Ser mamá hoy día es igual pero diferente. Igual porque el instinto materno no cambia ni tampoco el amor maternal. Diferente porque hoy se le exige más a la mamá. Las madres de hoy han adquirido múltiples obligaciones que las de antes no tenían. También tienen el reto de criar hijos sanos en un mundo cada vez más competitivo, acelerado y caótico.
La maternidad moderna implica un enorme desafío emocional. Hoy las madres no solo deben cuidar, proteger y formar a sus hijos, sino también responder a exigencias laborales, económicas, sociales y personales que muchas veces generan agotamiento y culpa. A esto se suma la presión constante de las redes sociales, donde pareciera que existe una “mamá perfecta” capaz de hacerlo todo bien, siempre feliz, siempre paciente y siempre disponible. Esta comparación permanente puede hacer que muchas mujeres se sientan insuficientes o frustradas, olvidando que la verdadera maternidad no se basa en la perfección, sino en la presencia emocional, el amor y la coherencia.
Además, los niños de hoy están creciendo en una realidad muy distinta. Están expuestos desde muy temprana edad a pantallas, redes sociales, exceso de información y estímulos constantes que afectan su atención, tolerancia a la frustración y estabilidad emocional. Muchos niños viven acelerados, sobre estimulados y con poca capacidad para manejar el aburrimiento, la espera o la soledad. Por eso, el papel de la madre se vuelve todavía más importante. Más allá de dar comodidad o resolverlo todo, una buena madre ayuda a formar seres humanos fuertes emocionalmente, capaces de pensar, sentir, esperar y enfrentar la vida con herramientas sanas.
Se espera mucho de una madre. Su amor tiene que ser incondicional y además ella es la responsable de la salud mental de sus hijos. La presencia de una buena madre es definitiva y va a tener una influencia muy significativa en la vida de los hijos. El amor de la mamá es irreemplazable. Nadie lo quiere a uno como lo quiere la mamá. Por eso, la orfandad temprana de madre deja una sensación de pérdida que acompaña al hijo por el resto de la vida. Sin embargo, hay personas huérfanas de madre que logran salir adelante con el cariño y apoyo de otros miembros de la familia.
Estar todo el tiempo con los hijos, sin despegarse, no es la esencia de una buena madre
Estar todo el tiempo con los hijos, sin despegarse, no es la esencia de una buena madre. Una buena madre comparte tiempo con su hijo y le enseña a depender cada día menos de ella. Le da las herramientas para que eventualmente pueda caminar solo por la vida. Le da al hijo grandes dosis de amor y cree en él, pero también le pone límites. En el mundo actual esto es fundamental, porque muchos padres, por culpa o cansancio, han dejado de poner normas claras y los niños terminan creciendo sin estructura emocional. Los límites no traumatizan; por el contrario, dan seguridad, orden y contención.
Una buena madre forma un “frente unido” con el padre y le permite a éste tener un espacio exclusivo con los hijos. Una buena madre no debe ser todopoderosa, debe contar siempre con el apoyo y la compañía del padre de sus hijos. Debe entender que los hijos también necesitan un “buen papá”, que complemente la labor de ella. El exceso de mamá y la ausencia de papá también hacen daño. Un niño sobreprotegido por la madre tiende a ser débil, y a estar muy distanciado del padre y de los otros miembros de la familia.
Una buena madre comprende que existen etapas en las cuales los hijos necesitan más al padre, especialmente los hijos varones en la etapa de la identificación sexual. El mayor acto de amor de una madre es entender esto y permitir que sus hijos pasen más tiempo con su padre en estas etapas, sin sentirse desplazada.
Por último, una buena madre no debe descuidarse a sí misma pues al estar bien ella, sus hijos y su familia también lo estarán. Una madre agotada, frustrada o emocionalmente vacía difícilmente podrá sostener emocionalmente a sus hijos. Cuidarse no es egoísmo; es salud mental para toda la familia.
Ser mamá y más aún una buena mamá es una gran responsabilidad, pero también puede ser una aventura maravillosa y única. Realizarse como madre es una de las opciones más importantes de una mujer, que no puede ser reemplazada por ninguna otra cosa en la vida.
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