Sin grandes multitudes ni turismo masivo, este pueblo guarda sabores y paisajes que representan el corazón y la esencia del departamento

 - Así puede llegar al pueblito de Boyacá donde puede probar uno de los mejores corderos de Colombia

No muy lejos de la capital, en el departamento vecino, se esconde un destino que parece detenido en el tiempo. No es un viaje extenuante, pero sí uno de esos que recompensa con calma, paisaje y, sobre todo, sabor. En una de las despensas agrícolas más importantes del país, hay un pueblito de Boyacá que pasa desapercibido para muchos, pero que guarda una de esas experiencias que conectan con lo más auténtico de Colombia.

Se trata de Motavita, un municipio donde el campo no es paisaje, sino protagonista. Aquí, la tradición no se exhibe: se vive. Es un destino que no compite con grandes circuitos turísticos, pero que ofrece algo más valioso: una inmersión real en la cultura campesina boyacense. Le contamos cómo llegar y qué puede encontrarse en este rincón poco explorado del país.

La ruta para llegar a Motavita, un encantador y acogedor pueblito de Boyacá

Para ubicarse, el punto de referencia más claro es Tunja, la capital del departamento. Desde Bogotá, el trayecto puede tomar entre una hora y media y dos horas, dependiendo del tráfico y del punto de salida. Es un recorrido habitual para quienes buscan escapadas de fin de semana hacia el altiplano cundiboyacense.

Una vez en Tunja, el viaje cambia de ritmo. Son apenas 4 kilómetros —unos 15 o 20 minutos— los que separan la capital de Motavita. El paisaje empieza a abrirse, los tonos verdes se intensifican y la sensación de ciudad desaparece poco a poco.

Así puede llegar al pueblito de Boyacá donde puede probar uno de los mejores corderos de Colombia
Una postal lejana de Motavita.

Motavita no es un municipio grande, pero ahí está precisamente su encanto. Sus calles tranquilas, su ritmo pausado y su gente hacen que quien llega sienta que el tiempo corre distinto. Es uno de esos lugares donde no hay afán y donde cada conversación parece tener más espacio.

Campo, tradición y una cocina que reconecta con lo esencial

Aquí, la economía gira alrededor de la tierra. Los cultivos de papa, maíz, cebada, trigo y arveja no son solo parte del paisaje: son el sustento de muchas familias. A esto se suma la ganadería, que también juega un papel clave en la identidad gastronómica del municipio.

|Le puede interesar Así puede llegar a la quebrada de colores en Tolima, un paraíso entre montañas y frailejones

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Y es justamente en la comida donde Motavita termina de conquistar. No hay restaurantes de mantel largo ni propuestas sofisticadas, pero sí platos que hablan de historia. El cordero —ya sea sudado o al horno— es uno de los imperdibles, preparado con técnicas tradicionales que resaltan su sabor.

A esto se suman recetas como la pepitoria, el cuchuco de maíz o incluso una bandeja campesina bien servida. Todo acompañado de bebidas que hacen parte del ADN boyacense, como la chicha o el guarapo, que siguen presentes en la cotidianidad del municipio.

Pero Motavita no es solo comida. También es paisaje. Desde varios puntos del pueblo se pueden observar los prados verdes que caracterizan a Boyacá, con una vista abierta que invita a caminar, respirar y desconectarse del ruido urbano.

En el centro del municipio se encuentra el monumento a la familia campesina, un símbolo que resume lo que representa este lugar. Muy cerca está la iglesia principal, otro de esos espacios que, sin ser imponentes, conservan ese aire tradicional que define a los pueblos de la región.

No es un destino lleno de planes estructurados ni de itinerarios exigentes. Y ahí está su mayor valor. Motavita es un lugar para recorrer sin prisa, para sentarse a mirar el paisaje, para conversar con su gente y para entender por qué el campo sigue siendo el corazón de Colombia.

Un rincón sencillo, sí, pero con una riqueza que no siempre se mide en guías turísticas.

Vea también:

Anuncios.

Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.