Nacido para esta noble misión, en 2021 fundó la revista digital “El Confidente”, un medio alternativo para que los yarumaleños conocieran en detalle las injusticias y las tropelías que hacían los buenos y los malos de esa región. Otra de sus preocupaciones eran los temas de orden público que allá florecen como verdolaga en playa.
La madre del malogrado periodista, doña Gloria Rueda, es una mujer que se entregó por entero a la docencia hasta obtener su jubilación, y su padre, Carlos Pérez, un comerciante que por años fue figura central en aquella población por administrar con buen juicio el Café Montecarlo, ubicado en el parque de Yarumal. En las declaraciones a los medios, doña Gloria siempre señaló que su hijo le había dado “la voz a quienes no la tenían”; todo eso se fue al traste con la absurda muerte donde, además, estos bandidos tuvieron la bajeza de someterlo a la tortura. Su padre, en cambio, declaró con sensatez: “Mateo se fue en busca de la noticia, sin saber que él se convertiría en la noticia”.
Por obra y gracia de las redes sociales, nos enteramos de que Mateo estaba matriculado en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, donde adelantaba estudios de Ciencia Política. Sus más cercanos amigos y familiares hablaron de su pasión por el ciclismo y por la fotografía, prima hermana por línea directa del periodismo. Era también un activo miembro del taller literario "El sueño del pino" en Yarumal, donde tomaba los apuntes que luego le servirían para escribir sus demoledoras denuncias contra funcionarios.
Consumado el hecho criminal, una de las reacciones que más llamó la atención fue la expresada por el presidente Gustavo Petro Urrego, quien se limitó a decir: “Como hoy mismo hay un caso de un joven asesinado, bueno, la Fiscalía dirá las razones... Entró a la zona de la lucha por el oro”. Pocas horas después, el fotoperiodista Jesús Abad Colorado calificó esa declaración como una “infamia” y lideró, junto al abogado Sergio Mesa, la misión para recuperar el cuerpo.
En un intento por recuperar las astillas de ese espejo roto, se logró dibujar un panorama de los hechos: Mateo salió la tarde del martes 5 de mayo desde Yarumal rumbo a la vereda Palmichal, en zona rural de Briceño, para recoger datos sobre la situación de orden público. Fue interceptado por hombres armados y permaneció desaparecido bajo el silencio del control territorial.
Finalmente, el viernes 8 de mayo, una misión humanitaria integrada por el CICR, la Defensoría del Pueblo y Jesús Abad Colorado, recuperó el cadáver. Mateo vendía jugos naturales en el garaje de su casa para mantener su revista y hacía reportería en su moto Bóxer 100. Esa fue quizá su mayor enseñanza: hacer periodismo desde el terreno y no desde cualquier cómodo sillón en una oficina.
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